24 de Febrero de 2018

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Rechaza el Papa la compasión para aprobar la muerte del enfermo

En alusión a la "muerte asistida", Francisco dijo que está en juego la dignidad de la vida humana, y con ella la dignidad de la vocación médica.

El Papa Francisco dijo que la labor del médico no se basa sólo en su ciencia y competencia, sino sobre todo en su actitud compasiva y misericordiosa hacia aquellos que sufren en el cuerpo y el espíritu. (Foto: LAPRESSE/www.lastampa.it)
El Papa Francisco dijo que la labor del médico no se basa sólo en su ciencia y competencia, sino sobre todo en su actitud compasiva y misericordiosa hacia aquellos que sufren en el cuerpo y el espíritu. (Foto: LAPRESSE/www.lastampa.it)
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Agencias
CIUDAD DEL VATICANO.- El Papa Francisco subrayó el jueves, ante dirigentes de las órdenes de médicos de España y América Latina recibidos en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, que "en nuestra cultura tecnológica e individualista, la compasión no siempre está bien vista".

Francisco criticó ante los 150 participantes en la audiencia (en vista del Jubileo de los enfermos y de las personas discapacitadas en programa para este fin de semana), la "falsa compasión" que lleva a la muerte o que sigue criterios de eficiencia y ahorro económico (en alusión a la "muerte asistida" o "muerte digna"). La vocación del médico, subrayó, es "como un sacerdocio". 

Está en juego la dignidad de la vida humana, y con ella la dignidad de la vocación médica, indicó el Pontífice durante su discurso. El valor sacro de la vida del enfermo "no desaparece ni se oscurece nunca, sino que brilla con más resplandor precisamente en su sufrimiento y en su desvalimiento". No se puede ceder a la tentación de "aplicar soluciones rápidas y drásticas, movidos por una falsa compasión o por meros criterios de eficiencia y ahorro económico". 

En nuestra cultura "tecnológica e individualista –denunció el Papa–, la compasión no siempre es bien vista; en ocasiones, hasta se la desprecia porque significa someter a la persona que la recibe a una humillación". 

E incluso, recordó, "no faltan quienes se escudan en una supuesta compasión para justificar y aprobar la muerte de un enfermo. Y no es así, la verdadera compasión no margina a nadie, ni la humilla, ni la excluye, ni mucho menos considera como algo bueno su desaparición". 

La verdadera compasión, la asume. Ustedes saben bien que eso significaría el triunfo del egoísmo, de esa "cultura del descarte" que rechaza y desprecia a las personas que no cumplen con determinados cánones de salud, de belleza o de utilidad. "A mí me gusta bendecir las manos de los médicos como signo de reconocimiento a esa compasión que se hace caricia de salud, porque la salud es uno de los dones más preciados y deseados por todos". 

Por ello, para que los médicos ejerzan bien su disciplina, deberían "pensar y sentir que la persona enferma es nuestro prójimo, que él es de nuestra carne y sangre, y que en su cuerpo lacerado se refleja el misterio de ¡la carne del mismo Cristo! ‘Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis’". 

La compasión, pues, dijo el Obispo de Roma, es la "respuesta adecuada" al valor inmenso de la persona enferma, una respuesta de "respeto, comprensión y ternura".  

En el ejercicio de la medicina, añadió Francisco, se necesita un "corazón compasivo", que a veces no se conjuga bien con los medios y con las técnicas de la profesión. Por otra parte, "la fragilidad, el dolor y la enfermedad son una dura prueba para todos –recordó el Papa-, también para el personal médico, son un llamado a la paciencia, al padecer-con; por ello no se puede ceder a la tentación funcionalista de aplicar soluciones rápidas y drásticas, movidos por una falsa compasión o por meros criterios de eficiencia y ahorro económico. Está en juego la dignidad de la vida humana; está en juego la dignidad de la vocación médica". 

El Papa Francisco, que con un poco de humor dijo tener "algo de médico", concluyó subrayando que los médicos pueden hacer mucho bien, y los invitó, así como a sus familias a "acompañar soportando la vocación del o de la médico, que es como un sacerdocio". 

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