18 de Septiembre de 2018

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Un joven gay se gradúa vestido de mujer de una escuela militar (video)

Un joven se gradúa con vestido y tacones del Instituto de Tecnología Aeronáutica de Brasil, en protesta por la homofobia que vivió en el plantel.

Talles de Oliveira Faria, el joven, de 24 años y recién graduado en ingeniería informática, acudió a por su título con tacones, maquillaje y un impresionante vestido morado. (twitter.com/REVOLTAPRETA)
Talles de Oliveira Faria, el joven, de 24 años y recién graduado en ingeniería informática, acudió a por su título con tacones, maquillaje y un impresionante vestido morado. (twitter.com/REVOLTAPRETA)
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Agencias
SAO PAULO, Brasil.- El 17 de diciembre, el Instituto de Tecnología Aeronáutica de las Fuerzas Armadas brasileñas entregó los diplomas a sus graduados. Fue una ceremonia canónica, de estudiantes trajeados y docentes uniformados, hasta que dejó de serlo: cuando llamaron a Talles de Oliveira Faria, el joven, de 24 años y recién graduado en ingeniería informática, acudió a por su título con tacones, maquillaje y un impresionante vestido morado. 

A mitad de camino se arrancó el vestido y mostró una camiseta fucsia en la que se leía el porqué de ese atuendo: el Instituto se había mostrado intolerante durante los años que él, que es gay, había estudiado en él y este gesto, en la hora en la que se despedían, no solo denunciaba el acoso y los insultos: también ilustraba que no habían servido para que él dejase de ser como es.

“Desde los 12 años llevo oyendo cosas maravillosas sobre el Instituto. Que es una de las mejores universidades del país, que te abre una cantidad de oportunidades. El instituto era mi sueño. No sabía que iba a ser la mayor decepción de mi vida”, escribió Talles más tarde en Facebook. 

En el post, que empezó a compartirse en redes conforme su happening fue apareciendo en más y más medios del país, ahondaba en su vida: 

“Hice la educación secundaria en una escuela militar y ya fui con miedo de que descubriesen mi orientación sexual y me echasen. Desde pequeño nos enseñan que ser lesbiana, gay, bisexual o transexual es algo vergonzoso y luego tardamos mucho en superar esas heridas. Cuando llegué al Instituto, decidí que ya basta. O me aceptaban por lo que soy o serían expuestos por lo que son”.

De eso, solo pasó lo segundo. “No me aceptaron. Fueron violentos conmigo, se rieron de mí, intentaron que me volviese invisible”, cuenta. Todo obedece, a su parecer, a un patrón tóxico por el cual se expresa la intolerancia que, para Talles, hay en las Fuerzas Armadas. 

“La homofobia se manifesta a través de la invisibilidad, la burla y la expulsión de los que osan revelar su orientación sexual. Pasan los años y los homosexuales que estamos ahí tenemos que vivir marginados para que no nos descubran”.

Mayor que el problema de las agresiones a homosexuales resultó ser que la propia institución niegue ser homófoba y asegure que no hay nada que corregir, según publica El País.

“La Fuerza Aérea (donde Talles cursó secundaria) no es homófoba pero todos mis amigos lesbianas, gays, transexuales o bisexuales estaban muertos de miedo de que alguien les descubra. La Fuerza Aérea no es homófoba pero un cierto profesor da así una clase: ‘No hay un electrón triste, no hay electrones con problemas psicológicos, no hay electrones gays”. 

La Fuerza Aérea no es homófoba pero en una clase: ‘¿Saben dónde está fulano (alguien fuera del armario)? Debe estar chupando rabos por ahí’. Todos se ríen”.

En su tercer año, Talles empezó a planear una venganza. “Ahí ya sabía que, cuando me graduara, iría con el vestido”, le explica a la revista Ego. 

“Mi primera idea fue llevar algo glamuroso, una cosa bien rebuscada. Pero, como había tanto que denunciar, me pareció que más importante que estar bonito era llamar la atención sobre los problemas”. De ahí la camiseta con la lista de denuncias que llevaba bajo el vestido.

En un Brasil cada vez más conservador y evangélico, donde la homosexualidad está aceptada por la ley pero no por las calles, Talles se ha convertido tanto en héroe como en lección por aprender. 

Sus 15 minutos de fama, de entrevistas en periódicos y revistas especializadas, han venido marcados por aplausos y amenazas. 

"Ha habido un apoyo muy grande, de personas que se sienten representadas. Pero por otro lado están los militares, a los que no les gustó nada. Recibí un odio muy grande de ellos”. 

Recuerda haber oído frases como “si fuese yo, le fusilaba”. “Y esas son personas que de aquí a dos años van a asumir cargos de poder en muchas instituciones”, añade.

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