23 de Septiembre de 2018

Mundo

Juegos Olímpicos de Río, bajo la sombra de la violencia

Los habitantes dicen que la presencia del Ejército poco ha hecho por la seguridad, ya que tienen miedo de salir y ser alcanzados por balas perdidas.

La Maré, una de las favelas más populosas de Río de Janeiro, fue ocupada por las fuerzas de seguridad en abril de 2014. (Notimex)
La Maré, una de las favelas más populosas de Río de Janeiro, fue ocupada por las fuerzas de seguridad en abril de 2014. (Notimex)
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Agencias
RÍO DE JANEIRO, Brasil.- La noche cae en la Maré –uno de los mayores complejos de favelas de Río de Janeiro- y los militares estacionados en esa comunidad exhiben sin pudor su poder bélico: armas automáticas de gran calibre, recortadas, retenes e incluso tanquetas que patrullan por las calles donde, a pocos metros, vendedores comercian cestos de fruta, películas de DVD piratas y ropa barata.

Se respira un ambiente de tensión en este conjunto de 15 favelas donde viven unas 130 mil personas y donde bandas criminales se reparten el control del territorio.

Pese a la presencia del Ejército de forma permanente hasta el mes de junio, cuando debe ser reemplazado por un mayor contingente de policía militar, los habitantes aseguran que las tres principales facciones narcotraficantes de Río tienen presencia en la Maré: “Terceiro Comando”, “Comando Vermelho” y “Amigos dos Amigos”.

La Maré, como es conocida por los cariocas, fue efectivamente ocupada por la policía militar y el Ejército en una operación iniciada a finales de marzo y completada a principios de abril de 2014, cuando fueron desplegados dos mil 500 militares para tomar la favela, situada en la zona norte de Río y que queda dividida por la vía que enlaza el aeropuerto internacional con el centro de la ciudad.

Desde esa ocupación, la vida de los habitantes de clase media-baja ha cambiado radicalmente: los tiroteos entre facciones han bajado en intensidad, pero el tráfico de droga continúa y, según denuncian varios habitantes, la presencia del Ejército ha militarizado profundamente un territorio situado a pocos kilómetros del área en el que a partir de agosto de 2016 se celebrarán los Juegos Olímpicos.

“El gobierno nos prometió que iban a traer la paz, pero aquí no han traído ninguna paz”, protesta Vanessa, una habitante “nacida y crecida durante 30 años en la Maré”, madre de seis hijos y que se gana la vida como moto taxi.

“Estoy indignada. Están pasando muchas cosas aquí. La gente no tiene paz para que los niños jueguen. Antes de la ocupación militar salía de mi casa a la una o las dos de la mañana para trabajar y no tenía miedo. Ahora cuando me voy a trabajar no sé si voy a volver, si me va a alcanzar una bala perdida de la policía o de los militares”, dice, antes de denunciar que recientemente un tanque la atropelló con su moto y no ha sido indemnizada.

Paz que es miedo

A pocos metros, un retén militar detiene vehículos y controla la documentación de los habitantes, mientras cinco militares en posición de ataque se protegen detrás de una trinchera de sacos de arena sobre la que yace una ametralladora tipo MK 48 y un cinturón de balas.

En ese ambiente no es infrecuente que se produzcan tensiones y, en ocasiones, incidentes que terminan en tragedia: en la última semana un albañil murió por disparos de las fuerzas de seguridad al ser confundido por un traficante, mientras el fin de semana la policía abrió fuego contra una camioneta que transportaba a un grupo de habitantes de la Maré que volvía de una fiesta. Siete resultaron heridos.

Es precisamente ese tipo de acciones las que motivaron que el lunes un grupo de unos 200 manifestantes de la comunidad se congregara para llevar a cabo una protesta contra la violencia policial, la militarización y la ocupación de las fuerzas de seguridad.

"Paz sin voz no es paz, es miedo" y "Basta de genocidio de la juventud negra y favelada" eran algunos de los rótulos que se podían leer en las pancartas que exhibían los manifestantes, entre los que había una alta presencia de adolescentes, jóvenes e incluso niños, pudo comprobar Notimex.

Sobre las 20:00 horas locales, los manifestantes avanzaron hacia la Avenida Brasil, una de las arterias de la zona norte de la ciudad, que cerraron al tráfico parcialmente, antes de tomar la Línea Amarilla, vía rápida que enlaza el oeste de la ciudad, provocando grandes embotellamientos viales.

“¡Fuera la policía de ocupación!”, “¡Fin a las muertes de civiles inocentes!”, clamaban los manifestantes, que algunos de ellos lanzaron piedras a la policía, que respondió con gases de pimienta.

Sobre las 20:30, con los dos sentidos de esta vía rápida de tres carriles completamente parada, se produjo un tiroteo entre las fuerzas del orden y supuestos civiles armados que disparaban desde las casas, dejando a los manifestantes y a la prensa en la línea de tiro, y provocando el pánico.

Aunque fuentes de la Secretaría de Seguridad de Río de Janeiro aseguraron que no hubo que lamentar muertos, al menos un joven resultó herido por un disparo, según fuentes de organizaciones no gubernamentales contactadas por esta agencia.

Dos ejércitos

El acto de protesta de este lunes, que fue dispersado con el lanzamiento de por lo menos tres bombas lacrimógenas y con el patrullaje militar con tanquetas, coincide con la visita a la ciudad de la cúpula del Comité Olímpico Internacional (COI) para conocer el estado de las obras de los Juegos Olímpicos de 2016.

“La violencia del estado continúa y aumenta día a día en las favelas alimentada por la impunidad. Los habitantes están tan desesperados y en el límite que las manifestaciones van a seguir”, explica Deley de Acari, célebre activista de las favelas del norte de Río de Janeiro.

Protesta por lo que considera un fracaso en el proyecto de pacificación de las favelas de Río de Janeiro, iniciado en diciembre de 2008, cuando las autoridades desplegaron dentro de las favelas la primera Unidad de Policía Pacificadora (UPP), un cuerpo de seguridad que pretende ser de proximidad.

“Ahora la gente vive entre dos ejércitos: el ejército compuesto por el tráfico de drogas y el ejército del Estado”, señala.

“Ningún habitante de las favelas cree en el proyecto de la pacificación, porque en realidad la policía no cambió. La política de seguridad es la misma: el habitante se siente enemigo de una fuerza de ocupación”, comenta de Acari, en referencia a la cuarentena de favelas que ya están ocupadas por las UPP.

El notable aumento de las muertes de civiles en operaciones policiales, en especial en los estados de Sao Paulo y Río de Janeiro, donde los fallecidos a manos de las fuerzas del orden crecieron un 97 y un 40 por ciento anual, respectivamente, provocó llamados de la sociedad civil para aumentar la fiscalización de estos organismos de seguridad.

Los datos revelados por la organización Human Rights Watch (HRW) este año apuntan a un aumento claro del número de víctimas civiles a manos de la policía: de 369 muertos en 2013 la cifra casi se duplicó hasta 728 en Sao Paulo, mientras en Río de Janeiro el crecimiento fue de 416 a 582 víctimas mortales.

(Información de Heriberto Araujo/Notimex)

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