19 de Octubre de 2018

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Jorge Videla: La soledad de un tirano vista desde la prensa

Catapultado por los sectores más conservadores del país, a Videla quienes le daban órdenes lo dejaron casi en el abandono.

Videla será sepultado en la ciudad de Mercedes, a unos 100 kilómetros de la capital, en la provincia de Buenos Aires. (Archivo/AP)
Videla será sepultado en la ciudad de Mercedes, a unos 100 kilómetros de la capital, en la provincia de Buenos Aires. (Archivo/AP)
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Claudia Selser/Milenio
BUENOS AIRES, Argentina.- La soledad en que murió el dictador Jorge Rafael Videla se ve refleja en los titulares de los medios de comunicación argentinos, que en su momento lo apoyaron y que incluso alentaron el golpe. También fue abandonado por sus mandantes, a quienes los militares le hicieron el trabajo sucio.

El portal del periódico conservador La Nación tituló: “Murió Jorge Rafael Videla, símbolo de la dictadura militar” y el multimedio Clarín proclamó en su portada: “Murió Videla, ideólogo del terror de la peor dictadura de la Argentina”. Por su parte Crónica, un diario amarillista de gran consumo popular ironizó: “¡Al cielo no!”, acompañando el titular con la foto del expresidente Néstor Kirchner descolgando del Colegio Militar el cuadro que honraba al dictador.

Igual soledad se vio en los avisos fúnebres que publicó La Nación este fin de semana. La pequeñez del homenaje es evidente cuando se lo compara con los pésames que recibió hace dos meses José Martínez de Hoz, ministro de Economía de Videla y máximo exponente de los poderes económicos internos y externos que impulsaron el golpe de 1976. Martínez de Hoz murió en prisión domiciliaria, acusado del secuestro extorsivo en dictadura de dos empresarios. La Nación registró para él 91 avisos fúnebres entre los cuales figuraba Jorge Videla y familia.

Para Videla, el sábado solo se consignaron 18 condolencias, en su mayoría amigos y, pocos, camaradas. En algunos se le restituye el grado de general, del que las leyes lo privaron; en otros se habla de “guerra interna revolucionaria contra el terrorismo subversivo apátrida”; y también se anotan quejas contra su “injusto cautiverio”.

Ayer las condolencias en La Nación subieron a 33, y allí se destacan apellidos como los Martínez de Hoz, los Clutterbuck, los Heguy, Guillermo Walter Klein y otros miembros de familias patricias y de poderosos grupos empresariales, que no son más que la punta de un iceberg golpista que incluyó a los estratos más altos de la sociedad, incluyendo muy especialmente a la clase política y a la máxima jerarquía eclesiástica de mediados de 1970.

“No tiene entidad. No está muerto ni vivo, está desaparecido”, respondió con jactancia y en plena dictadura el entonces presidente de facto del triunvirato militar a un periodista que le preguntó sobre las víctimas del terrorismo de Estado, los “desaparecidos”, un fenómeno desconocido en el país y que de hecho que no se registraba desde los años de 1940 en la Alemania pre hitleriana, aunque después se volviera una práctica común y extendida en América Latina hasta la fecha.

Finalmente se aclaró que Videla será sepultado en la ciudad de Mercedes, a unos 100 kilómetros de la capital, en la provincia de Buenos Aires, donde nació el 2 de agosto de 1925, ni bien se terminen los trámites de la autopsia.

Entre las múltiples reflexiones que generó la muerte del genocida en las redes sociales del país, hay una que destaca porque, sin explicitarlo, muestra el camino recorrido en casi tres décadas de democracia. La escribió el periodista de radio Jorge Kostinger y dice lo siguiente:

“Flia. Videla: ahí está el cuerpo. Sin habeas corpus, ahí tienen el cuerpo. Unos papeles y es suyo, llévense el envase de su pariente. Cuentan ustedes con un cuerpo. Que les conste que lo reciben sin quemaduras ni moretones. Podríamos haberlo golpeado al menos, que ya hubiera estado pago. Pero nosotros preferimos no hacerlo, eso que sí hizo este cuerpo que ustedes van a enterrar. No lo tiramos desde un avión, no lo animamos a cantar con descargas de picana. Que diga, por ejemplo, dónde están nuestros cuerpos, los de nuestros compañeros. No fue violado. No tuvo un hijo acostado en el pecho mientras le daban picana. No lo fusilamos para decir que murió en un enfrentamiento. No lo mezclamos con cemento. No lo enterramos en cualquier parte como NN. No le robamos a sus nietos. Acá tienen el cuerpo".

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