16 de Diciembre de 2017

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'Antes teníamos miedo de vivir aquí'

El gobierno las ha urbanizado con la finalidad de acabar con la insalubridad, la precariedad de las viviendas y la amenaza de derrumbes.

Fotografía tomada el pasado miércoles de una calle de la favela Babilonia, en el barrio turístico de Copacabana en la ciudad de Río de Janeiro. (EFE)
Fotografía tomada el pasado miércoles de una calle de la favela Babilonia, en el barrio turístico de Copacabana en la ciudad de Río de Janeiro. (EFE)
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EFE
RÍO DE JANEIRO, Brasil.- Río de Janeiro avanza en un ambicioso plan para urbanizar sus favelas que pretende, en un plazo de seis años, acabar con problemas seculares como la insalubridad, la precariedad de las viviendas y la amenaza de derrumbes que hoy aún afectan a casi un millón y medio de los habitantes de la ciudad.

El programa Morar Carioca, desarrollado por la Alcaldía, ya ha atendido a 69 favelas desde 2010, donde se han abierto calles y plazas, se han construido redes de alcantarillado y 444 edificios de viviendas para realojar a quien residía en laderas con riesgo de sufrir desprendimientos de tierras en la época de lluvias.

Una de las beneficiadas fue Marinaia dos Santos, desempleada de 45 años, que vivía en una casa precaria en un despeñadero en la favela carioca de Babilonia, ubicada en un cerro que domina las famosas playas de Leme y Copacabana, y fue realojada por la Alcaldía.

"Antes teníamos miedo. Llovía y entraba agua. Ahora no. No teníamos condiciones. La casa era de ladrillo, no tenía pavimento, ni lavabo en el baño, ni puertas. Estaba todo inacabado", relató Marinaia a Efe, en el salón de su nuevo apartamento, en un edificio de cuatro plantas construido por la Alcaldía en la misma favela.

Babilonia es una de las barriadas donde más obras se han ejecutado, pero el programa no ha llegado a las zonas más altas y pobres, donde todavía hay caminos sin asfaltar y casas en "zona de riesgo" de sufrir derrumbes, a pesar de estar a tiro de piedra de la zona de los hoteles más exclusivos de Río.

El Morar Carioca llegará a 124 favelas más hasta 2016, año de los Juegos Olímpicos, y a otras 330 hasta 2020, con un presupuesto total de ocho mil 500 millones de reales (unos tres mil 500 millones de dólares).

La implementación del programa ha sufrido ciertos inconvenientes que, según las autoridades, no retrasarán el proyecto.

El pasado febrero el Instituto de Arquitectos de Brasil (IAB) canceló un convenio que tenía con la Alcaldía porque hubo "retrasos" para ejecutar cuarenta proyectos arquitectónicos destinados a las favelas.

"La decisión fue tomada después de las recurrentes protestas a la Secretaría Municipal de Vivienda para que se contrataran los cuarenta equipos (de arquitectos) que habían sido seleccionados por concurso", dijo a Efe el presidente de la oficina del IAB de Río de Janeiro, Pedro da Luz Moreira.

No obstante, el secretario municipal de Vivienda, Pierre Batista, garantizó que el programa va viento en popa y cumplirá todas las metas dentro del plazo.

Desde el 2010, el gobierno de Río de Janeiro ha urbanizado 69 favelas, donde se han abierto calles y plazas

Esto también incluye la eliminación de decenas de favelas consideradas "no urbanizables" por estar en su totalidad en áreas montañosas con riesgo de deslizamientos de tierras y el realojo de sus habitantes.

"Nuestro objetivo es la integración de favela a la ciudad, tratarlas de la misma forma que el resto. No hacemos esto para el turista, sino para ofrecer servicios de calidad para la población", apuntó Batista, en declaraciones a Efe.

En el caso de Río, la urbanización de las favelas está aparejada a la política del Gobierno brasileño de construcción de casas populares a precios subsidiados, que persigue paliar el acuciante déficit de vivienda, cifrado en cerca de seis millones en todo Brasil, según datos oficiales.

La falta de viviendas ha ocasionado en los últimos meses crecientes tensiones en las grandes ciudades, incluyendo protestas y ocupaciones de terrenos o almacenes abandonados, que frecuentemente han derivado en desalojos violentos.

Mediante el programa oficial, llamado Mi Casa Mi Vida, han brotado barrios de casas prefabricadas en la periferia de las grandes ciudades en todo Brasil.

La meta del Gobierno es terminar este año con 2.75 millones de residencias construidas y comenzar en 2015 una nueva fase del programa con otros tres millones más.

Pese a la gran demanda, el programa también ha generado reclamaciones por desarrollarse en su mayoría en zonas periféricas, alejadas de los centros urbanos, y por la baja calidad de los materiales utilizados en la construcción.

Son frecuentes las quejas de los beneficiarios por el surgimiento de grietas en apartamentos recién inaugurados.

El coordinador del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST) Guilherme Simões dijo a Efe que este programa se ha planteado como "un verdadero paquete de bondades para las constructoras y los especuladores".

"Las empresas tienen riesgo cero y lucro garantizado en las obras. Construyen en terrenos menos valorizados, economizan en materia prima, disminuyendo la calidad de los proyectos y sobreexplotan la fuerza de trabajo para maximizar los beneficios sin que el programa supervise o imponga límites", afirmó Simões.

La oportunidad de vivir en la periferia tampoco agradó a Marinaia, madre de cinco hijos, que prefirió quedarse en la favela de Babilonia por estar al lado de los puestos de trabajo de la zona turística de Río y también por motivos de seguridad.

"No busqué en otro lugar porque yo soy madre soltera y no tenía estructura. Me tendría que ir a otra favela. Aquí puedo salir para trabajar y dejar a mis hijos en casa seguros. En la Baixada (periferia) los riesgos son mayores", comentó.

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