18 de Agosto de 2018

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Cuba 'mata' el negocio de venta de ropa importada

El gobierno impide comerciar prendas adquiridas en México, EU y Europa; muchos optan por el clandestinaje.

Los pequeños comerciantes planean seguir vendiendo para no perder la inversión hecha en sus tiendas. (Agencias)
Los pequeños comerciantes planean seguir vendiendo para no perder la inversión hecha en sus tiendas. (Agencias)
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EFE
LA HABANA, Cuba.- La prohibición de vender ropa importada en Cuba ha encendido la polémica y desatado un visible malestar entre comerciantes privados que desde hace algunos años se dedican a ese negocio y que ahora parecen abocados al mercado negro.

Con el desarrollo del trabajo privado o "cuentapropismo", como dicen los cubanos, en los últimos años proliferaron varios pequeños comercios de venta de ropa, calzado o complementos, y hasta algunas "boutiques" que casi pueden considerarse de lujo en un país agobiado por la escasez.

Muchas prendas llegan a la isla en abultados equipajes de particulares, generalmente de origen cubano, que compran en países como México, Panamá, Ecuador o Perú, e incluso de Europa, como España e Italia.

Los comerciantes que venden esa mercancía en la isla lo han hecho al amparo de la licencia de "modisto" o "sastre", que, en rigor y pese al clandestinaje, no contempla la comercialización de ropa comprada en el exterior.

Pero a finales de septiembre el gobierno de Raúl Castro decretó que la venta de esos productos adquiridos fuera del país constituirá una infracción, medida que también afecta a artículos del hogar o ferretería importados o comprados en tiendas minoristas estatales.

Las autoridades argumentan que la prohibición quiere evitar "deformaciones" de determinadas licencias para ejercer el "cuentapropismo".

"Me dieron cordel"

"¿Y por qué no pararon esto desde que empezó? Hace como dos o tres años que 'dieron cordel' (permitieron) y nunca pusieron un 'stop' (alto). Y ahora hay gente que ha hecho hasta boutiques y todo, hay mucho dinero invertido (...) No sé realmente qué va a pasar pero estamos molestos con esto", se queja Yaumara, una empleada de una de esas tiendas en la habanera calle Zanja.

En Zanja se concentran al menos doce tiendas de ropa, que siguen abiertas a pesar de la prohibición pero donde los ánimos están "en candela", como dicen los cubanos, por el malestar que ha provocado el decreto.

"¿A estas alturas vienen con ese cuento? Tienen que reflexionar: esto no es para enriquecerse, esto nada más es 'pá comer' porque la vida está durísima", dijo Mabel, de 56 años, a la puerta de su pequeña casa en cuyo interior se ven colgadas diversas prendas de ropa.

La mayoría de estos comerciantes privados están indignados por las pérdidas de empleos que provocará la prohibición, por el dinero que han invertido en su negocio y por las cantidades que ya han desembolsado al Estado en impuestos y en una licencia que hasta ahora no sirve.

De comerciantes a delincuentes

Para los comerciantes cubanos la medida que adopta el gobierno de Raúl Castro provocará que muchos "cuentrapropistas" acaben dejando sus tiendas para dedicarse a labores ilícitas que desencadenará una ola de delincuencia en la isla.

Como señala Yasmani, una joven que regenta al lado de su madre Maura un comercio de camisetas y demás prendas de vestir: "La cuenta es sencilla: solo Centro Habana tiene más de 14.000 'cuentapropistas'. Si lo multiplicas por dos empleados son casi 30.000 personas que, de la noche a la mañana, mandan a la calle, a 'delincuenciar'. No nos están quitando la ropa, lo que están quitando son puestos de trabajo".

Algunos de estos comerciantes llegaron al negocio de la ventatras abandonar o quedar desempleados en sus puestos de trabajo estatales, a consecuencia del plan de reducción de plantillas públicas.

Dunia, ex trabajadora social de 38 años, que tiene un puesto de ropa en un espacio arrendado por el estado en un solar de la calle Galiano, explica que quedó desempleada "porque hicieron reducción de plantilla".

¿Vender ilegalmente?

Ante la posibilidad de que cualquier día llegue la orden definitiva de cerrar el negocio, son muchos los que están dispuestos a seguir vendiendo ropa, aunque sea de forma ilegal.

"¿Qué vamos a hacer? Seguir vendiendo, hay mucho dinero invertido aquí", señalan tres veinteañeros que trabajan en una tienda familiar.

Otros comerciantes no descartan incluso protestar: "A salir (a la calle) con las cazuelas sonando, porque es la comida de mis hijos. (...) Ya una vez me dejaste desempleada y lo mismo por segunda vez. Dan cordel y cordel (aplazan el tiempo para dar los permisos), después jalan (tiran) y te tumban (el negocio)".

Medida incierta

En Cuba la ampliación del trabajo por cuenta propia o "cuentapropismo" es una de las principales reformas acometidas por Raúl Castro para "actualizar" el modelo económico socialista de la isla, pero las intenciones no dejan de ser eso, pues a los pequeños comerciantes no les permiten crecer en sus patrimonios por los elevados impuestos y duras prohibiciones para ejercer libremente su oficio.

De acuerdo a las últimas cifras oficiales, dadas a conocer por los medios oficiales que circulan en la isleña nación, más de 436.000 cubanos ejercen el empleo autónomo en alguna de las 200 actividades u oficios permitidos para el "cuentapropismo".

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