19 de Agosto de 2018

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Cuando Fidel Castro desafió al país 'más poderoso'

Se convirtió en el padrino del resurgimiento de la izquierda en América Latina, guiando a una nueva generación de líderes contra EU.

Fidel Castro se aferró a sus creencias socialistas. (AP/archivo)
Fidel Castro se aferró a sus creencias socialistas. (AP/archivo)
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Agencias
LA HABANA, Cuba.- La revolución de Fidel Castro estaba muriendo lentamente... o eso parecía.

El comunismo se había derrumbado en Europa y la ayuda soviética para la isla fue cortada. La comida escaseaba. Los cortes de energía eléctrica silenciaban los televisores que normalmente sintonizaban una telenovela por las noches. Las fábricas se deterioraban en el calor tropical, informa AP.

El título de un libro estadounidense parecía ser preciso: 'La hora final de Castro'. Era 1992.

Sin embargo, la 'hora final' de Castro se convirtió en semanas, meses y finalmente años. Incluso cuando China y Vietnam abrazaron el libre mercado, Castro se aferró a sus creencias socialistas y el supuesto dinosaurio del comunismo siguió gobernando por otra década y media. En el camino se convirtió en el padrino del resurgimiento de la izquierda en América Latina, guiando a una nueva generación de líderes: Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador.

Ningún otro líder del Tercer Mundo generó tanta hostilidad de Estados Unidos, y por tanto tiempo. Castro llevó al planeta al borde de la guerra nuclear en 1962, envió decenas de miles de tropas para ayudar a gobiernos izquierdistas en África y alentó movimientos guerrilleros que lucharon en Latinoamérica contra gobiernos respaldados por el gobierno estadounidense.

Soportó el embargo de Estados Unidos y sobrevivió a 10 presidentes estadounidenses que promovían un cambio de régimen en Cuba. Finalmente renunció 11 meses antes de que Barack Obama llegara a la Casa Blanca, pero no por presiones de ese país, sino por una grave enfermedad.

Por más que haya conservado su actitud desafiante, su poder comenzó a diluirse a mediados de 2006, cuando fue afectado por problemas gastrointestinales que casi le cuestan la vida. En aquel momento, cedió primero provisionalmente y luego de manera definitiva la jefatura de Estado a su hermano Raúl. Se jubiló definitivamente 19 meses después, cuando Raúl pasó a ser oficialmente el presidente de Cuba. En el 2011 dejó su último cargo público, el de jefe del Partido Comunista, el que también quedó en manos de Raúl.

Y el viernes finalmente murió.

Hasta el final, Castro fue una figura divisiva. Para muchos fue un defensor de los pobres que junto con Ernesto 'Che' Guevara convirtió una violenta revolución en un ideal romántico, un símbolo de liberación que derrocó a un dictador y trajo educación y salud a las masas. Para los exiliados que deseaban la muerte de Fidel, él personificaba un régimen represivo que encerró a opositores políticos, suprimió las libertades civiles y destruyó la economía de la isla.

Cientos de miles de cubanos comenzaron a huir al norte casi inmediatamente después de que la revolución de Castro comenzó a virar la Cuba capitalista hacia un estado socialista, lo cual desanimó a reformistas que pensaban que sólo buscaba sacar del poder a Fulgencio Batista y restaurar la democracia.

El éxodo transformó no sólo a Cuba, sino también partes de Estados Unidos, sobre todo el sur de Florida, que se convirtió en el centro del sentimiento anticastrista. Conforme ganaron fuerza política, los exiliados cubanos se opusieron a suavizar el embargo contra la isla. Para aquellos a cuyas familias les confiscaron sus bienes, Castro no era más que un tirano.

Aunque fuera amado u odiado, no hubo duda que Castro jugó un papel fundamental en la escena mundial durante gran parte del siglo XX, siempre desde la isla, más pequeña que Pennsylvania, y que una vez fue visto como un lugar para ir a jugar y tomar el sol.

Los 'barbudos', como los rebeldes eran conocidos, marcharon triunfantes hacia La Habana días después de que Batista huyó el 1 de enero de 1959. Los Estados Unidos fueron de los primeros países en reconocer al nuevo gobierno. Sin embargo, la imagen de los insurgentes pronto se ensombreció cuando tribunales improvisados mandaron a funcionarios del antiguo régimen al pelotón de fusilamiento.

Castro se indignó por las críticas de Estados Unidos, que consideró injustas. Ese tono lo uso una y otra vez durante las siguientes décadas, convencido hasta el final de la justicia de su revolución.

El hombre que se convertiría en un símbolo global del comunismo fue el hijo de un capitalista.

Ángel Castro llegó desde la provincia española de Galicia para luchar contra la independencia cubana y se estableció en la nueva nación en 1902 como un trabajador sin tierra. Reclutó trabajadores para las compañías azucareras estadounidenses y luego compró una próspera plantación.

Décadas después, la plantación sería una de las primeras propiedades confiscadas por el gobierno de su hijo bajo un programa de reforma agraria.

