16 de Diciembre de 2018

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La evolución del Cónclave para elegir al Papa

Durante los primeros siglos de la Iglesia cristiana, el Papa, era elegido por el clero y por el pueblo de su diócesis.

El año del doble Cónclave en 1978. (vaticaninsider.lastampa.it)
El año del doble Cónclave en 1978. (vaticaninsider.lastampa.it)
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Mariachiara Giorda/Vaticaninsider
ROMA, Italia.- El término Cónclave indica tanto la asamblea de los cardenales reunidos para la elección del Papa como el lugar en el que se desarrolla esta reunión.

Durante los primeros siglos de la Iglesia cristiana, el Papa, como los demás obispos, era elegido por el clero y por el pueblo de su diócesis, Roma, con la colaboración de los obispos de diócesis cercanas que consagraban la elección.

En el siglo IV, según la práxis establecida por el Concilio de Nicea, era el clero únicamente el que elegía al Papa, mientras que los laicos y la aristocracia, se limitaban a dar su consenso.

Con el paso del tiempo, el Pontífice tenía que esperar también el consenso imperial para ser consagrado. En 769, el Concilio de Laterán, excluyó a los laicos de la consacración y limitó su papel al derecho de aclamar al electo.

Fue con Nicolás II (“In nomine Domini”, Concilio de Letrán 1059) que la elección del Papa pasó exclusivamente a los cardenales, y en particular a los cardenales-obispos, mientras que el clero y el pueblo de Roma tenían solo el derecho a la aclamación.

Esta norma se aplicó por primera vez en 1179, cuando Alejandro III logró abolir los privilegios de los emperadores y establecer que el Colegio de los cardenales fuera el único que pesara en la elección del Papa. También nació entonces la mayoría de las dos terceras partes de los votos para validar la elección.

Esta normativa provocó durante el siglo XIII algunos episodios de clausura forzada de los cardenales “electores” y con periodos de “vacaciones” larguísimos; con la muerte de Clemente V (1268), después de 18 meses de deliberaciones, los cardenales fueron encerrados en el palacio papal de Viterbo para que, tras dos años, nueve meses y dos días, eligieran al nuevo Papa Gregorio X.

Fue por obra de este Papa que durante el Concilio de Lyon, mediante la “Ubi periculum” de 1274, fue instituido el Cónclave: los cardenales electores del Papa debían permanecer encerrados en una habitación (“cum clavis”) y, si no elegían al nuevo Papa antes de que pasaran 3 días, recibían menos comida; peor aún si dejaban pasar 5 días. Estas nuevas normas fueron abolidas por el rigor escesivo pocos años después, aunque fueron nuevamente decretadas a fines del siglo XIII.

Otra etapa importante fue el Pontificado de Gregorio XV: a partir de 1621 se decidió que los cardenales podían elegir al Papa por inspiración (o aclamación), compromiso (un pequeño grupo debía elegirlo) o con la votación (con una mayoría de dos terceras partes); a partir de 1996 este último sería el único modo posible para elegir al nuevo Pontífice. También en ese año se establecieron las reglas para la clausura, para doblar las “boletas electorales”, su escrutinio y su destrucción.

Hoy, el Cónclave se rige según las normas que decidió Pío X (1904), revisadas por Pío XII (1945) y modificadas por Juan XXIII (1962). Pablo VI (en 1975) introdujo la exclusión de los cardenales que tuvieran más de 80 años. Algunas pocas modificaciones también fueron introducidas por Juan Pablo II (1996) y Benedicto XVI (2007).

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