17 de Diciembre de 2017

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El hombre que perdió un amigo cuando Bergoglio se convirtió en Papa

Adrián Pallarols ha compartido momentos importantes con el ahora Sumo Pontífice: él lo casó y bautizó a sus hijos.

Pallarols conoció al hoy Papa Francisco cuando se desempeñaba como Arzobispo de Buenos Aires. (Facebook/Adrián Pallarols)
Pallarols conoció al hoy Papa Francisco cuando se desempeñaba como Arzobispo de Buenos Aires. (Facebook/Adrián Pallarols)
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Agencias
CIUDAD DEL VATICANO.- El orfebre argentino Adrián Pallarols reveló que trabaja en un cáliz especial que usará el Papa Francisco durante su visita apostólica a Estados Unidos el próximo año, y que incluirá una etapa en Nueva York.

A través de su cuenta en la red social Twitter, el artista aseguró que el pontífice irá a la “gran manzana” en septiembre de 2015, tras asistir al Encuentro Mundial de las Familias previsto ese mismo mes en la ciudad de Filadelfia.

Aunque el Vaticano no dio a conocer ni la duración ni los detalles de su paso por la Unión Americana, el mismo Jorge Mario Bergoglio, anunció que asistirá a la reunión de las familias católicas del mundo, prevista en la capital del estado de Pennsylvania del 22 al 27 de septiembre del próximo año.

Lo hizo en un discurso pronunciado ante los asistentes a un congreso sobre la complementariedad hombre-mujer, convocado por la Congregación para la Doctrina de la Fe. No dio fechas exactas, ni tampoco habló sobre Nueva York en esta ocasión.

Obsequio imposible

La historia de Pallarols y el Papa es especial. A él no le gusta que le llamen “el orfebre del Papa”, aunque de hecho lo es. Ya realizó el cáliz personal de Francisco, como había regalado otro a Benedicto XVI gracias al entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio.

Como el propio artista contó, en entrevista con Notimex, unos 10 años atrás se acercó con el cardenal argentino. Él era su última esperanza, tras haber tocado la puerta de la nunciatura apostólica (embajada vaticana) en la capital argentina.

Su intención era obsequiarle un cáliz a Joseph Ratzinger, pero el entonces nuncio Adriano Bernardini ya había dicho que no.

“El protocolo hacía casi imposible llegar al Papa con un regalo. En última instancia yo me acerqué y le conté de la propuesta, él con muchísima predisposición dijo: vamos a ver qué podemos hacer”, contó.

“Jamás lo vi fanfarronear o decir, esto lo voy a resolver en dos minutos. Sólo me dijo: vamos a hacer todo lo posible para que esto suceda. Cuando llegó el momento él estaba sentado junto a Benedicto, explicando y terminando su trabajo como pastor, porque una de sus ovejas quería llegar con esto”, agregó.

Entonces nació una relación cercana, una amistad. A Pallarols Bergoglio lo casó, bautizó a su hijo, compartieron almuerzos juntos. “Muchas cosas que tienen que ver con la familia y no tanto con el prestigio de lo que envuelve a un Papa”, precisó.

Mundo de amigos

En Buenos Aires a menudo el orfebre pasaba por la curia, tocaba el timbre y saludaba un momento al arzobispo. Su colaboración fue más allá y él comenzó a acuñar la medalla de la Virgen de los Desatanudos, un regalo que el cardenal solía dar a sus personas cercanas.

“Cuando lo eligieron yo estaba muy triste porque perdí un amigo que estaba a la vuelta de la esquina, al cual le tocaba el timbre, él salía y nos dábamos un abrazo. Por supuesto que el Papa ganó un mundo de amigos, pero nosotros perdimos a uno. Claro, con esa visión débil y un poco egoísta”, reconoció.

En su reencuentro en Roma, tras la elección, el pontífice cacheteó con cariño al orfebre y compartieron un momento familiar. “Padre, yo desconozco del protocolo del Vaticano, cómo le tengo que decir”, le preguntó él. “Hijo, como siempre padre Jorge. Acá nada, como siempre”, respondió Bergoglio.

Entre otras cosas Pallarols realizó el trofeo del primer partido interreligioso por la paz, que se disputó el 1 de septiembre pasado y que enfrentó a grandes estrellas del fútbol mundial en el Estadio Olímpico de Roma, convocados por Papa.

El premio, simbólico, fue un pequeño árbol de olivo, en referencia a la costumbre del cardenal argentino de sembrar olivos como gesto de paz entre las religiones.

“La verdad no se qué signifique ser el orfebre del Papa. Para mí es un privilegio sentirme tan querido, lo que venga después será producto del buen comportamiento, de lo que la providencia tenga para cada uno”, apuntó.

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