26 de Septiembre de 2018

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La Aldea: Mali, entre el uranio y Al Qaeda

Francia ha enviado tropas a su excolonia en África occidental, con gente muy pobre, pero rica en recursos que siguen siendo explotados por los galos.

Tropas francesas arriban al aeropuerto en Bamako, capital de Mali. (Agencias)
Tropas francesas arriban al aeropuerto en Bamako, capital de Mali. (Agencias)
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Jean Philippe Rémy/Le Monde/Bamako
BAMAKO, Malí.- Con el paso de los meses, los combatientes de la coalición reunida en torno de Al Qaeda del Maghreb Islámico (AQMI) han tenido el tiempo para pensar y preparar una guerra de movimiento y escaramuzas, sobre un terreno immenso y poco poblado que se presta muy bien para eso. El tiempo de organizar su logística para llevarla a cabo: depósitos de combustibles encerrados, stocks de armas diseminadas en las zonas más alejadas.

Los hombre de AQMI —algunos centenares en su origen— y sus aliados de Ansar Edine (movimiento de Iyad ag Ghali) y del Mujao (Movimiento por la Unicidad en África Occidental), varios miles de combatientes integrados con AQMI, tal vez no previeron la intervención tan repentina e intensa del ejército francés. Pero ellos saben que al final una fuerza internacional, esencialmente africana, será desplegada para apoyar al ejército en su proyecto de reconquista del norte del país del país, controlado por los islamistas desde abril de 2012.

El conflicto comenzó antes, y de manera más violenta de lo previsto, pero a estas alturas eso no afecta la estrategia que según numerosos observadores están desarrollando AQMI y sus aliados: no tener ninguna posición, aparecer y desaparecer, aprovecharse del relieve, y golpear por sorpresa en un territorio díficil para vigilar.

Ejemplo inmediato de los grandes principios de la guerra asimétrica: el lunes 14 de enero, en el cuarto día de los ataques franceses a sus posiciones, sus equipos e instalaciones, los grupos armados islamistas evacuaron tres poblados del norte de Mali en una operación que el vocero de Ansar Edine, Sanda uld Bumama, califica de “retiro táctico”.

Además de Duentza, encrucijada estratégica objeto de los bombardeos franceses, las dos “capitales” de la coalición islamista, Tombuctú y Gao, quedaron sin sus combatientes durante la jornada, cuando Tombuctú, donde estaba instalado Abu Zeid, uno de los jefes más aguerridos de AQMI, aún no había sido golpeada por los disparos franceses.

Los depósitos de armas más importantes de AQMI y de Ansar Edine habían sido llevados desde hacía mucho fuera de ahí y disimulados en particular en la región de Bambara-Maudé, donde se encuentran importantes stocks de armas pesadas aseguradas en Libia o abandonadas por el ejército de Malí en abril de 2012.

El abandono de posiciones por los islamistas no se parece en nada a una fuga en masa. Ellos permanecen en numerosas localidades vecinas, más modestas, menos visibles.

Otros dos grupos se constituyeron inicialmente. El primero hacia el oeste, con unas 70 camionetas pick-up tal vez. Una parte de esos hombres es la que avanzó el pasado lunes hacia Diabali y tomó la ciudad. Al momento en que ellos se retiraban de sus capitales del norte, un grupo de elementos islamistas tomó esa minúscula ciudad del sur.

La posición, controlada hasta entonces por el ejército, está en el extremo norte de la Oficina de Níger, una vasta reserva de agua utilizada para irrigar los arrozales, célebre por la densidad de sus nubes de mosquitos, pero cerca del Mali “útil”.

Una tercera base de combatientes islamistas, que hasta ahora han pasado desapercibidos, se encuentra en el otro extremo del país, al sur de Gao, en los alrededores de Ansongo. Sería una fuerza con medio centenar de camionetas.

Los diferentes grupos contarían con dos mil a tres mil hombres y su guerra apenas ha comenzado.

Oro y uranio

Detrás de la operación Serval de los ejércitos de Mali y de la Francia del socialista Francois Hollande contra el “terrorismo islamista”, están los intereses económicos y estratégicos del Elíseo, específicamente las concesiones de uranio y de oro a firmas francesas en las zonas controladas desde abril de 2012 por los rebeldes.

Tercer productor de oro de África y octavo a escala mundial, sus explotaciones son controladas mayoritariamente por firmas de la ex metrópoli, las cuales se enriquecen con el principal producto de exportación de uno de los países más pobres del continente negro, más extenso y menos poblado.

A la vez, junto con Níger, Malí posee una de las mayores reservas de uranio del mundo y la mayoría de aquellos yacimientos están en los territorios en disputa. para algunos expertos (José E. Mosquera, www.elmundo.es), el temor de Hollande es que los franceses pierdan el control de aquellas concesiones si los separatistas logran consolidar un nuevo Estado islámico en el norte.

Igualmente, añade El Mundo, el mandatario francés teme el efecto dominó que se podría desencadenar en Níger, tras un triunfo de los separatistas Tuareg en Mali, ya que en Níger también luchan por su autonomía y en todas sus demandas exigen una mayor participación en el control y las explotaciones de uranio.

Otro de los recelos que tienen los galos, al igual que Estados Unidos y demás potencias en Occidente, es que al consolidarse un Estado islámico fundamentalista en la zona en conflicto, aquellas riquezas de uranio queden bajo el control de Teherán. Eso explica hasta cierto punto el respaldo que le han dado la ONU y la OTAN a su intervención en Mali.

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