Fidel Castro nació el 13 de agosto de 1926, hijo de Lina, la doncella, amante y a la postre segunda esposa de Ángel, el padre. Ambos tenían raíces en Galicia, España. Castro se crio en una vivienda de dos pisos, construida en madera. Asistió a una escuela que constaba de una sola aula, en una plantación, y aprendió a cazar. Alguna vez, atendió el bar en un establecimiento de la familia, junto a la carretera.

Más tarde, Castro relató que la vida entre los hijos descalzos de los campesinos pobres ayudó a formarle la conciencia social. De acuerdo con algunos relatos, discutía con su padre, al plantearle la inconformidad sobre el trato que recibían los trabajadores del campo.

Castro asistió a escuelas católicas en la ciudad oriental de Santiago y luego en La Habana, donde se le nombró el mejor deportista de su institución, por su habilidad para el basquetbol. Le encantaba también el béisbol, aunque es falsa la leyenda de que llegaron a echarle el ojo los cazatalentos de las Grandes Ligas.

Cuando estudiaba derecho en la Universidad de La Habana, Castro se sumergió en el ambiente de caos político que reinaba. Se unió a 'grupos de acción', formados por estudiantes, que solían involucrarse en actos violentos. Fue arrestado pero nunca acusado formalmente por el asesinato del líder de otro grupo en 1948.

Se unió a los intentos por derrocar al dictador dominicano Rafael Trujillo, y participó en las protestas realizadas en Colombia tras el asesinato de un candidato presidencial en esa nación.

Luego, se volvió abogado activista con ambiciones de ocupar un escaño en el Congreso de Cuba hasta que Batista organizó un golpe de Estado, el 10 de marzo de 1952, con lo que se imposibilitaron las elecciones previstas.

Fidel y Raúl Castro respondieron organizando un ataque casi suicida al cuartel Moncada en Santiago, el 26 de julio de 1953. Más de 60 de los 119 participantes en ese asalto murieron, la mayoría torturados después de su captura. Castro sobrevivió sólo gracias a que el soldado que lo apresó lo llevó a una estación policial y no a los cuarteles donde otros fueron muertos.

Castro fue encarcelado, pero ganó simpatías por la respuesta sangrienta de Batista al asalto

Liberado mediante amnistía, huyó junto con Raúl a México, y comenzó a reclutar un pequeño ejército rebelde. Viajó también a la ciudad de Nueva York a fin de recaudar dinero para su causa. Entre quienes se le unieron en la Ciudad de México figuró Ernesto 'Che' Guevara, un médico argentino que había atestiguado el derrocamiento de un presidente electo de Guatemala, mediante una operación encubierta por la CIA.

En 1956, Castro zarpó con 82 combatientes en el 'Granma', una endeble embarcación diseñada para dar cupo a una docena de personas, rumbo a Cuba. Las fuerzas de Batista fueron alertadas y avistaron el barco antes de que atracara. Salvo 12, los rebeldes fueron muertos o arrestados antes de que pudieran huir a la cercana Sierra Maestra.

Pero la guerra de guerrillas contra el régimen de Batista se volvió gradualmente imparable, y culminó el 8 de enero de 1959, con el ingreso de los rebeldes a La Habana, en medio de una muchedumbre jubilosa. Para las generaciones de jóvenes que atestiguaron ese momento, Castro se convirtió en un ícono histórico conocido simplemente como Fidel. Durante décadas, la izquierda en América Latina consideró a Castro prácticamente infalible.

Cientos de miles de personas acudieron a los discursos de Castro, escuchando durante horas su voz enérgica y persuasiva. En sus alocuciones, lo mismo repasaba la historia mundial que enumeraba estadísticas provinciales sobre la zafra, gastaba bromas sobre sus rivales y tronaba contra la injusticia del capitalismo. Su discurso de 269 minutos ante la Asamblea General de Naciones Unidas impuso un récord como el más largo, una marca que parece imposible de romper.

Poco después de la Revolución, Castro puso la mirada fuera de la isla.

'¡Cuánto necesitan América y los pueblos de nuestro hemisferio una revolución como la que ha tenido lugar en Cuba!', destacó Castro días después de su triunfo.

'¡Cómo se necesita que los millonarios que se han enriquecido robando el dinero del pueblo pierdan todo lo que se han robado!', añadió. '¡Cómo necesita América que sean fusilados los criminales de guerra de sus países!'.

La mayoría de los levantamientos inspirados por el gobierno cubano en el extranjero fracasó, incluido el intento de Guevara por llevar la revolución a Bolivia, donde fue capturado y muerto en 1967.

Pero los rebeldes ayudados por Cuba derrocaron al gobierno nicaragüense en 1979 y lucharon hasta la firma de tratados de paz en la década de 1990 en El Salvador y Guatemala.

La obsesión de Castro

Castro sigue siendo un héroe para muchos africanos, por enviar a más de 350 mil cubanos para que se unieran a la guerra civil en Angola contra una facción apoyada por Estados Unidos y por el gobierno segregacionista de Sudáfrica.

