15 de Noviembre de 2018

Mundo

Las fotos que cambiaron el mundo (véalas)

Estas trece imágenes son parte de una colección de 50 imágenes, en el marco de los 125 años de la revista.

Todos los involucrados en el choque de esta avioneta con un camión sobrevivieron al accidente. (Bob Madden/National Geographic)
Todos los involucrados en el choque de esta avioneta con un camión sobrevivieron al accidente. (Bob Madden/National Geographic)
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Agencias
MÉXICO, DF.- Estas trece imágenes son parte de ‘50 Fotos que cambiaron al Mundo’, en el marco de los 125 años de la revista de National Geographic.

La muestra se inauguró ayer en el Museo de Arte de la SHCP, ubicado en Moneda 4, Centro Histórico, en el Distrito Federal, y permanecerá hasta enero de 2014.

Joanna Pinneo cubría el cambio climático en el África subsahariana, viajó a Mali para observar cómo la sequía estaba afectando a los nómadas Tuareg del área. “Para mí, la magia era no hablar. Fue un período muy tranquilo y relajante. Un poco de arena se había filtrado por debajo de la abertura de la carpa y sobre Isah, la beba. Estaba muy cálido y silencioso. Yo solo tomaba una foto tras otra. Pensé, apuesto a que esa será una linda imagen. Ni siquiera supe que tenía este resplandor hasta que vi la foto mucho después”, dijó.

Los edificios presentaron un problema técnico: La luz natural no iluminaba los detalles de manera adecuada. El fotógrafo británico Simon Norfolk probó una técnica de iluminación en una capilla de piedra en Londres, luego se trasladó a Yucatán. “Solo tomé tres o cuatro cuadros por cada configuración de imagen; la mayoría entre las 3 y las 6 de la mañana… Utilicé luz continua, no flashes, con exposiciones de un minuto… No es como con un fotógrafo de vida silvestre que espera durante días y luego obtiene una toma sorprendente y emocionante. Para mí, es una tranquila sensación de satisfacción de que todos los meses de planeamiento funcionaron”, dijo.

“Estaba solo en el Amazonas en 2007 y descubrí a un grupo de delfines de río… La visibilidad es relativamente buena, pero el agua está llena de tanino por lo que tiene un fuerte color rojo. Los delfines naturalmente son de un color gris a rosa chicle. La asignación fue un desafío porque no soy un buzo y no llevé ningún equipo de buceo… Los delfines estaban sorprendentemente cómodos de que estuviese en el agua con ellos. Veía entre 30 y 40 delfines por día, la mayoría machos. Eran traviesos. Rompieron la carcasa de mi cámara más de una vez, aunque estoy seguro de que fue por accidente”, dijo Kevin Schafer.

La imagen tardó nueve años en completarse. “Vi un enorme rebaño de ciervos atravesando el valle, entonces aterrizamos y caminamos por la nieve tratando de encontrar un lugar, en realidad cualquier lugar, en el que pudiéramos obtener una toma. En temperaturas de 50 bajo cero, tus dedos son el punto más débil. No podía manejar la cámara con los mitones puestos, entonces me puse guantes de seda debajo. Creo que no tomé más de dos o tres fotografías antes de tener que parar”, dice Dean Conger.

La imagen tardó nueve años en completarse. “Vi un enorme rebaño de ciervos atravesando el valle, entonces aterrizamos y caminamos por la nieve tratando de encontrar un lugar, en realidad cualquier lugar, en el que pudiéramos obtener una toma. En temperaturas de 50 bajo cero, tus dedos son el punto más débil. No podía manejar la cámara con los mitones puestos, entonces me puse guantes de seda debajo. Creo que no tomé más de dos o tres fotografías antes de tener que parar”, dice Dean Conger.

“Solo logré unos pocos cuadros antes de que se fuera. Estaba en medio de este humo negro, ondeando a unos 15 metros de altura, pero había viento, entonces en un momento estaba todo oscuro y luego se veía el sol brillante y el cielo azul, luego se oscurecía todo de nuevo. Había gente corriendo, cargando animales muertos, niños vendiendo bebidas a los trabajadores. Era una escena muy dinámica, siempre cambiante. Para un fotógrafo era casi demasiado llena de contenido. El desafío fue descifrarla rápidamente y lograr obtener algo de todas las posibilidades”, dijó Ed Kashi.

