19 de Septiembre de 2018

Mundo

Prevalece la esclavitud en pleno siglo XXI

La cifra de migrantes en todo el mundo es de cientos de millones, muchos de ellos son presas de los traficantes de personas.

Para cuidar a su familia, muchas mujeres en Nepal dejan su hogar con la promesa de un buen trabajo en países como Kuwuait.- (Milenio Digital/Financial Times)
Para cuidar a su familia, muchas mujeres en Nepal dejan su hogar con la promesa de un buen trabajo en países como Kuwuait.- (Milenio Digital/Financial Times)
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Milenio Digital/Financial Times
LONDRES, Inglaterra.- La trata de personas es uno de los grandes flagelos de nuestros tiempos. Este comercio, antiguo y barbárico, demanda una acción urgente.

La agencia de refugiados de la ONU estima que hay un récord de 59.5 millones de personas que tuvieron que huir de sus hogares debido a las guerras, los conflictos y la persecución. La cifra de migrantes en todo el mundo es de cientos de millones. Y frecuentemente, los que se quedan atrás son presas de los traficantes de personas.

La Organización Internacional del Trabajo estima que hay casi 21 millones de víctimas de trabajo forzoso en todo el mundo. Pero todavía no hay suficientes datos duros sobre la trata. Se requiere un mayor conocimiento sobre este horrendo comercio si lo queremos detener.

Muerte y endeudamiento

“Aquí vivimos como esclavos”, dice Paulo Ferreira, mientras recuerda cómo trabajó este año en el Amazonas sin recibir paga. Dormía en un frágil refugio de madera y bebía agua de un manantial lleno de estiércol de ganado. Tiene 67 años.

Ferreira (su nombre se cambió para su seguridad), no es el único. Una legión de trabajadores forzosos en Brasil despejó grandes extensiones de bosque para el pastoreo de ganado, con lo que ayudan a los ganaderos más inescrupulosos de la región a volverse más ricos.

Casi 50,000 personas que trabajan en condiciones de esclavitud fueron liberadas en el país durante los últimos 20 años, de acuerdo con Jonatas Andrade, juez del tribunal laboral del estado de Pará.

La idea de que la esclavitud todavía existe toca una fibra sensible en Brasil. El país importó 4 millones de esclavos africanos durante sus primeros 400 años de historia, del total, 40% del total que llegó al Continente Americano, en comparación con 10% de EU. Fue la última gran nación en el hemisferio que terminó con la esclavitud: la abolición llegó hasta 1888.

Brasil importó 4 millones de esclavos africanos durante sus primeros
400 años de historia

La esclavitud moderna en el Amazonas se relaciona íntimamente con la deforestación ilegal, una acción que contribuye notablemente al cambio climático.

Una ofensiva inicial empezó después de que las experiencias de Zé Pereira, un trabajador que en 1989 que llegó a un rancho en Pará donde lo encarcelaron y lo obligaron a trabajar sin recibir pago. Escapó, lo emboscaron y lo dejaron por muerto, pero de alguna manera sobrevivió y logró presentar una demanda oficial.

En alboroto posterior, el gobierno empezó a publicar una lista negra de las granjas acusadas de usar mano de obra en condiciones de esclavitud. Los que se encontraban en esa lista quedaron bloqueados automáticamente para recibir créditos del gobierno o hacer negocios con agencias estatales.

Pero Cazetta, un fiscal en Pará, se queja de que el problema de empeoró en los últimos 10 años, ya que los ganaderos y los grupos de cabildeo del sector agrícola se defendieron. El tribunal supremo de Brasil frenó la lista negra de las granjas y negocios que presuntamente usan mano de obra en condiciones de esclavitud, bajo el argumento de que la publicación de la lista viola el derecho de defensa de los que se encuentran en ella.

Este trabajo es una opción desesperada con la que están muy familiarizados Paulo Ferreira y su familia. “De lo contrario, ¿cómo vamos a vivir?”, pregunta María, la nuera del curtido trabajador. “¿Comiendo las paredes de nuestras casas?”.