Incluso a una edad muy temprana, Castro parecía obsesionado con Estados Unidos, algo natural en una nación pobre, ubicada apenas a 150 kilómetros (90 millas) de la potencia económica. Estudió inglés en Santiago y practicó escribiendo una carta al presidente Franklin D. Roosevelt en 1940. La misiva se conserva actualmente en el Archivo Nacional de Estados Unidos.

'Presidente de Estados Unidos. Si usted quisiera, deme un billete verde de 10 dólares estadounidenses', señala el texto, firmado por 'Su amigo, Fidel Castro'.

La carta añade 'si quiere hierro para producir sus barcos, le mostraré las mayores minas de hierro en la tierra, se encuentran en Mayarí, en oriente de Cuba'.

Quizás sólo Castro supo cuándo abrazó el socialismo.

Cuando luchaba contra Batista, negó constantemente ser comunista, y muchos simpatizantes cubanos, periodistas extranjeros y compañeros de lucha le creyeron. En aquella época, Raúl era considerado el radical de la familia.

El gobierno estadounidense cortó la ayuda al régimen de Batista en sus últimos días. Pero ni siquiera los funcionarios estadounidenses más recelosos de cualquier influencia soviética estaban seguros de qué hacer con el líder rebelde.

Cuando Castro visitó Estados Unidos como nuevo presidente de Cuba en abril de 1959, denunció el comunismo, cortejó a la prensa, se reunió con el entonces vicepresidente Richard Nixon y pasó su mano por entre los barrotes para acariciar a un tigre en el zoo del Bronx.

En un memorándum de cuatro páginas al presidente Dwight D. Eisenhower, Nixon escribió que Castro era 'o increíblemente ingenuo con respecto al comunismo o está bajo la disciplina comunista'. Pero también manifestó que el líder de 32 años mostró 'esas cualidades indefinibles que hacen de él un líder. Pensemos lo que pensemos de él, va a ser un gran factor en el desarrollo de Cuba y muy posiblemente en el de los asuntos de Latinoamérica en general'.

Inicialmente muchas empresas estadounidenses querían trabajar con el gobierno revolucionario, incluyendo Coca-Cola, que publicó un anuncio en una revista celebrando 'la resurrección de las libertades democráticas en nuestro país'.

La popular revista cubana Bohemia dio la bienvenida a Castro y aseguró a sus lectores que el mandatario nunca abrazaría el comunismo. Un año más tarde, el editor de Bohemia huía del país mientras el gobierno tomaba el control de todos los medios independientes y de gran parte de la economía y las organizaciones sociales.

El gobierno estadounidense, preocupado por el giro a la izquierda de Castro, comenzó a imponer restricciones económicas y a respaldar tramas para derrocarlo. Fue un momento muy tenso en la Guerra Fría y Washington temía que Castro hubiera desatado un virus político que podía infectar a otras naciones latinoamericanas.

'El Comandante' se acercó todavía más rápido a la órbita soviética. Fábricas e incluso tiendas de barrio se transformaron en empresas estatales. Las granjas se colectivizaron. Los que en su día eran sindicatos obreros independientes fueron absorbidos por el sistema del Partido Comunista. Se vetó la existencia de otros partidos. Cada vecindario tenía su 'Comité de Defensa de la Revolución' para mantener a la población vigilada.

Muchos padres cubanos temían tanto la educación comunista que se separaron de sus hijos. Unos 14 mil niños fueron enviados a Estados Unidos con un programa de la iglesia católica conocido como Operación Pedro Pan.

Cuando Fidel Castro visitó las Naciones Unidas en septiembre de 1960, las relaciones con Washington eran tan malas que su delegación tuvo problemas para encontrar un alojamiento adecuado. Terminó pernoctando en el decrépito Hotel Theresa de Harlem, donde se reunió con el líder soviético Nikita Krushov.

Los exiliados formaron guerrillas para intentar derrocar a Castro, y la CIA los reclutó, entrenó y organizó para la invasión de Bahía Cochinos en abril de 1961. Fue una debacle para Estados Unidos y un triunfo para Castro, quien se subió a un taque para dirigir parte de la defensa de la isla. Más de mil 200 soldados invasores fueron capturados, un centenar fue asesinado y la operación quedó anulada.

Ese fue el momento escogido por el combativo líder para declarar oficialmente a Cuba como un país socialista. Para final de año, había adoptado la burocracia y los libros de texto soviéticos. Abrió una guerra contra el rock and roll y envió a sacerdotes, homosexuales y a otras personas consideradas sospechosos a campos de trabajo.

Los funcionarios estadounidenses podían hacer poco al respecto. Las advertencias de Cuba al mundo sobre una invasión estadounidense resultaron ser ciertas - y las declaraciones de EU negando su implicación, mentiras.

Washington no volvió a arriesgarse con una operación militar de gran calibre para derrocar a Castro.

El presidente John F. Kennedy instauró lo que se conoce como embargo estadounidense el 7 de febrero de 1962, ampliando restricciones ya existentes. La medida seguiría en vigor el resto de la vida de Castro.

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