“Mientras estaba trabajando en medio de un artículo importante sobre contaminación en la antigua Unión Soviética, escuché sobre la existencia de esta malformación. Grupos de niños afectados, todos de más o menos la misma edad, habían sido descubiertos en dos vecindarios de Moscú… Decidimos juntar a los niños en el gimnasio de una escuela local. Realizamos una pequeña fiesta con dulces y juegos mientras yo ponía las luces y un trípode. Primero tomé fotografías de ellos con sus madres y con su ropa puesta. Solo al final, con el permiso de sus madres, les pedí si se podían quitar la ropa. Los espectadores a menudo no se dan cuenta de las malformaciones inmediatamente. Luego viene el choque. Quería que la fotografía mostrara a estos niños como seres humanos primero, para mostrar que ante todo son niños inocentes. Y que su desgracia es algo de lo que se puede culpar a toda la sociedad”, dijo Gerd Ludwig.

“La idea era ir hasta el Parque Nacional Virunga (en el Congo) con estos amigos para confrontar a los grupos paramilitares que estaban allí… Recibimos la noticia de que habían baleado a un gorila. El grupo caminó a través de una lluvia copiosa y finalmente encontramos tres gorilas de montaña hembras muertas… A la mañana siguiente encontramos al gorila de espalda plateada, Senkwekwe, y a otra hembra que habían sido baleados. Los guardabosques reclutaron a gente local para que les ayudaran a evacuar a los gorilas muertos. Armaron una especie de camilla con ramas de árboles para transportar la pesada carga. Fue una caminata de alrededor de cinco horas”, dijo Brent Stirton.

Steve McCurry recuerda que esta imagen de camellos y humo como demostración “del impacto ambiental, no tanto de la guerra sino de las secuelas. Todos los yacimientos estaban ardiendo. Esa fue una experiencia absolutamente irreal. Fue como si uno estuviera en otro planeta, en el set de una película o presenciando el fin del mundo. Unos 600 pozos petroleros estaban ardiendo y a las 11 de la mañana era como de noche. Los animales estaban merodeando perdidos; había soldados iraquíes muertos por todos lados. Fue como una visión del infierno”, dijo.

Carsten Peter pasó tres primaveras mirando, esperando –y manejando– para fotografiar a un tornado en acción. Al final, estar tan cerca de un tornado, ¿fue una experiencia aterradora? “No. Estaba totalmente emocionado cuando sucedió. Si bien mis compañeros estaban gritando que el tornado estaba cerca, yo estaba tomando fotografías con un objetivo gran angular por lo que no se veía tan cerca para mí. Creo que hay más adrenalina que sangre en tus venas en esa situación. Me encantó”, dijo.

Bob Madden cubría el terremoto de 1976 en Guatemala. “El avión se estrelló cerca de nosotros justo contra la camioneta. Instintivamente agarré mi cámara y disparé… En esta fotografía, se ve el parabrisas de la camioneta rompiéndose, pero lo que no se ve es que uno de los pasajeros está tratando de salir de la camioneta en muletas con una tablilla en una pierna. Había quedado herido en el terremoto y sus amigos lo habían traído hasta este lugar para volar a un hospital. El piloto del choque terminó con una herida en la cabeza y otros en el avión sufrieron heridas menores, pero afortunadamente todos sobrevivieron”, dijo.

“Esta fotografía fue tomada al final de un largo día, y estaba utilizando los últimos rayos de sol… Las dos niñas recién estaban entrando al agua para nadar una última vez y ni siquiera me vieron. Estaban absortas en el juego y estaba muy silencioso. Si bien la fotografía fue tomada en 2009, las niñas podrían haber estado nadando allí hace 2 mil años. Siempre me interesa una fotografía que habla de un momento en particular pero también lo trasciende”, dijo Paolo Pellegrin.

“Cuando las alcanzamos, vimos un paisaje increíble con las montañas detrás… les pedimos permiso para que yo tomara fotografías. No nos dimos cuenta que una de las mujeres estaba embarazada hasta que comenzamos a platicar con ellas. Dijeron que un familiar de sexo masculino se había ido a buscar otro vehículo después de que el suyo se averiara”. Lynsey Addario estaba preocupada por la seguridad de las mujeres. “Cuando la hija nos dijo que su bolsa ya se había roto, decidimos llevarlas al hospital. Vomitó durante todo el viaje, porque estaba en trabajo de parto y estaba mareada”, dijo. La joven mujer nunca había estado en un vehículo antes de ese día. En el hospital, dio a luz a una niña.

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