19 de Octubre de 2018

Mundo

'No enviamos a nuestros niños a enfrentar a los soldados'

Cercada por un muro y sin un futuro prometedor, gran parte de la juventud cisjordana invoca la violencia como la única ruta.

Muchachos palestinos usan resorteras en un enfrentamiento con tropas israelíes en la parte poeste de la ciudad de Belén, el miércoles 14 de octubre de 2015. (Foto: AP/Nasser Shiyoukhi)
Muchachos palestinos usan resorteras en un enfrentamiento con tropas israelíes en la parte poeste de la ciudad de Belén, el miércoles 14 de octubre de 2015. (Foto: AP/Nasser Shiyoukhi)
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AFP
ISRAEL/PALESTINA.- Los jóvenes palestinos que protagonizan ahora enfrentamientos, ataques con cuchillo y cortejos fúnebres en su lucha contra los israelíes, pertenecen a una generación que tiene el muro de Cisjordania por horizonte y solo conoce de Israel a sus soldados y colonos que ocupan sus tierras.

Los adultos mayores lamentan que sea una generación no adscrita a los movimientos políticos tradicionales y que ignora la historia, las grandes figuras y las consignas que aglutinaron a las generaciones precedentes.

De sus mayores, se acuerdan de las piedras de la primera Intifada (rebelión) en 1987 y de algunos símbolos como la mezquita de Al Aqsa, a la que solo ven en reproducciones de cartón en los desfiles. Y también saben de Jerusalén, ciudad que nunca han visto, pues no pueden cruzar los retenes controlados por Israel.

En las redes sociales se transmiten consignas y circulan fotos de los "mártires", con mensajes para ensalzarlos. La última tendencia es sonreír a las cámaras mientras son detenidos, un comportamiento que ha provocado indignación en Israel.

Dos tercios de la población tiene menos de 30 años, muy por debajo del promedio de edad de los políticos, una distancia que hace que esta generación no tenga miedo de gritar consignas contra el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abas, a quien critican su cooperación con Israel en materia de seguridad.

De los autores de los ataques con cuchillos de los últimos días, muy pocos superan los 25 años.

"Cuando llegan los colonos, no hay necesidad de sacar los altoparlantes para congregar a la población", cuenta un habitante del campo de refugiados de Jalazune, cerca de Ramala, que prefiere no identificarse.

"Los jóvenes salen por su cuenta, nosotros no enviamos a nuestros niños a enfrentarse con los soldados, ellos salen solos porque han vivido toda su vida bajo la amenaza de los colonos y los soldados", explica.

Esta generación, crecida con las redes sociales y las cadenas de televisión que difunden noticias como la primavera árabe de 2011 y las tres guerras de Gaza, parece no tener nada que perder.

Ahmed Charake, de 13 años, fue abatido hace dos días cuando lanzaba piedras a los soldados israelíes.

Farès, uno de sus compañeros de clase, también nació en el campo de Jalazune. Para él, el único deseo es "morir como un mártir", como lo hizo Ahmed. Todas las tardes se desplaza al punto de control de Bet El, cerca de Ramala para tirarle piedras a los soldados israelíes, que le responden con tiros, mientras custodian la colonia ubicada al otro lado de la valla.

Ahmed, Farès y otros nacieron después de los acuerdos de Oslo de 1993 que deberían haber abierto la puerta a la creación a un Estado palestino en la primera década del siglo XXI. Éste nunca vio la luz y la colonización israelí fue avanzando en Cisjordania.

Para los jóvenes, la diplomacia no parece haber dado ningún fruto.

En Jerusalén, la coexistencia, que ya casi no se da, se volvió un conflicto abierto donde cada quien teme ser apuñalado por su vecino.

Los puestos de control y las restricciones se llevaron consigo las oportunidades de trabajar en Israel, tal como lo hicieron muchas generaciones precedentes. Estas generaciones aprendieron a hablar hebreo y seguían a los medios israelíes. Pese a que creyeron en los partidos tradicionales, hoy se sienten "hastiados".

"Hablamos, hablamos y hablamos pero ahora ya estoy harto", enfatiza un hombre de unos 60 años, mientras ve pasar con asombro a un grupo de menores vestidos de combatientes que se disponen a asistir al funeral de otro chico.

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