26 de Septiembre de 2018

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Guerra en Siria marchita a la rosa de Damasco

Un agricultor asegura que antes del conflicto armado los visitaban comerciantes libaneses, para exportarla, así como perfumistas franceses.

Las tierras cultivadas se han reducido a menos de la mitad y la tradición de la recolecta se está perdiendo. (Louai Beshara/AFP)
Las tierras cultivadas se han reducido a menos de la mitad y la tradición de la recolecta se está perdiendo. (Louai Beshara/AFP)
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Agencias
EL MRAH, Siria.- Flor milenaria conocida por su fragancia y sus virtudes terapéuticas, la rosa de Damasco se marchita desde hace cinco años en la capital siria que le da nombre y en los campos circundantes por culpa de la guerra.

"La rosa de Damasco agoniza", se lamenta el agricultor Jamal Abas, contemplando un campo en El Mrah, al norte de la capital.

En esta localidad de la región de Nabek, conocida por la producción de esa flor de 30 pétalos, las tierras cultivadas se han reducido a menos de la mitad y la tradición de la recolecta se está perdiendo debido a la huida de familias enteras.

El acceso a los campos estuvo cerrado durante un tiempo y el festival de la rosa fue anulado, privando a El Mrah de su principal fuente de ingresos.

Con la vuelta a la calma en esta región, la edición anual del festival volvió a celebrarse este domingo, pero la producción no se ha recuperado. "Hemos pasado de 80 toneladas en 2010 a 20 este año por culpa de la guerra, además de la sequía", explica Hamza Bitar, otro agricultor.

Antes del conflicto, en 2011, "venían comerciantes libaneses a comprar pétalos de rosa por decenas de toneladas para exportarlos a Europa", afirma. Y "los perfumistas franceses destilaban los pétalos secados para producir aceite esencial".

Para los productores y comerciantes, esta agonía simboliza la de un país y un pueblo devastados por la guerra

La rosa, una de las flores más antiguas conocidas, empezó a exportarse a Europa en tiempos de las Cruzadas.

Gracias a su fragancia la flor, que crece en mayo pero puede ser cultivada a lo largo de todo el año, es la más utilizada para la producción de aceites, perfumes y cosméticos.

Sus usos son múltiples: se emplea por sus virtudes terapéuticas, relajantes y desinfectantes, pero también para producir el agua de rosas, tan popular como bebida refrescante en Oriente Medio, para perfumar las mezquitas o como amuleto de la suerte en los matrimonios.

En la capital siria y su provincia, la rosa era omnipresente: adornaba jardines, cunetas y balcones, además de ser el símbolo de los damascenos. Pero la caída de la producción y la falta de mantenimiento de los lugares públicos han vuelto su presencia mucho más discreta.

Para los productores y comerciantes, esta agonía simboliza la de un país y un pueblo devastados por un conflicto que ha cobrado 270 mil vidas y ha conducido al exilio a millones.

Abu Bilal, de 52 años, tenía una destilería de rosas secas en Ain Tarma, en Guta Oriental, convertida en bastión de los rebeldes. Tuvo que cerrarla.

"En Duma se sentía el aroma de la rosa. Hoy me dicen que solo huele a pólvora", deplora este destilador, que ahora trabaja en una perfumería oriental en un zoco del Viejo Damasco.

Según los comerciantes, en el mercado no quedan más que dos destilerías frente a las ocho que había antes. Si tres toneladas servían para fabricar un kilo de aceite, "hoy apenas hay 250 gramos para la venta en todo el mercado", lamenta Abu Bilal.

Pese a que también se cultiva en otros países, "la rosa originaria de Damasco es única, su fragancia es más embriagadora, su calidad, mayor, y produce más aceite", concluye.

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