Migrantes vulnerables en el Golfo

Sunita Tamang vendió sus joyas y pidió prestado a sus vecinos para poder viajar de su pueblo a cerca del Himalaya a Kuwait. Tenía la esperanza de juntar dinero para sus cinco hijos y esposo enfermo, con su trabajo como empleada doméstica con un sueldo seis veces mayor que el promedio en Nepal. Tamang nunca recibió un centavo. En su lugar, se convirtió en una de las miles de personas víctimas de la tráfico de Nepal y otras partes a países ricos del Golfo.

“Es como la esclavitud del siglo 21”, dice Manju Gurung, miembro fundador de Pourakhi, una organización que regresa a las mujeres a Nepal. “Una vez que entras a una casa patrocinadora, confiscan todos los pasaportes e identificaciones en nombre de la seguridad. Los problemas empezarán a partir de ese momento”.

Esas historias se vuelven cada vez más comunes en medio del aumento global de la migración que transforma a países como Nepal, donde las remesas ahora representan casi una tercera parte de la producción económica, en comparación con solo 2% en 2001. El censo de Nepal en 2011 registró que 7.3% de la población -cerca de 1.9 millones de personas- están ausentes de su país.

Las mujeres que trabajan como niñeras o como empleadas domésticas están entre los grupos más vulnerables, existen en una penumbra legal sin un control adecuado de sus condiciones. Ese tipo de trabajos son sujetos de abuso en todo el mundo: una cuarta parte de todos los países no cuenta con una legislación que proteja los derechos de los empleados domésticos.

La ola de migrantes del Golfo representa cerca de la mitad de los 50 millones de residentes

Después de un mes de trabajar para una familia en Kuwait, pidió su pago. Le dijeron que su jefe envió el dinero a la agencia de empleo. La agencia a su vez le informó que tenía que pagar el coso del viaje al Golfo, su reclutador en Nepal se quedó con los 550 dólares que le dio.

Seis meses después, huyó a la embajada de Nepal en Kuwait, donde permaneció durante casi dos meses antes de regresar a casa. No está segura quién pagó el boleto: “Regresé sin nada”, dice con rabia.

Miles de mujeres nepalíes que viajan a la región logran ahorrar un poco. Pero muchas, como Tamang, soportan condiciones de trabajo demasiado explotadoras. La difícil situación para las trabajadoras migrantes se agrava por un sistema de seis países del Golfo del llamado kafala, que enlaza a trabajadores extranjeros con el empleador que patrocina las visas y le prohíbe a los trabajadores cambiar de empleo.

Los gobiernos del Golfo dicen que se necesita el sistema para regular la ola de trabajadores migrantes que representa cerca de la mitad de los 50 millones de residentes de la región.

Kuwait intenta hacer una reforma, aprobar una ley para trabajadores domésticos este año para establecer una jornada laboral de 12 horas, un día libre a la semana y 30 días de vacaciones pagadas al año, aunque los mecanismos para su aplicación todavía tienen que finalizarse.

Arabia Saudita también introdujo una ley que tiene como objetivo la protección de ese tipo de trabajadores. El mes pasado la embajada de Filipinas en Dubai le dio refugio en sus instalaciones a 16 sirvientas que escaparon de sus empleadores.

Gurung de Pourakhi, el grupo de mujeres nepalíes, afirma que el estado no debe detener el flujo de migrantes que busca trabajo, sino ayudar a que las mujeres migren de forma segura, ya que las presiones financieras que las llevan a viajar al extranjero no dan señales de disminuir.

El largo y peligroso camino

Dora, de 19 años, se sienta en un sillón, su voz se quiebra por la emoción mientras cuenta cómo llegó a este refugio en Italia para víctimas de abuso. A principios de este año, en su natal Nigeria, prestó un juramento que la llevó a Europa como esclava sexual. “Cuando vine, pensé que buscarían un trabajo para mí, pero no sabía que sería en la prostitución”, dice.

