19 de Septiembre de 2018

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La seguridad, el flanco débil de Bélgica

Según expertos, la nación no ha sabido coordinar tareas de servicios de inteligencia, investigar a sospechosos ni controlar sus fronteras.

Expertos consideran que Bélgica no ha sabido coordinar las tareas de los servicios de inteligencia, investigar a los sospechosos y controlar sus fronteras contra el terrorismo. (AP)
Expertos consideran que Bélgica no ha sabido coordinar las tareas de los servicios de inteligencia, investigar a los sospechosos y controlar sus fronteras contra el terrorismo. (AP)
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Agencias
BRUSELAS, Bélgica.- Bélgica no ha sido capaz de impedir ataques extremistas una y otra vez y los expertos dicen que esto se debe en parte a que no ha sabido coordinar las tareas de los servicios de inteligencia, investigar a los sospechosos y controlar sus fronteras.

Ningún país tiene una foja perfecta, pero la de Bélgica es particularmente mala, informa AP.

El martes, atacantes suicidas vinculados con la organización Estado Islámico hicieron detonar explosivos en el aeropuerto de Bruselas y en un tren subterráneo, matando a 32 personas, incluidos tres atacantes, e hiriendo a 270.

Raffaello Pantucci, director de estudios de seguridad internacional del Royal United Services Institute de Londres, dijo que un nuevo ataque en Bruselas era algo 'depresivamente pronosticable'.

'Hay una combinación perfecta' de factores, señaló, incluidos elementos musulmanes radicales autóctonos, dispuestos a actuar y que tienen las herramientas y las oportunidades necesarias, además de un gobierno y una estructura policial que no están a la altura de las circunstancias.

Históricamente, Bélgica siempre ha dejado que desear en lo que se refiere a compartir informes de inteligencia, aplicar lo aprendido en las fuerzas policiales y controlar las fronteras, expresó Michael O'Hanlon, del grupo de estudios Brookings Institution de Washington.

Por otro lado, agregó, a Bruselas le cuesta encontrar el equilibrio entre la necesidad de investigar posibles actividades criminales y la necesidad de actuar rápidamente cuando se identifica una amenaza inminente.

'No creo que Bélgica haya hecho demasiado bien nada de esto', dijo O'Hanlon.

'Inocencia'

En un comentario inusualmente franco, el ministro de finanzas de Francia Michel Sapin acusó al martes a los políticos belgas de 'falta de voluntad e incluso de cierta inocencia' al ignorar la expansión del radicalismo islámico entre los 650 mil musulmanes que viven en el país.

Alain Marsaud, parlamentario conservador francés, dijo en una entrevista con un diario que se sentí 'indignado por la incapacidad de los belgas en los últimos meses y años para lidiar con este problema'.

Expresó particular asombro de que a los belgas les haya tomado cuatro meses capturar al sospechoso de los ataques de París Salah Abdeslam, quien regresó a Bruselas al día siguiente del atentado en la capital francesa y eludió a las autoridades belgas muchas veces antes de ser capturado finalmente el viernes pasado.

Renuncias

Los ministros del interior y de justicia ofrecieron sus renuncias el miércoles por la noche luego de que se revelase que las autoridades turcas habían informado a Bélgica y Holanda que había deportado en junio a uno de los atacantes suicidas, Ibrahim El Bakraoui, por considerarlo un 'combatiente terrorista extranjero'.

'Durante el proceso de intercambio de información, las cosas se manejaron mucho más lentamente de lo que requería la situación', admitió el ministro de justicia belga Koen Greens.

'Cuando pones todo junto, te puedes cuestionar muchas cosas' sobre la forma en que los belgas manejaron la amenaza del extremismo islámico, dijo el ministro de justicia Jan Jambon.

El primer ministro Charles Michel, no obstante, rechazó ambas renuncias.

Las razones por la inoperancia de los belgas son varias.

Por un lado, abundan las armas de combate procedentes de la antigua Yugoslavia.

Una compleja y desarticulada estructura gubernamental dificulta la formación de un frente unido contra el extremismo. Alcaldes de los suburbios de Bruselas se quejaron el año pasado de que cuando se les alertó oficialmente de la presencia de posibles elementos radicales en sus comunidades, no tenían los medios para hacer nada.

Bruselas cuenta con 19 municipalidades en las que viven un millón de personas y tiene siete zonas policiales separadas. Nueva York, con 8,4 millones de habitantes, tiene una sola zona policial.

Dependiendo de la región, las fuerzas policiales hablan francés, holandés o alemán, lo que complica las comunicaciones.

'Tienen muchas fuerzas policiales que no se hablan entre sí', dijo Pantucci.

Todo esto ha permitido a los grupos radicales operar con menos riesgos de ser pillados que en otros sitios y ha permitido que Bélgica sea el país de Europa donde más gente recluta el Estado Islámico per cápita.

Muchos de los atacantes suicidas y demás elementos que participaron en los ataques de París el año pasado vivían en Bruselas. Y las autoridades francesas creen que frustraron otros atentados que involucraban a belgas.

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