12 de Diciembre de 2018

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Dan sus vidas por una pepita de oro

Trabajan en zonas donde la minería está prohibida por ser áreas de reserva natural por su alta biodiversidad, pero lo hacen para subsistir.

Una corriente de agua pasa por encima de dos mineros conocidos como "maraqueros", que retiran piedras y trozos de troncos de árboles que han sido liberados con la ayuda de un tipo rústico de chorro hidráulico conocido localmente como "chupadera". (Agencias)
Una corriente de agua pasa por encima de dos mineros conocidos como "maraqueros", que retiran piedras y trozos de troncos de árboles que han sido liberados con la ayuda de un tipo rústico de chorro hidráulico conocido localmente como "chupadera". (Agencias)
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Agencias
LA PAMPA, Perú.- En estas 50 mil hectáreas incrustadas en la selva de Madre de Dios, al sureste de Perú, todos trabajan en turnos de hasta 28 horas seguidas.

Al principio, el sueño se vence masticando hojas de coca, un estimulante ligero para sacudirse de la fatiga, lo que puede provocar accidentes fatales con la maquinaria pesada que manipulan los trabajadores.

Luego, la costumbre vence al cansancio.

"¿Acaso dormimos ocho horas como en otros países?", dijo a The Associated Press un trabajador minero que se negó a dar su nombre por temor a ser perseguido. 

"Sabemos que depredamos el bosque, pero qué vamos a hacer, si el gobierno no nos da alternativas. Estamos dispuestos a reforestar si nos piden que lo hagamos. La minería es un refugio para todos nosotros".

Cuando emplea la palabra "refugio" se refiere a una cadena económica que vive de la minería que incluye cocineras, ferreteros, taxistas, mecánicos, farmacéuticos y mujeres que trabajan en prostíbulos del lugar.

Los mineros también desafían deslaves, enfermedades, y el riesgo de que sus miembros sean triturados al menor descuido. Y todo para conseguir algunos gramos de oro que les permitan subsistir.

Ahora una nueva amenaza se cierne sobre los aproximadamente 20 mil mineros, incluidos niños y mujeres, que trabajan desde 2008 en este terreno de la deforestada selva tropical del Amazonas, conocida como La Pampa.

El 19 de abril venció el plazo que el gobierno otorgó a los más de 100 mil mineros artesanales de todo el país para formalizarse, pese a que protestas recientes dejaron un minero muerto y más de 50 heridos en el poblado cercano de Mazuko.

Según datos del 2012 del Servicio Geológico de los Estados Unidos, Perú es el primer productor de oro de Latinoamérica y el sexto a nivel mundial

Formalizarse implica cumplir una seria de normas y requisitos que incluyen obtener una concesión minera estatal.

Es casi imposible que un minero artesanal obtenga un título de éstos, que son concedidos o pertenecen ya a empresas mineras o petroleras. Generalmente, los mineros trabajan en zonas donde la minería está prohibida por ser áreas de reserva natural por su alta biodiversidad, como ocurre en La Pampa.

Nadie sabe cuántos trabajadores buscan oro porque no tienen representación en la Federación Minera de Madre de Dios, organización provincial que agrupa a otros miles de mineros que se establecieron en zonas aledañas hace casi 50 años.

Pero las autoridades calculan que los de La Pampa podrían llegar a ser 20 mil, incluidos niños y mujeres. La mayoría proceden de pobres comunidades montañosas vecinas.

La vida vale muy poco en los campamentos. Las cifras de muertes no se registran y el mercurio que se usa para recuperar el oro agrava los riesgos. Toneladas del material químico se filtran al medio ambiente y envenena la cadena alimentaria empezando por la de los mineros y sus familias.

No se sabe si habrá disturbios cuando las fuerzas de seguridad entren en La Pampa. En zonas cercanas, el gobierno ya ha desplegado más de dos mil agentes entre policías, miembros de la Armada, soldados del Ejército y pilotos de la Fuerza Aérea.

En una de ellas, llamada Huepetuhe, el gobierno ha dinamitado e incendiado tractores, camiones, volquetas, y motores pertenecientes a otros mineros que sacaban oro de ríos, lo que está prohibido.

El ruido de los motores, que antes predominaba en la zona, es cosa del pasado. Ahora, sólo quedan enormes montones de tierra removida, un cementerio de árboles de esta vasta zona desforestada y lagunas artificiales con agua lodosa en cuyo lecho se esconde el oro.

"Vivo de los motores, soy mecánico, y si el gobierno viene y los destruye, ¿de qué voy a vivir yo y mi familia?", dijo Leoncio Condori, de 51 años, quien creó su propio empleo hace seis años sin ayuda del estado.

Lo cierto es que los mineros saben que pronto los desalojarán. Que dinamitarán sus motores y destruirán sus tiendas de campaña. El gobierno afirma que los mineros destruyen bosques de gran biodiversidad y contaminan el ambiente con el mercurio que usan para separar el oro de las impurezas de la tierra.

"Por cada minero hay una familia detrás que come de su trabajo. Entonces hay miles de familias que se quedarán sin un sol siquiera para comprarle leche a sus hijos", dijo Gladis, cocinera de uno de los campamentos mineros, que se identificó sólo con su primer nombre por temor a represalias.

Perú es el primer productor de oro de Latinoamérica y el sexto a nivel mundial, según datos del 2012 del Servicio Geológico de los Estados Unidos.

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