22 de Mayo de 2018

Mundo

Pringles y Red Bull, placeres culposos de terroristas

Los miembros extranjeros del grupo yihadistas están transformando la economía de una zona azotada por cruentas batallas.

Los combatientes extranjeros del EI 'no se fijan' en los precios de un tubo de papas Pringles, que en Siria llegan a costar cerca de seis dólares. (Archivo/SIPSE)
Los combatientes extranjeros del EI 'no se fijan' en los precios de un tubo de papas Pringles, que en Siria llegan a costar cerca de seis dólares. (Archivo/SIPSE)
Compartir en Facebook Pringles y Red Bull, placeres culposos de terroristasCompartir en Twiiter Pringles y Red Bull, placeres culposos de terroristas

Érika Solomon/Milenio
BEIRUT, Líbano.- ¿Qué se les antoja a los militantes yihadistas en su tiempo libre en el campo de batalla? Las famosas papas Pringles son sus favoritas. Les sigue la bebida energizante Red Bull.

Miles de combatientes extranjeros que han llegado a Siria quieren remontarse al pasado con la creación de un Estado Islámico austero. Pero han mantenido su gusto por los bocadillos y los dispositivos modernos de los países occidentales que desprecian.

Los locales no solo temen a los militantes, que aplican brutales ejecuciones masivas y decapitaciones para imponer su dominio, sino que también intentan sobrevivir a la crisis económica provocada por tres años de guerra civil. Muchos dicen que la mejor estrategia es abastecer los gustos de los combatientes que aborrecen.

Papas fritas, chocolates, bebidas energéticas y cerveza sin alcohol son las golosinas favoritas de muchos extranjeros que combaten por el Estado Islámico de Irak y el Levante (EI), que se ha expandido a través de la franja de Siria e Irak. Ellos dicen que construyen un califato que emule los días del profeta Mahoma.

Los edictos religiosos de EI y los gustos de los combatientes extranjeros están transformando las economías locales en las zonas ocupadas por el grupo. Las tiendas que venden alcohol están cerradas, mientras que los establecimientos de comida chatarra, de ropa (particularmente las que ofrecen prendas estilo militar) y de teléfonos móviles tienen una pequeña ganancia.

“La economía en las zonas controladas por EI ahora es impulsada por los combatientes extranjeros. Todo lo demás se encuentra en cero”, dice Saleh, un vendedor minorista de ropa de Rakka, la ciudad en la zona central de Siria.

Bocadillos de lujo

Antes de que llegaran los combatientes extranjeros de EI, muchos comerciantes de la zona rural del este de Siria nunca habían escuchado hablar de bebidas energéticas como Red Bull. Los vendedores de la ciudad del este de Deir Ezzor tampoco habían soñado con vender Snickers o Bounty, las marcas favoritas de chocolate de los militantes de Europa y el Golfo.

“Estos bocadillos o eran desconocidos o un lujo que no nos podíamos dar… pero cuando los combatientes los pidieron, no hice preguntas. Corrí con mi proveedor y los encargué”, dice Nassim, un comerciante que para su seguridad utiliza un seudónimo. “¿Pringles y Snickers? La gente de EI los compra por cajas para compartir en el frente”.

En Rakka un vendedor que pide ser identificado como Qasim dice que una lata de Red Bull cuesta aproximadamente 250 liras sirias (alrededor de 1.50 dólares), mientras que en Deir ez-Zor, un tubo de Pringles cuesta alrededor de 5.50 dólares. 

El costo de ambas está muy por encima del promedio de tres dólares diarios con que ahora vive la mayoría de los sirios en la zona.

Reparto de botín

Los empresarios locales compran papas fritas y cerveza sin alcohol de zonas en poder del régimen, y agregan 10 por ciento adicional al precio para pagar los sobornos en los puntos de revisión del ejército. Las bebidas energéticas y los chocolates se introducen por la frontera con Turquía.

Los lugareños dicen que los combatientes extranjeros de EI tienen un salario mínimo de por lo menos 215 dólares al mes, el doble del ingreso promedio con el que los civiles pueden aspirar a ganar. Además, están los repartos de los botines de guerra, un estipendio de tres dólares diarios para alimentos y bonos frecuentes.

“Jamás revisan los precios”, dice Saleh. “Para ellos el dinero no es un problema”.

En el este de Siria, las tiendas en áreas en donde los residentes locales utilizan teléfonos Nokia maltratados, ahora se están llenando con los últimos smartphones. Deir ez-Zor está sitiada por las fuerzas sirias y a menudo hay bombardeos hasta 20 veces al día, pero eso no ha evitado que los ávidos comerciantes locales utilicen el único cruce del río para llevar teléfonos Galaxy de Samsung o iPhone de Apple.

“Incluso tenemos el iPhone 6 en Deir ez-Zor”, dice un comerciante que pidió no dar su nombre. “La gente de EI, especialmente los que vienen del Golfo, están obsesionados con los teléfonos móviles”, agrega. “Cada vez que sale un nuevo modelo, venden el antiguo y compran lo más reciente. Si vienen a la tienda sin un lugareño, puedes cobrarles otros 30 o 40 dólares más. Tal vez aún más”.

Segunda clase

Pero mientras algunos negocios están prosperando, otros han desaparecido: los cafés, alguna vez el centro de la vida del barrio en las ciudades sirias, ahora ya no existen.

“¿Qué haces en un café? Fumas. Eso está prohibido”, dice Qasim. “El EI siempre estaba atacando cafés en Rakka (eran el símbolo de las reuniones de los activistas y los encuentros de los amantes) ambas cosas son completamente inaceptables para el EI”.

Las duras leyes que separan a los hombres de las mujeres también han provocado que los restaurantes sean menos populares para los lugareños.

“Ahora todos los restaurantes en Rakka, excepto uno, han cambiado a ser de entrega, preferimos ir a casa y comer con los nuestros sin (estar con) ellos. El restaurante que está abierto se llena de combatientes de EI”, dice Qasim.

Los comerciantes y los propietarios de cafés se sienten aliviados por haber encontrado una manera para ganarse la vida en las zonas controladas por el EI. Pero para la gran mayoría de los sirios, incluso los simples antojos de bocadillos de los combatientes son un amargo recordatorio de su estatus de segunda clase.

“Ellos nos gobiernan en el nombre de la religión, viven la buena vida mientras los demás sufren”, dice Nassim. “Algunas veces mis clientes dicen: ‘Dios quiera que se la coman (la comida chatarra) y se envenenen’. Pero no hay nada que podamos hacer”.

Numeralia

215 dólares: Salario mensual que reciben los combatientes del Estado Islámico en territorio sirio.

1.50 dólares: Precio de una lata de Red Bull en Siria

5.50 dólares: Precio de un tubo de papas Pringles.

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios