18 de Septiembre de 2018

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El lugar donde la ropa tarda 12 días en secarse

Durante cuatro meses al año no sale el sol en Lima y es cubierta por una nube gris y neblina, acompañadas por una lluvia ligera.

Un grupo de niños enciende una fogata en el barrio limeño Virgen de las Mercedes. La niebla impide ver la ciudad a sus pies.  (Agencias)
Un grupo de niños enciende una fogata en el barrio limeño Virgen de las Mercedes. La niebla impide ver la ciudad a sus pies. (Agencias)
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Associated Press
LIMA, Perú.- No hay truenos ni relámpagos. La húmeda capital de Perú edificada a orillas del Pacífico Sur tampoco conoce la lluvia, pero en invierno caen infinitas micro gotas bajo su cielo gris y nublado que parecen detener los relojes.

Muchos de los casi 9 millones de habitantes adoran esta ciudad con un clima bastante estable, aunque no necesariamente agradable. Los literatos y los pobres, en cambio, parecen odiarla.

Herman Melville, autor de la novela Moby-Dick, la describió en el siglo XIX como la "más extraña y triste" de la tierra y un siglo después el peruano Sebastián Salazar, autor de un importante ensayo llamado "Lima la horrible", describió a su cielo metálico como del color de la "panza de un burro".

En los cafés limeños abundan las discusiones metafísicas sobre la posible depresión que podría provocar el invierno en quien pise esta ciudad. Es un tema de mucha actualidad en vista de que, sin llegar a los niveles de La Paz, Buenos Aires o de los Andes peruanos,

Lima está sufriendo el frío más intenso en tres décadas, con temperaturas mínimas que llegan a los 12 grados centígrados según la agencia meteorológica estatal.

En una ciudad que rara vez registra temperaturas inferiores a los 15 grados (59), el frío se hace sentir, sobre todo si se tiene en cuenta la alta humedad.

"En el invierno parece que viviéramos encerrados en una nube", dice Digna Salvador, madre de 9 hijos

Y quienes más lo sufren son los pobres que habitan los extremos de la ciudad, sitios como las fantasmales barriadas de Villa María del Triunfo, envueltas entre la niebla y edificadas detrás de las últimas tumbas del cementerio Virgen de Lourdes, el más grande de Perú.

Por allí está el colegio estatal "7245 San José Obrero" donde un buen número de niños llegan a clases con el estómago vacío. Cuando la neblina extiende su infinito manto blancuzco hace que todo desaparezca y los niños no salen a jugar al patio.

"Por eso no me gusta el invierno", dice Samuel Crisanto, de 7 años y en segundo grado del nivel elemental, haciendo sonar sus viejos zapatones manchados de lodo.

En su casa construida con maderas y cartones su madre Digna Salvador, de 41 años, dice que la ropa demora doce días en secarse por la humedad que llega a niveles de 100%. Dice que cuatro de sus nueve hijos "están enfermos de los bronquios".

Ubicada en lo más alto de una colina y casi borrada del paisaje por la niebla, la casa de Digna está aislada porque el camino que lo conecta con la principal avenida es ahora un charco resbaladizo de barro y el camión cisterna que le vende agua no puede subir hace cuatro días.

Cargando a su último hijo Marcos, de 10 meses, que tose sin cesar, Digna sostiene que el invierno en Cajamarca, su tierra natal en los Andes del norte, es más frío comparado con Lima. "Pero aquí todo es más triste".

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