19 de Septiembre de 2018

Mundo

La inocencia perdida entre los cafetales

Por menos de dólares, los menores trabajan jornadas de ocho horas en los cafetales de Perú.

Miles de menores peruanos trabajan en fincas rurales de café, las llamadas chacras. Imagen de contexto.(terra.com.co/AFP)
Miles de menores peruanos trabajan en fincas rurales de café, las llamadas chacras. Imagen de contexto.(terra.com.co/AFP)
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Agencias
LIMA, Perú.- Miles de menores peruanos trabajan en fincas rurales de café, las llamadas chacras, una práctica que se derivada ante todo de la pobreza en la que vive inmersa una gran parte de la población del país. 

Numerosos niños trabajan ocho horas durante la semana y estudian por las noches. En general, casi la mitad de los menores peruanos están involucrados en actividades laborales, lo que entraña serios riesgos para su futuro bienestar, según publica el sitio web actualidad.rt.com.

Un 25 por ciento de la población de Perú, es decir 7.7 millones de personas viven en condiciones de pobreza, según las cifras del Instituto Nacional de Estadística de Perú. 

De estos datos se deriva que más de un millón de peruanos vive en condiciones de pobreza extrema, es decir, que ganan menos de un dólar por día. La gran mayoría de ellos vive en las zonas rurales, según lo refleja un reportaje de Gloria Alvitres publicado por Animal Político.

En estas condiciones no sorprende que los niños se vean obligados a trabajar incluso antes de cumplir los 10 años. Así, en el Departamento de Pasco, una de las regiones más pobres de Perú, un 64 por ciento de los niños trabaja en restaurantes, por ejemplo, o en actividades agrícolas, como fincas de café, haciendo varios trabajos macheteando, sembrando, fumigando y recolectando café. Los niños que hablan lenguas nativas sufren aún más que los demás niños.

El reportaje muestra como Marianela y David, dos adolescentes de 15 años, trabajan de día y por las noches intentan estudiar. Marianela se levanta cada día a las 05:00 horas y va a recolectar granos de café, sin botas y sin guantes, durante ocho horas. Luego estudia desde las seis de la tarde hasta las diez de la noche. Los fines de semana también trabaja, pero no en la finca, sino en restaurantes y vendiendo comida.

David es originario de la comunidad amazónica yanesha, pero ahora también vive en Pasco, donde siembra y cosecha café, carga baldes y madera o lo que sea. Su salario diario es de 20 ó 30 soles (6-10 dólares). Le pagan seis soles (menos de dos dólares) por una lata de 15 kilos de café, y lo máximo que puede recolectar, en el mejor de los casos, son siete latas.

Casi el 40 por ciento de los niños peruanos de entre seis y 17 años desempeña algún tipo de labor, según Europa Press. 

La peor situación la sufren las menores que trabajan como empleadas domésticas, pues debido a la ausencia de control, son amenazadas con acabar en una situación de explotación, violencia física e incluso violencia sexual. Sin embargo, todos los niños que trabajan acumulan retrasos en su educación, algo que crea inevitablemente una seria desventaja para su futuro.

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