15 de Diciembre de 2017

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A 25 años de la caída del Muro de Berlín

Poco queda del símbolo más poderoso de la Guerra Fría, pero a pesar de los años aún persisten algunas desigualdades.

El Muro de Berlín dividió a la ciudad por más de dos décadas; ahora solo quedan pocas secciones de él. (AP)
El Muro de Berlín dividió a la ciudad por más de dos décadas; ahora solo quedan pocas secciones de él. (AP)
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Agencias
BERLÍN, Alemania.- Alemania celebra el domingo el 25 aniversario de la noche en que cayó el Muro de Berlín, un momento crucial en el final del comunismo y el inicio de la aparición del país como la principal potencia en el corazón de Europa.

Una cadena de globos iluminados de 15 kilómetros a lo largo de la antigua frontera entre las dos alemanias se soltarán en la madrugada del domingo - a la misma hora que, el 9 de noviembre de 1989, el confuso anuncio de un alto cargo comunista desencadenó una serie de acontecimientos que derribaron el símbolo más potente de la Guerra Fría, según informa The Associated Press.

La apertura de la fortificada frontera de Alemania del Este culminó meses de efervescencia que guiaron la elección del primer ministro postcomunista de Polonia y la apertura de la valla fronteriza de Hungría. 

El liderazgo de línea dura de Berlín oriental se enfrentaba a la creciente presión de protestas multitudinarias y al éxodo de ciudadanos a través de otros países comunistas.

La caída del Muro, que dividió la ciudad durante 28 años, fue "un punto de no retorno (...) a partir de ahí, las cosas se encaminaron hacia un nuevo orden mundial", dijo Axel Klausmeier, director del principal monumento al Muro de la ciudad.

Merkel, atrapada

La canciller Angela Merkel, que creció en Alemania oriental, inaugurará el domingo un museo en la zona - donde está una de las pocas secciones del Muro que se mantienen.

Merkel - de 60 años y que entonces era una físico que entraba en política a medida que caía el comunismo - recuerda la sensación de estar atrapada detrás de la frontera que separaba a las dos alemanias.

"Incluso hoy en día, cuando paso a través de la puerta de Brandemburgo, hay un sentimiento residual porque eso no era posible durante muchos años de mi vida, y tuve que esperan 35 años para tener este sensación de libertad", dijo Merkel la semana pasada. "Esto cambió mi vida".

La futura canciller estaba entre las miles de personas que pasaron al lado occidental de la ciudad horas después de que el portavoz del Politburó gobernante, Guenter Schabowski, anunciase en una conferencia de prensa televisada que se permitiría que los alemanes del este viajasen a Alemania Occidental y a Berlín Occidental.

Presionado sobre cuándo entraría en vigor la medida, Schabowski pareció dubitativo pero dijo: "Que yo sepa, esto es inmediato, sin demora". Pronto, medios occidentales informaban de que Alemania de Este estaba abriendo su frontera y los berlineses que vivían allí se agolpaban para cruzar por primera vez al otro lado.

Los guardias fronterizos no habían recibido órdenes de dejar pasar a nadie, pero se dieron por vencidos al intentar hacer retroceder a la multitud. Para medianoche, todos puestos de paso entre los dos lados de la ciudad estaban abiertos.

Persisten desigualdades

Egon Krenz, que en ese momento lideraba Alemania del Este, dijo más tarde que el plan era permitir los viajes solo la mañana siguiente, para que los ciudadanos pudiesen hacer cola debidamente para obtener sus visados. Pero los gobernantes perdieron el control de la frontera, y Alemania se situó pronto en el camino a la reunificación, que se cerró menos de un año más tarde, el 3 de octubre de 1990.

Desde entonces se han destinado entre 1.5 y 2 billones de euros (entre 1.9 y 2.5 billones de dólares) a la reconstrucción de lo que una vez fueron las ruinas del este del país. Aunque muchas cosas han cambiado, todavía persisten algunas desigualdades.

Los salarios y las pensiones siguen siendo todavía más bajos, y el desempleo más alto, en el este que en el oeste. Muchas zonas orientales vieron como su población caía ya que la gente se machaba al lado occidental por trabajo, algo que solo ahora parece dar signos de cambiar.

Existen también diferencias culturales: hay una mayor proporción de niños en guarderías en el este, un legado de la época comunista, y el Partido de Izquierda de la oposición - que procede en parte de los gobernantes comunistas - sigue teniendo fuerza allí.

Agradecidos

Pero el gran paso hacia la verdadera unificación se ve en los puestos de liderazgo del país: No solo Merkel procede de Alemania del Este, también es de allí el presidente del país, Joachim Gauck, un ex pastor protestante y activista en favor de la democracia.

Los alemanes de hoy pueden estar agradecidos de tener una vida y unas oportunidades, dijo Gauck, "con las que un sinfín de personas en todo el mundo solo pueden soñar y desear".

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