25 de Septiembre de 2018

Mundo

Los cirujanos de los instrumentos viejos

La rehabilitación de los delicados violines exige gran pericia de los lutieres, que los reciben 'destripados'.

El oficio de la lutería en Cuba es poco conocido, a pesar de que la isla tiene una gran tradición musical. (AP)
El oficio de la lutería en Cuba es poco conocido, a pesar de que la isla tiene una gran tradición musical. (AP)
Compartir en Facebook Los <i>cirujanos</i> de los instrumentos viejosCompartir en Twiiter Los <i>cirujanos</i> de los instrumentos viejos

Agencias
LA HABANA, Cuba.- En un taller lleno de piezas de instrumentos y cuerdas rotas, tres hombres se afanaban por darle forma a unas maderas importadas y silenciosamente reconstruían violines, violas y chelos fuera de servicio por años de uso intensivo.

En el corazón de La Habana Vieja, el casco histórico de la ciudad, Andrés Martinez y sus dos aprendices libran una batalla diaria contra un problema poco conocido en Cuba, un país famoso por su música pero que tiene dificultades para darle mantenimiento a los instrumentos.

"Es un oficios que requiere de mucha dedicación", dijo Martínez, de 41 años. "Lutería no es carpintería", protestó, aludiendo a quienes pretenden reparar instrumentos a punta de martillo y clavos.

La cantera de artistas es enorme: anualmente en todo el país miles de jóvenes ingresan a la educación especial en música, completamente gratuita y que contempla la entrega, por parte del Estado, de un instrumento, muchas veces deteriorado.

"Aquí hacemos desde reparaciones menores hasta arreglos capitales", relató Martínez, mientras mostraba el taller que dirige dedicado a la restauración y construcción de violines, violas, chelos y contrabajos, único en su tipo pues no cobra nada a quienes vienen con sus instrumentos rotos y que además comenzó un programa para formar a jóvenes lutieres.

Antes del triunfo de la revolución en 1959 muchos de los violines en la isla eran importados, primero de Europa y luego de la desaparecida Unión Soviética. Ahora una buena cantidad de los que se entregan a los jóvenes son chinos o de modesta factura y que se despegan con facilidad.

Servicios gratuitos

El taller comenzó a funcionar en 2010 y en 2011 despegó por completo gracias al apoyo de la organización no gubernamental "Luthier sin Fronteras" -con sede en Bélgica y cuya misión es apoyar el oficio en zonas en desarrollo como Haití y Palestina- y otros fondos de la Unión Europea.

Instalado en un largo salón rectangular de un primer piso de alto puntal y mosaicos coloridos, el taller estaba lleno de herramientas, pedazos de madera y partes de instrumentos. En cada mesa provista de lámparas debajo de las que trabajan Martínez y dos aprendices se veían medio destripados instrumentos, cuerdas, colas, clavijas.

Como está adscripto a la Oficina del Historiador, una dependencia estatal encargada de velar por el patrimonio nacional, el taller no cobra por sus servicios y presta -no están autorizados a vender- los ejemplares que fabrica a los músicos ya formados que lo necesiten, sea para un gran concierto o la presentación de un concurso en el extranjero.

Desde 2011 a la fecha se arreglaron allí más de 400 violines, violas, chelos y contrabajos, se volvieron a la vida unos 200 arcos y se fabricaron una docena de violines de buena calidad, comentó Martínez.

Oficio olvidado

Aunque en la isla siempre hubo personas que se dedicaban a la fabricación de instrumentos de cuerdas pulsadas como guitarras o tres --de uso más popular-- nunca se desarrolló una gran tradición de lutería para violines, mucho más exigentes con las maderas que deben ser europeas y los barnices especiales, explicó la musicóloga Miriam Escudero, directora del Gabinete de Patrimonio Musical "Esteban Salas".

La salida del país de viejos lutieres y la muerte de otros, más la escasez de materiales importados, hicieron que el oficio quedase prácticamente olvidado, reconoció por su parte el artesano Martínez.

"El taller viene a suplir una gran necesidad", comentó la musicóloga Escudero.

En los años 70, las autoridades también impulsaron en la provincia de Camagüey una fábrica de violines que intentó sustituir las maderas como palisandro y arce --típicas de países fríos-- por cedro, pero el resultado, aunque sirve para dotar de instrumentos a estudiantes iniciales o a amateurs, está lejos de alcanzar los resultados de perfección de un taller artesanal, coincidieron Martínez y la musicóloga Escudero.

Mundo desconocido

El principal reto técnico para el taller ahora es conseguir los insumos --la mayoría de ellos importados de Europa--, sobre todo madera y barnices, este último rubro vital para la conservación en un país donde la humedad es elevada, el calor constante y los instrumentistas sudan a mares.

Martínez explicó que hasta ahora usaron una mezcla de resinas que él trajo de Carmona, Italia, donde pasó algunos meses y pudo "cocinar" barniz de ámbar, pero en lo adelante, reconoció que tendrán el reto de buscar uno propio del taller.

Antes de llegar hasta aquí, Martínez transitó un camino singular: era un joven sin rumbo ni trabajo fijo y que jamás había tenido contacto con los instrumentos a mediados de los 90 cuando fue atropellado por un taxi. El chofer le aconsejó inscribirse en una escuela de oficio y tras recibirse se dedicó a la restauración de muebles.

Fue en 2003 cuando un primer proyecto de "Luthier sin Fronteras" le permitió tomar contacto con el oficio que hoy le apasiona, según explicó, y que incluso lo acercó al desconocido hasta entonces mundo de la música, al punto que varios de los cursos que se hizo los compartió con músicos de la sinfónica nacional.

"La madera suena y eso se va aprendiendo", expresó Martínez, quien indicó que otros dos graduados del proceso formativo de estos años como lutieres fueron enviados a trabajar al Centro Nacional de Escuelas de Arte, a fin de apoyar también en las reparaciones de instrumentos.

Búsqueda de mecanismos

Mientras tanto, el taller en general y Martínez en lo particular se preparan para el siguiente paso: lograr que su trabajo sea conocido por los músicos profesionales --quienes todavía prefieren sacar sus instrumentos valiosos a reparar en el extranjero-- y buscar mecanismos económicos de sustentabilidad.

"En los cambios que está viviendo el país, una de las opciones que hay para los talleres como este es convertirse en una la cooperativa", explicó Martínez ilusionado.

Unos metros más allá de la mesa de Martínez se encontraba, uno de sus discípulos, Juan Carlos Prado, de 25 años, quien desde niño se aficionó a tocar melodías celtas. No se define como un gran músico pero algún día espera ser reconocido por su labor como lutier.

"Es como las personas, si te sientes mal necesitas que te atienda un médico, al instrumento le pasa lo mismo si no funciona bien, la música no sale bien", indicó Prado.

(Información de The Associated Press)

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios