13 de Diciembre de 2018

'Prefiero irme que vivir una vida de miedo en Katmandú'

Miles de nepaleses continúan durmiendo a cielo abierto por el temor a más réplicas del sismo que cobró más de cinco mil vidas.

Las pequeñas aldeas en las montañas de Nepal apenas están recibiendo la ayuda humanitaria enviada por la comunidad internacional. (AP)
Las pequeñas aldeas en las montañas de Nepal apenas están recibiendo la ayuda humanitaria enviada por la comunidad internacional. (AP)
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Agencias
KATMANDÚ, Nepal.- Los primeros suministros de alimentos comenzaron a llegar el miércoles a aldeas remotas destrozadas por un terremoto en las montañas de Nepal, mientras que miles de personas se esforzaban por subir a autobuses con el fin de salir de Katmandú, ya sea para ver a sus parientes en zonas rurales o por temor a pasar una noche más en la dañada capital.

La frustración en torno a la lenta entrega de la ayuda humanitaria derivó en una protesta en la ciudad, donde unas 200 personas se enfrentaron con la policía y bloquearon el tránsito, informa The Associated Pres.

La protesta fue relativamente pequeña y ningún manifestante fue detenido, pero reflejó el creciente enojo por los cuellos de botella que demoraron la llegada de ayuda urgente cuatro días después del poderoso terremoto que dejó más de 5,500 muertos, lesionó a 10,000 personas y provocó que decenas de miles quedaran sin hogar.

Mientras tanto, la policía arrestó a decenas de individuos bajo sospecha de saquear o generar pánico al difundir rumores de que se acerca otro enorme sismo.

Finalmente los helicópteros llevaron alimentos, refugios temporales y otros pertrechos a aldeas al norte de Katmandú en el montañoso distrito de Gorkha, cerca del epicentro del terremoto de magnitud 7.8 del sábado. Grupos enteros de viviendas allí quedaron reducidos a pilas de piedras y madera astillada. Varias mujeres recibieron la entrega con gritos de "¡tenemos hambre!".

Aunque la cifra de fallecimientos en el poblado de Gumda fue baja -sólo cinco personas perdieron la vida y 20 resultaron heridas entre 1,300 habitantes-, la mayoría se quedaron sin hogar y necesitaban desesperadamente un refugio temporal, así como los sacos de arroz de 40 kilos que fueron entregados el miércoles.

Las dificultades de los habitantes se han incrementado debido a la lluvia que ha caído periódicamente desde el sismo y ha obstaculizado los vuelos de helicópteros para distribuir ayuda.

Más ayuda

El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas advirtió que llevará tiempo para que los alimentos y otros suministros lleguen a comunidades más remotas que han quedado aisladas debido a deslaves.

"Evidentemente se necesitan más helicópteros, más personal y ciertamente más pertrechos de ayuda, incluidos equipos médicos, abrigo, carpas, agua, elementos de higiene y alimentos", dijo Geoff Pinnock, que coordina los vuelos de asistencia.

Como más de ocho millones de nepaleses resultaron afectados por el sismo, entre ellos un millón 400 mil con necesidad de ayuda alimenticia inmediata, Pinnock dijo que el esfuerzo de asistencia podría prolongarse durante meses.

El presidente estadounidense Barack Obama llamó al primer ministro Sushil Koirala y ambos conversaron sobre los esfuerzos militares y civiles de Estados Unidos que ya están implementándose para ayudar a Nepal, informó la Casa Blanca.

La policía indicó que la cifra oficial de fallecimientos en Nepal había llegado a 5,489 el miércoles por la noche, cifra que no incluye las 19 personas muertas en el monte Everest -cinco alpinistas extranjeros y 14 guías sherpas nepaleses- por una avalancha en el campamento base causada por el terremoto.

Al menos 210 excursionistas extranjeros y residentes varados en el área de Lantang, al norte de Katmandú, habían sido rescatados, dijo Gautam Rimal, administrador gubernamental. El área, fronteriza con el Tíbet, es popular entre los turistas.

En Katmandú, donde la mayor parte de los edificios se libraron de desplomarse completamente, muchos habitantes -temerosos de las réplicas- siguieron acampando en parques y otros espacios abiertos.

Vida de miedo

Pero la gente comenzaba a salir de campamentos como los establecidos en el área Tudikhel de Katmandú. Anop Bhattachan y más de dos decenas de parientes habían estado durmiendo en el campamento desde el sábado, pero él dijo que ahora desean salir de la ciudad.

Miles aguardaban en estaciones de autobús en Katmandú, con la esperanza de llegar a sus poblados natales en áreas rurales. Algunos querían verificar cómo se encuentran familiares y amigos luego del sismo, mientras que otros temían más réplicas en la ciudad.

"Espero subirme a un autobús, a cualquier autobús que se dirija fuera de Katmandú. Estoy demasiado asustado como para quedarme en Katmandú", dijo Raja Gurung, que quería llegar a su casa en el oeste de Nepal. "La casa cerca de mi apartamento rentado se desplomó. Fue horrible. No he estado bajo techo en muchos días. Preferiría irme que vivir una vida de miedo en Katmandú".

A pesar de la pequeña protesta del miércoles, hubo algunos indicios de que la vida en la capital recuperaba la normalidad. Los bancos abrieron sus puertas por algunas horas y rellenaron sus cajeros automáticos con dinero en efectivo, algunas tiendas abrieron y los vendedores regresaron a las calles.

Aunque los esposos Nabin y Laxmi Shrestha seguían temerosos de las réplicas, reabrieron su tienda de té.

"Tengo miedo, pero la gente está hambrienta. Necesitamos alimentarlos", dijo Laxmi Shrestha.

Aviones que transportan alimentos y otros suministros han estado llegando al pequeño aeropuerto de Katmandú en forma constante, pero el proceso de distribución de ayuda sigue siendo bastante caótico. Las autoridades nepalesas han tenido dificultad para dirigir el flujo de suministros de emergencia.

Rodeado de cadáveres

Un hombre que fue liberado tras pasar 82 horas atrapado en un hotel que se desplomó proporcionó detalles de lo que pasó, e indicó que bebió su propia orina para sobrevivir.

"Tenía algo de esperanza, pero para ayer ya me había dado por vencido", dijo Rishi Janal, de 27 años, a The Associated Press el miércoles desde su cama de hospital. "Mis uñas se me pusieron totalmente blancas y mis labios se agrietaron... estaba seguro que nadie iba a venir por mí. Estaba seguro de que moriría".

Janal, cuyo pie fue aplastado por los escombros, dijo que estaba rodeado de cadáveres y que siguió golpeando en los restos hasta que un equipo de rescatistas franceses lo sacó.

"Estoy agradecido", afirmó.

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