18 de Septiembre de 2018

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Sufre Níger por Charlie Hebdo

Tras la matanza en el semanario francés Charlie Hebdo las tensiones religiosas aumentan en un país donde el 2% de sus habitantes es cristiano.

Los ataques contra cristianos y contra iglesias en Níger cada vez son más frecuentes. (rpp.com.pe/Foto de archivo)
Los ataques contra cristianos y contra iglesias en Níger cada vez son más frecuentes. (rpp.com.pe/Foto de archivo)
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Agencias
NIAMEY, Níger.- El 17 de enero unas 70 iglesias de Niamey, la capital de Níger, fueron quemadas al grito de “Allahu Akbar”. 

Parece que quien encendió la mecha de la violencia fue el presidente Issoufou, quien, acompañado por el imán y el arzobispo de la capital de Níger, participó pocos días antes en la marcha de los líderes mundiales en París por el atentado cometido contra personal del semanario Charlie Hebdo.

Cuatro meses después de la barbarie en Níger, que costó la vida a cinco personas, las tensiones religiosas no disminuyen y el país del Sahel es cada vez más un polvorín a punto de estallar.

Los conocidos hechos de Charlie Hebdo han creado una grieta aparentemente irreparable entre el mundo islámico y el cristiano. Un ejemplo de esta situación es Níger, que en enero fue el escenario de ataques muy graves contra la minoría cristiana.

El 11 de enero, cuatro días después del atentado contra la sede de la revista satírica, se celebró en París una imponente marcha contra el terrorismo islámico, a la cabeza de la cual había dirigentes de todo el mundo. También estaba el presidente de Níger, Mahamadou Issoufou, quien quiso tener a su lado al imán y al arzobispo de Niamey.

Este posicionamiento y la publicación, el 14 de enero, de un nuevo número de Charlie Hebdo con una representación en la portada del profeta Mahoma echaron más leña al fuego.

El 16 de enero, un viernes (el día sagrado de los musulmanes), tuvieron lugar en Zinder, la segunda ciudad de Níger, las primeras represalias contra un número limitado de iglesias, parcialmente aplacadas por la policía.

Lo impensable

A través de la televisión pública, el ministro del Interior compareció para asegurar que una cosa así jamás sucedería en Niamey. Sin embargo, tan solo 24 horas más tarde las iglesias protestantes, católicas y evangélicas de la capital fueron destruidas por la furia de cientos de islamistas armados con picos, palas y gasolina. Hoy 69 sedes religiosas cristianas son una pila de escombros. Los responsables siguen en libertad y, probablemente, lo estarán siempre.

Han pasado más de cuatro meses desde aquel día, y Abraham Ogunkunle, pastor de la iglesia evangélica La Cruz, no encuentra sosiego. “Se llevaron los bancos, las Biblias, las sillas, los altavoces y lo quemaron todo. Y mientras lo hacían, gritaban ‘Allahu Akbar'”.

De esta iglesia, en pleno centro de Niamey, han quedado sólo las paredes. Durante la misa los fieles, pocos, se sientan en sillas de plástico azul bajo un techo de chapa en el patio trasero. “Cada vez son menos, tienen miedo de nuevos ataques. Incluso yo tengo miedo. ¿Y los del gobierno qué hacen para proteger a los cristianos? Sólo saben hacer promesas que no cumplen”, añade el pastor.

Solo 2% son cristianos

En Níger los cristianos representan sólo dos por ciento de la población. Siempre han vivido en armonía con la mayoría musulmana, hasta que Charlie Hebdo publicó la portada de Mahoma. Los ataques en Niamey tuvieron lugar un sábado, una suerte, según muchos. Ese día las iglesias estaban semi desiertas. Si hubieran sucedido en domingo, con numerosos fieles en misa, las víctimas habrían sido muchas más.

El padre Paul es el párroco de la iglesia católica de San Gabriel, en la periferia de la ciudad: “Hace dos años ya había hecho instalar alambres alrededor del perímetro de la iglesia porque frecuentemente nos lanzaban piedras desde el exterior. Construir nuestra iglesia costó muchos años y en pocos minutos lo destruyeron todo.

