11 de Diciembre de 2017

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Ciberataques, más peligrosos que el terrorismo

Proteger a EU de los ataques le cuesta al erario 10 mil millones de dólares anuales y lucha contra los hackers a simple vista.

Un especialista trabaja en el Centro Nacional de Integración de Ciberseguridad y Comunicaciones en Arlington, Virginia. (Agencias)
Un especialista trabaja en el Centro Nacional de Integración de Ciberseguridad y Comunicaciones en Arlington, Virginia. (Agencias)
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Agencias
ARLINGTON, Virginia.- El cuartel general de la lucha de Estados Unidos contra el ciberdelito está oculto a plena vista en un edificio anodino de los suburbios de Washington que no tiene carteles ni distintivos del gobierno.

Apenas después de pasar una recepcionista discreta en el séptimo piso aparecen los detectores de metales, los gabinetes donde dejar el teléfono celular y una serie de puertas macizas con el cartel de "secreto", que conducen todas al Centro Nacional de Integración de Ciberseguridad y Comunicaciones (NCCIC por sus siglas en inglés), un recinto del tamaño de un auditorio.

En su interior, un centenar de especialistas vigilan mapas de Estados Unidos y el mundo, además de toda clase de información y noticias de último momento durante las 24 horas del día. Los estados están coloreados del verde al rojo según el nivel de amenaza: de bajo a grave.

"Aquí es donde apagamos los incendios", dice Phyllis Schneck, jefa de ciberseguridad del Departamento de Seguridad Nacional, señalando la imagen de un globo que rota sobre un monitor del tamaño de una pantalla de cine.

The Associated Press pudo conocer dos centros clave de ciberseguridad civil y militar, un laboratorio secreto y la sede donde científicos del gobierno luchan contra el bombardeo creciente de ladrones, estados hostiles y piratas.

Según los jefes de inteligencia, la mayor amenaza a la seguridad nacional no proviene del terrorismo, sino de los ciberataques.

Un informe de la AP publicado esta semana indica que la lucha por proteger a la nación de los ataques, que le cuesta al erario 10 mil millones de dólares anuales, está perdiendo terreno frente a los hackers que penetran en las redes con nombres de dominio .gov y .mil (del gobierno y la milicia de Estados Unidos, respectivamente) desde los cafés a media cuadra o desde bases militares al otro lado del mundo.

Los centros para la ciberdefensa de la nación están ocultos en oficinas en los suburbios de Washington. No hay carteles que delaten su presencia. La AP tuvo acceso bajo el acuerdo de no revelar direcciones ni tomar nota de los números de serie de las máquinas ni la identidad de los empleados. Tampoco se permitieron fotos de ciertos monitores. Se prohibió el ingreso con teléfonos celulares y los periodistas tuvieron que someterse a control de antecedentes.

Dentro del centro de ciberseguridad DHS en Arlington, Virginia, analistas industriales, militares y de inteligencia observan tres grandes monitores sobre sus escritorios. Su tarea es detectar, prevenir, responder o mitigar ciberataques.

Algunos estudian columnas de cifras, vigilan datos en vivo a través del programa federal "Einstein", un sistema que recorre las redes del gobierno en busca de códigos malignos, virus e intrusiones. Otros ubican páginas atacadas y filtraciones de datos. Los equipos viajan con frecuencia a las computadoras infectadas para retirarlas de la red.

El vocero de Seguridad Nacional Sy Lee se negó a revelar si el centro participó en la detención de un ciberataque a la Casa Blanca que trascendió recientemente, pero dijo que DHS generalmente está a cargo de esas operaciones.

Las computadoras militares infectadas van a parar a un edificio igualmente discreto en Linthicum, Maryland.

El Centro de Defensa contra el Ciberdelito tiene una entrada anodina donde un recepcionista verifica a los visitantes antes de dejarles pasar unas puertas cerradas. Aparece entonces una segunda entrada, una pared revestida de madera con distintivos militares y plantas en macetas. En un laberinto de pasadizos, soldados y contratistas de defensa extraen información de artefactos incautados en campos de batalla, escenarios de delitos militares y empleados federales cuyas computadoras pudieron haber sufrido ataques de piratas.

Descifran códigos, destraban teléfonos celulares y desarman computadoras de escritorio. Sobre las mesas hay pilas de discos rígidos, uno de los cuales parece mostrar un agujero de bala. Otro fue incautado durante la Guerra del Golfo Pérsico.

"Advertencia: Contiene contrabando y contenido posiblemente perturbador", dice un autoadhesivo en una computadora.

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