20 de Septiembre de 2018

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Níger, escala obligatoria en la ruta a 'El Dorado' europeo

Sin importar los peligros que se les presentan en el camino, los indocumentados hacen lo necesario para salir de la miseria y llegar a Europa.

Níger se ha convertido en un punto de tránsito clave para los migrantes de África Occidental. (Notimex)
Níger se ha convertido en un punto de tránsito clave para los migrantes de África Occidental. (Notimex)
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Agencias
NIAMEY, Níger.- Níger se ha convertido en un punto de tránsito clave para los migrantes de África Occidental que se dirigen a Libia y, luego, a Europa.

Antes de la guerra en Malí había muchas vías para llegar a las costas del norte. Sin embargo, en los últimos años los jóvenes desesperados que huyen de la miseria de sus países parecen no tener demasiadas opciones.

Ahora, hacen una parada obligatoria en Niamey, la capital de Níger; otra en Agadez, donde el Sáhara comienza a hacerse notar; y, desde ahí, falta recorrer miles de kilómetros en un océano de arena hacia las costas libias. La garantía de llegar a su destino es un espejismo, según publica Notimex.

La estación de autobuses Rimbo Transport Voyageurs, no muy lejos del centro de Niamey, ha visto pasar a un número infinito de viajeros que se dirigían a Agadez, en el norte del país del Sahel. Agadez, sin embargo, no es la meta final, sino la enésima parada donde se puede conseguir a un alto precio un billete a Libia. Estos migrantes están dispuestos a arriesgar sus vidas para llegar, algún día, a “El Dorado” europeo.

Padre Laurent, el responsable del centro de acogida para los migrantes en tránsito de la Catedral de Niamey, ha encontrado la manera de hacerse oír y de ayudar a cientos de migrantes de muchos países africanos:

“Todos son conscientes de los muchos peligros que pueden encontrar en el camino. Primero tienen que cruzar un mar de arena, y luego uno de agua. Siempre les digo que es un suicidio, pero ellos me responden siempre lo mismo: ‘Mejor morir que quedarse en casa sin nada que comer'. Es trágico, pero es así. A veces es realmente difícil culparlos”.

Dentro del recinto de la estación de Rimbo hay dos dormitorios, uno para las mujeres y otro para los hombres. Ambos están siempre llenos, las 24 horas del día, los siete días de la semana.

Dada la alta demanda, pueden pasar varios días antes de conseguir comprar un billete de autobús hasta Agadez. El personal de la estación a menudo hace la vista gorda con los que llevan días en el dormitorio, ya que por norma podrían quedarse sólo una noche.

“Hacer este viaje cuesta muchísimo dinero. Difícilmente logras llegar a Italia con menos de un millón 800 mil francos (unos 47 mil pesos mexicanos). Lo más caro no son los billetes, ni la comida, ni encontrar un sitio para dormir, sino los sobornos que hay que dar a los policías en los controles fronterizos”, relata Alí.

“Se inventan tasas para los migrantes, y cuando contestas que no te lo puedes permitir se enfadan, te golpean y te amenazan con meterte en la cárcel y mandarte de vuelta a casa. Estás obligado a pagar, no te queda otra”, agrega Ali, futbolista senegalés de 18 años que hasta hace unos meses jugaba en la máxima categoría de Guinea Bissau.

La noche del 18 al 19 de abril tuvo lugar en la costa de Libia el que se considera el mayor naufragio de la historia reciente del Mediterráneo. Se estima que en el incidente perdieron la vida casi 800 personas provenientes de Siria, Somalia, Sierra Leona, Malí, Senegal, Gambia, Costa de Marfil y Etiopía. La tragedia no ha detenido el tráfico de personas hacia Europa; de hecho, el flujo parece crecer constantemente.

Boubakar Cissé, compatriota y coetáneo de Ali, ha perdido a dos hermanos en este naufragio. Apenas recibió la noticia, no se lo pensó dos veces y se fue:

“Estaba en casa, en Senegal, cuando recibimos una llamada para comunicarnos la muerte de mis hermanos. Mi madre estaba sentada a mi lado. El mismo día tomé mis cosas y me fui de casa sin decirle nada. Mis dos hermanos eran nuestra esperanza. Con su muerte, me he convertido yo en la esperanza de mi familia. Llegaré a Europa, encontraré trabajo y le mandaré dinero a mi madre”.

Desde la caída de Muamar el Gadafi en Libia, en 2011, el número de barcazas que hacen la ruta entre las costas de Libia y las italianas se ha disparado. El exrais, que violaba continuamente los derechos humanos más básicos, sabía cómo limitar el número de salidas.

Los gobiernos europeos, e Italia en primer lugar, habían encontrado en él un sólido interlocutor en materia de políticas migratorias. Hoy, con la guerra civil que ha azotado Libia, Europa comienza a mirar más al sur, hacia Níger.

Lo sabe bien Giuseppe Loprete, jefe de la misión en Níger para la Organización Mundial para las Migraciones (OIM): “La situación de inestabilidad en Libia ha hecho que la Unión Europea (UE) buscase un nuevo interlocutor con el que planificar políticas para detener este goteo incesante de muertes”.

Explica: “En la OIM, estamos trabajando muy bien con las autoridades de Níger, que están mostrando una gran disponibilidad. Juntos llevamos a cabo campañas de información sobre los peligros de viajar a Europa e intensificamos los controles, tratando de persuadir a los migrantes para que regresen a casa”.

Además, en el organismo “les incentivamos ofreciéndoles el viaje de regreso y una pequeña suma de dinero para que abran un negocio en su país de origen. Los ciudadanos de la región pueden moverse libremente sin visados, y esto sin duda no nos ayuda a tener la situación bajo control”.

Los autobuses hacia Agadez salen a las tres de la mañana. En las horas precedentes la pequeña plaza de la estación Rimbo se llena de viajeros que acampan en el suelo. Les espera un brusco despertar: los miembros del staff de Rimbo, equipados con megáfonos, hacen sonar una alarma ensordecedora y hacen levantar rápidamente a todos los presentes, que, en medio de un silencio sepulcral, recogen su poco equipaje y se dirigen hacia el autobús.

A bordo del autobús casi nadie quiere hablar, excepto Pierre, un marfileño de 25 años: “Estamos todos tristes porque sabemos que el verdadero viaje empieza ahora. Sabemos que de aquí a unos pocos kilómetros tendremos que desembolsar más dinero para los gendarmes. Sabemos que los policías libios son los más despiadados. Ahora lo único que podemos hacer es rezar”.

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