“Han atacado sistemáticamente iglesias y casas. Tiene que haber sido organizado, todavía estoy en shock. Había niños en moto que se turnaban para transportar latas y botellas de gasolina. Otros llevaban neumáticos de automóviles y camiones que luego incendiaban. El olor y el humo eran insoportables. Entre robar y destruir prefirieron destruir, y eso dice mucho del odio que sienten hacia nosotros”.

El párroco continúa: “De nuestro Cristo en la cruz han quedado sólo los brazos. Le pedí al arzobispo que dejásemos el crucifijo así: no podemos ni debemos olvidar”.

El 17 de enero miles de personas se rebelaron de repente en contra de los cristianos, pero no todos estaban en la calle gritando “Allahu Akbar” mientras destruían iglesias.

Ni siquiera ha habido detenciones

“Muchos escondieron y protegieron a sus amigos cristianos en casa para evitar que fueran linchados. Yo mismo fui rescatado y puesto a salvo por mis vecinos musulmanes. Otros hicieron un escudo humano frente a las iglesias para impedir que las quemaran, aunque sin éxito”, concluye el padre Paul.

A pesar de los increíbles y documentados ataques, que además de los daños materiales a las iglesias han costado la vida a al menos cinco personas, todavía no se han producido detenciones y no parece que haya voluntad política para tomar medidas en este sentido.

La policía no hubiese podido intervenir en todas las iglesias asaltadas, pero seguramente ha caído en la negligencia. Si se trató de una negligencia voluntaria o involuntaria todavía no se sabe. Los rumores de la calle dicen que los atacantes estaban bien pagados: 100 mil francos (unos dos mil 500 pesos) para repartir entre los participantes por quemar iglesias y 50 mil francos (unos mil 300 pesos) por locales frecuentados por cristianos, como bares y restaurantes.

El padre Mauro Armanino, misionero italiano desde hace muchos años, llegó a Níger hace cuatro años y se dedica principalmente a ayudar a los migrantes. Tiene las ideas claras sobre lo que está ocurriendo en el que, según las cifras de la ONU, es el país más pobre del mundo.

“Los católicos, los protestantes y los evangelistas no han sabido interpretar lo que ha pasado en los últimos 30 años en la sociedad de Níger. Algunos grupos islámicos radicales, formados en Nigeria o Arabia Saudí, han podido integrarse gracias a los grandes vacíos dejados por la política; la Universidad de Niamey está llena de mezquitas; no hay ni una sombra de intelectuales que se opongan a este gobierno, y la pobreza y el analfabetismo, que van de la mano, han sido el golpe de gracia”.

Salvamento de la Catedral

El padre Mauro lleva adelante su trabajo en la gran catedral de Niamey, que se ha salvado de la furia islamista. Faltó poco para que la destruyeran, pero afortunadamente al menos aquí el 17 de enero la policía intervino con prontitud.

Desde entonces, la policía vigila la iglesia más grande de la capital, un compromiso que sin embargo ha ido disminuyendo con el tiempo; inicialmente había siempre unos 10 hombres, pero ahora solo hay dos, que pasan la mayor parte del tiempo descansando en un jeep destartalado.

“Actualmente -continúa el padre Mauro-, llevar una cruz en el cuello o tener un nombre cristiano se ha convertido en peligroso. Lo más llamativo de esta reacción violenta es la preparación que ha habido detrás”.

Todavía abunda: “En la sociedad de Níger ciertas cosas que no eran aceptables ahora lo son, tanto en los discursos como en los sermones incendiarios que emite la televisión, que no están sujetos a ningún control. Lo que se propone es una sociedad con menos compromisos con el mundo occidental, que aquí, sin duda, tiene mucha culpa, y unos valores, si se pueden llamar así, por los que vale la pena luchar e inmolarse. Así es como se alimenta el extremismo religioso”.

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