15 de Octubre de 2018

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La Iglesia no debe ser ni burocrática ni inquisidora

En su primer discurso de Navidad, el papa Francisco critica las actitudes de condena y control, más que de perdón y apertura.

El papa Francisco afirmó que la curia no debe ser “una pesada aduana burocrática, controladora e inquisidora”. (Agencias)
El papa Francisco afirmó que la curia no debe ser “una pesada aduana burocrática, controladora e inquisidora”. (Agencias)
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Agencias
CIUDAD DEL VATICANO.- El papa Francisco afirmó que la curia no debe ser “una pesada aduana burocrática, controladora e inquisidora” ni un lugar de “chácharas”, en su primer discurso de Navidad dirigida a los miembros del gobierno de la Iglesia, según publicó el sitio web de Milenio, quien cita como fuente a AFP.

“Cuando la actitud no es de servicio a las iglesias particulares y a sus obispos, crece entonces la estructura de la curia como una pesada aduana burocrática, controladora e inquisidora”, denunció el Papa argentino, criticando así las actitudes de condena y control, más que de perdón y apertura a las diversas iglesias locales.

En este muy esperado discurso en la gran sala Clementina del palacio pontificio, Francisco no aludió —como su predecesor Benedicto XVI en su primer discurso a la curia en 2005— a los problemas de la Iglesia en los cinco continentes, sus orientaciones doctrinales y los desafíos a los que se enfrenta en la sociedad contemporánea.

Fue, en cambio, un discurso sobre el perfil que debe tener el integrante de la curia, recientemente afectada por escándalos (corrupción, sexuales, traiciones), y que Francisco desea reformar profundamente con una comisión de ocho cardenales.

“La santidad en la curia significa también hacer objeción de conciencia a las habladurías. Nosotros insistimos mucho en el valor de la objeción de conciencia, pero tal vez deberíamos ejercerla también para oponernos a una ley no escrita de nuestros ambientes, que por desgracia es el de la cháchara”, afirmó el pontífice un año después del escándalo de la fuga de documentos confidenciales, conocido como Vatileaks.

“La cháchara daña la calidad de las personas, del trabajo y del ambiente”, aseguró Francisco, en otro de sus frecuentes alegatos contra la frivolidad, desde que fuera elegido pontífice en marzo pasado.

En su discurso hablo sobre su deseo de reformar profundamente a la Iglesia con una comisión de ocho cardenales

“Nos puede venir bien meditar sobre el papel de San José, tan callado y tan necesario al lado de la Virgen María”, aseguró Francisco.

Sin realizar críticas específicas, el pontífice citó las “características” que a su entender debe tener el integrante de la curia, que agrupa a unas 2 mil personas, entre laicos y religiosos. Ante todo, “profesionalidad, que significa competencia, estudio, actualización. Es un requisito fundamental para trabajar en la curia”, afirmó.

“Cuando no hay profesionalidad —prosiguió— lentamente se va resbalando hacia el área de la mediocridad” y “los expedientes se convierten en informes de cliché”.

Francisco destacó la vocación de “servicio” a la Iglesia como otra característica, y añadió además la de “santidad”, que a su entender implica entre otras cosas “humildad profunda” y “caridad fraterna en las relaciones con los colegas”.

Molesta su actitud

Según señalaban varios vaticanistas el viernes pasado, la personalidad de Francisco, su popularidad, su estilo poco acartonado y distante del pasado irritan a algunos círculos internos del Vaticano.

En una entrevista a la cadena de televisión católica EWTN, el cardenal tradicionalista estadounidense Raymond Burke, cercano a Benedicto XVI, lamentó con amargura que Francisco no defienda con más vehemencia la familia y la vida, e inste con más frecuencia a los sacerdotes de todo el mundo a condenar el aborto.

El cardenal estadunidense, miembro de la Congregación de los Obispos, un tipo de ministerio del Interior que nombra a la jerarquía de la Iglesia, fue recientemente destituido, junto con otro influyente purpurado de la misma entidad de la curia romana, el español Antonio María Rouco, ultraconservador presidente de la conferencia episcopal española, a quien le fue aceptada su jubilación.

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