Dora tenía la esperanza de escapar de la miseria de Benin, en el sur de Nigeria, donde nació. Se endeudó con 30,000 euros con lo que resultó ser una red criminal a cambio de un pasaje a Italia y empleo. El acuerdo -con el aliento de su familia- se selló con una ceremonia religiosa tradicional y traumática.

Un sacerdote juju la obligó a beber una fuerte bebida alcohólica, a desnudarse parcialmente y entregar su ropa interior, antes de advertirle que tenía que obedecer todas las órdenes que le dieran. “El hombre nos dijo que si no queríamos pagar la cantidad, la maldición nos iba a matar”, dice del chamán que presidió el ritual.

Una quinta parte de 900 mil migrantes que llegaron a Europa en 2015 lo hicieron a través de Italia

La ceremonia juju fue solo el principio de un viaje de cinco meses de más de 4,000 kilómetros por todo África hasta que Dora llegó a la costa mediterránea de Libia. Allí, se unió a las filas de más de 160,000 migrantes que hicieron el peligroso cruce en barco a Sicilia.

De los casi 900,000 migrantes que llegaron a Europa después de cruzar el Mediterráneo este año, alrededor de una quinta parte llegaron a través de Italia. De esos, casi 5,000 eran mujeres nigerianas, un aumento de cuatro veces en comparación con el año pasado. La Organización Internacional para las Migraciones declara que más de la mitad son víctimas de trata para prostitución.

Myria Vassiliadou, la coordinadora contra la trata de la Unión Europea, cree que los nigerianos en Italia se encuentran entre las víctimas “más vulnerables” de ese tipo de esclavitud moderna.

Este comercio va en aumento en varios países, ya que las redes criminales se modernizan y se adaptan a la enorme cantidad de personas vulnerables que migran. Su explotación -ya sea para trabajo forzoso, adopción o uso de órganos- ocurre en todos los continentes y utiliza más de 500 rutas, de acuerdo con las Naciones Unidas. La Organización Internacional del Trabajo estima que hay casi 21 millones de víctimas de trabajo forzoso en todo el mundo, de las cuales, 4.5 millones son objeto de explotación sexual.

Hay señales de que las autoridades italianas empiezan a controlar el problema. A finales de octubre y principios de noviembre, la policía italiana arrestó al menos a ocho nigerianos -incluyendo a una presunta madama- en dos ofensivas independientes en Milán y Bari.

En cuanto a la agencia contra la trata de personas en Nigeria, arrestó a más de 100 traficantes desde que se estableció en 2003. Sin embargo, las víctimas y los lugareños se quejan calladamente de que la agencia no va detrás de los que consideran como participantes clave en el lado nigeriano de la operación: los sacerdotes juju.

Para las mujeres nigerianas que escapan, el camino a la recuperación puede ser difícil. Las leyes italianas ofrecen protección inmediata -y permiso para vivir en el país- para cualquier víctima de trata de personas que presentan cargos en contra de miembros de la organización. Se les lleva a albergues donde, por un tiempo, no se les permite utilizar las redes sociales o tener acceso a los teléfonos, excepto para contactar a sus familiares. Al pasar dos años, se espera que estén en camino a aprender italiano, integrarse a la sociedad y encontrar un empleo.

En cuanto a Dora, cuando se dio cuenta que se dirigía a un trabajo en la prostitución, empezó a planear un escape. Una vez que llegó a Sicilia, se desmayó en el puerto y la llevaron a un hospital para pasar 11 días recibiendo líquidos por vía intravenosa. Cuando la dieron de alta, el grupo de nigerianos con el que viajó se había ido y quedó libre para contar su historia a la policía y al personal de la OIM.

En el refugio Dora empezó a aprender italiano, y sueña con convertirse en actriz. Pero por ahora, es feliz de ser libre. “Dios mío”, dice. “es más poderoso que el juju”. 

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