25 de Septiembre de 2018

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Tener descendencia, el drama de las palestinas con maridos presos

Debido a que sus esposos cumplen largas condenas en Israel, las mujeres deben obtener a escondidas el esperma de sus maridos.

Muchas mujeres palestinas optan por la inseminación para poder tener un hijo. (Archivo/AP)
Muchas mujeres palestinas optan por la inseminación para poder tener un hijo. (Archivo/AP)
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Agencias
RAMALÁ, Cisjordania.- El centro médico palestino Razan de Ramalá, especializado en inseminaciones in vitro, ofrece sus servicios a clientas especiales, las mujeres de los detenidos palestinos que cumplen largas penas de detención en las cárceles israelíes.

El último caso reportado por la prensa es el de una joven de Hebron que afirma haber dado a luz a un bebé utilizando el esperma de su marido tras sacarlo a escondidas de la prisión israelí de Ketziot (Neghev).

"El primer pedido de este tipo", reveló a ANSA Salem Abu Khaizaran, el director del centro, "nos llegó en 2003 de parte de una joven esposa de Jenin. Inmediatamente nos pusimos en marcha para obtener la aprobación de las autoridades religiosas y de los partidos".

El consentimiento político y la "fatwa" (veredicto coránico) llegaron en un tiempo breve, pero Abu Khaizaran la sociedad palestina aún no estaba lista.

"A través de encuentros con las comunidades locales buscamos explicar el mecanismo de la inseminación artificial para evitar -explicó- posibles malentendidos debidos a la visita de una mujer embarazada con su marido detenido desde hace años".

Según la ley palestina, una mujer puede divorciarse y volver a casarse si su marido está ausente más de tres años, pero pocas lo hacen

En los países de mayoría musulmana la inseminación artificial es práctica común desde los años 80.

Finalmente en agosto de 2012 la mujer de Jenin, Dalal al-Zabin, dio a luz a Mohammed, el primer hijo de un detenido palestino nacido mediante inseminación in vitro. Desde entonces, con el mismo proceso, nacieron -según los anuncios de los medios- al menos 22 niños, en tanto se están cursando siete embarazos.

El problema es llevar a cabo el "operativo" desde la cárcel. Israel no permite visitas conyugales a los detenidos que cumplen penas de detención por graves hechos de sangre.

Los coloquios entre marido y mujer se realizan a través de la barrera de una pared divisoria de vidrio: sin embargo, las autoridades carcelarias permiten breves encuentros entre los detenidos y sus hijos más pequeños, y al parecer es así como se consigue pasar el semen.

"En estos últimos años recibí muestras de esperma en todo tipo de contenedor: desde el frasquito de colirio a la lapicera Bic oculta en una barrita de chocolate, incluyendo un pedacito de guante de goma oculto en un dátil", contó el director.

"La muestra -explicó- casi siempre es utilizable. Para la fecundación basta una quincena de espermatozoides". El costo de la inseminación in vitro para parejas comunes en el centro Rezan cuesta tres mil dólares, pero para las esposas de los detenidos rige una tarifa especial de 200 euros (para el material médico y los medicamentos).

La cuestión de los prisioneros es un tema central en la sociedad palestina. La Autoridad Nacional Palestina (ANP) sostiene económicamente a sus familias, por ser "combatientes por la causa nacional".

Según las estimaciones, hay unos cinco mil cumpliendo una larga detención. Si la esposa de un recluso decide esperar más de 20 años para reunirse con su marido -se indica- corre el riesgo de no ser más fértil: por lo tanto, con tal de tener hijos, su pareja podría decidir casarse con una mujer más joven.

Por lo tanto, según Abu Khaizaran, dar la posibilidad a las mujeres jóvenes de tener hijos en estas condiciones es un "imperativo moral".

Según la ley palestina, una mujer puede divorciarse y volver a casarse si su marido está ausente más de tres años: pero pocas lo hacen, sobre todo por el estatuto de héroe que alcanza el detenido. Abandonarlo significaría traicionar la causa. 

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