22 de Noviembre de 2018

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Inédita subida de 40% en tipos de interés para contener el dólar

Se percibe devaluación sin freno del peso argentino ante alza súbita.

Anuncia gobierno argentino alza de interéses y freno en obra pública. (Fuente: AFP)
Anuncia gobierno argentino alza de interéses y freno en obra pública. (Fuente: AFP)
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Agencia
ARGENTINA.- El Gobierno argentino se empeña en trasladar tranquilidad, pero los antecedentes de una de las economías más convulsas del mundo occidental han desatado el nerviosismo dentro y fuera del país.

El dólar se ha disparado y el Gobierno ha decidido sacar el calibre grueso para luchar contra su escalada.

Por tercera vez en la misma semana, el Banco Central subió los tipos de interés, que ya eran los más altos de la región, y los llevó en unos días del 27% al 40%, un récord en la era Macri, además el Gobierno anunció un ajuste de 3 mil 200 millones de dólares, sobre todo en obra pública, la estrella del mandato.

En Argentina están tan acostumbrados a las crisis que todos saben interpretar rápidamente las señales y la del dólar es la más clara; por eso en cuanto ven movimientos, los argentinos que pueden, se lanzan a comprar el billete verde, y eso amplifica la crisis y los nervios.

El ministro de Economía, Nicolás Dujovne, compareció hoy para tratar de frenar esa escalada histérica y lanzar un mensaje claro a los mercados, que hasta ahora habían sido muy benevolentes con Macri pero han empezado a presionar con fuerza.

Dujovne, que dio una rueda de prensa poco después del anuncio de esa inédita subida al 40% de los tipos de interés, una cifra impensable en cualquier país del entorno, les prometió a los mercados que bajará más el déficit: el objetivo pasa del 3.2% del PIB al 2.7%.

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El mensaje a los inversores era claro: Argentina baja el gasto y necesitará así, menos endeudamiento, con lo que los que meten su dinero en este país no deben asustarse.

El golpe tuvo efecto inmediato y el dólar empezó a bajar, pero la maniobra tiene consecuencias negativas fuertes. La subida al 40% de los tipos y el recorte del gasto suponen un frenazo para una economía que había vuelto al crecimiento y empieza a salir de una larga crisis.

El peso, una moneda vapuleada

Peso moneda nacional, peso Ley, peso argentino, austral, luego peso convertible y finalmente peso, a secas. Los cambios de denominación de la moneda argentina marcan también la película de las crisis que desde la década de los 70 golpean cíclicamente al país austral.

En 1981, cuando la dictadura agonizaba y los militares perdían el control de la economía, un argentino podía tener en su bolsillo un billete de 1.000.000 de pesos. Después se recuperó la democracia pero las crisis no desaparecieron.

El presidente Raúl Alfonsín le sacó cuatro ceros y lo convirtió en 100 pesos argentinos. Luego le sacó otros tres y lo llamó austral, a las apuradas, tanto que durante un tiempo circularon los viejos papeles con un sello con la nueva denominación.

Tras la hiperinflación de 1989, que acabó con Alfonsín, Carlos Menem le sacó otros cuatro ceros y los argentinos se dolarizaron: un peso valía un dólar.

El peso que estos días sufre una nueva corrida cambiaria es aquel de los 90, que en 2002 abandonó la paridad con el dólar y fue devaluándose poco a poco hasta alcanzar los 23 pesos por cada billete de la moneda norteamericana. Desde 1970, el peso argentino ha perdido 13 ceros, todo un récord en país convulsionado.

Macri muestra así que está dispuesto a hacer lo que sea para frenar la inflación, que el gobierno fijó para este año en 15%, cuatro puntos menos que las previsiones que dio el FMI en su informe regional de primavera. 

Pero las críticas son cada vez más fuertes porque muchos argentinos que le votaron pensaban que a estas alturas ya habría controlado ese fantasma de la subida incontrolada de precios, que históricamente ha hundido a varios gobiernos en el país austral.

Macri tiene aún un importante control político de la situación: obtuvo un muy buen resultado en las elecciones legislativas de octubre de 2017 y enfrenta a una oposición dividida, pero la economía se ha convertido claramente en su punto débil y hay rumores constantes de posibles cambios en el equipo económico.

La subida progresiva de los tipos muestra la desesperación del Gobierno, que no consigue controlar la escalada del dólar.

El primer intento de frenarla llegó el viernes pasado, con una subida de 300 puntos, se replicó ayer jueves y se completó hoy luego de que el peso perdiera 8.6% de su valor durante las últimas 24 horas.

El dólar cerró ayer a 23.30 pesos, su mayor valor desde que en 2001, durante la mayor crisis reciente, con cinco presidentes en dos semanas, se abandonara la llamada convertibilidad, esto es el cambio fijo de un dólar un peso.

Los mercados presionan al Gobierno para que haga un ajuste más fuerte. Macri siempre contestó que no había margen político, económico ni social en un país con casi un 27% de pobreza para hacer ese recorte que le piden. Pero ahora les ha concedido al menos una parte con ese anuncio de freno a la obra pública.

El consenso es que el déficit fiscal está en el origen del problema de Argentina, que depende de financiamiento externo, cada vez más caro por la subida de tipos de interés de EEUU, para cubrir su exceso de gastos.

“La nueva meta de déficit para este año nos permitirá ahorrar 3 mil 200 millones de dólares en las finanzas públicas. El resultado financiero va a bajar en la misma proporción, porque la cuenta de interés será estable y el déficit bajará. Eso es importante porque Argentina no puede seguir viviendo de prestado”, dijo Dujovne.

El mercado cambiario reaccionó de inmediato a las medidas oficiales, luego de un jueves negro para el peso. El dólar bajó en la apertura de 23.30 pesos a 21.70 pesos en las primeras operaciones, una apreciación del 7.3%.

Recuperó así el valor del jueves, previo a la corrida. Dujovne atribuyó la volatilidad del mercado a cuestiones externas, sobre todo por las consecuencias regionales de la subida de tasas en los títulos a 10 años de los Estados Unidos, y también internas.

Achacó la responsabilidad a la oposición peronista, que impulsa en el Congreso una ley que pone un freno a la quita de subsidios públicos a los servicios y busca retrotraer las subidas de las facturas al mes de noviembre, una medida “demagógica” y “populista” con un “costo fiscal de 200 mil millones de pesos (unos 10 mil millones de dólares), según dijo Dujovne.

Macri gobierna en minoría y los mercados son muy sensibles a cualquier movimiento de los peronistas, ahora muy divididos pero siempre aspirantes firmes al poder en Argentina. Dujovne admitió que la subida de tasas puede frenar la economía, pero consideró que "mucho peor hubiese sido quedarnos de brazos cruzados" y confió en que se pueda volver a la normalidad rápidamente y bajar de nuevo los tipos de interés.

Pero los argentinos, acostumbrados a ver caer ministros de economía con frecuencia – el anterior duró un año- no parecen tan tranquilos como él.

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