24 de Septiembre de 2018

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Japón alista la primera fábrica de robots en Europa

14% de los empleos ya son automatizables y están en agricultura y manufactura.

¿Deben los robots sustituir al hombre? (Foto: Internet)
¿Deben los robots sustituir al hombre? (Foto: Internet)
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Agencia/Redacción
ESPAÑA.- Andrej tiene algunos achaques. Le duele aquí y allá después de haber trabajado durante cuatro décadas en una fábrica de estaño para soldaduras. A sus 60 años está cerca de la jubilación.

El futuro se antoja una pradera de mañanas sin madrugones y tardes de cerveza con los amigos de toda la vida. Le preocupa, sin embargo, lo que le espera a los que hereden su empleo y tengan que competir con una mano de obra que trabaja 24 horas al día, siete días a la semana. Sin espíritu reivindicativo de ningún tipo. Esa fuerza laboral, para colmo, se va a fabricar en su propio pueblo.

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Una de las compañías más importantes del sector de la robótica, la japonesa Yaskawa, va a abrir a finales de este año la primera fábrica de robots en Europa. La empresa, que hasta ahora solo tenía industria en Japón y China, eligió el municipio de Kocevje, en el sur de Eslovenia, para iniciar su expansión estratégica por el continente. Los autómatas están a punto de desembarcar.

La inminente apertura de la planta de producción de robots reabre el viejo debate del hombre contra la máquina, vivo y después latente desde la primera revolución industrial. Según un informe de la OCDE, más de 60 millones de trabajadores correrán el riesgo de ser reemplazados por robots en los próximos años.

El 14% de los empleos de los países desarrollados, de acuerdo al mismo estudio, son altamente automatizables. Más del 30% seguramente experimentará cambios muy significativos. La industria manufacturera y la agricultura son los sectores en los que más impacto tendrá la industrialización 4.0, como llaman los economistas a esta revolución tecnológica que ya se está produciendo.

El debate entusiasma al profesor de robótica Marko Munih, de la Universidad de Liubliana. Munih solo ve beneficios en esta revolución, que según la Federación Internacional de Robótica (IFR) crece a un ritmo del 15% anual desde 2010. Beneficio para el consumidor, que obtendrá un producto más barato, pero también para el trabajador, que con la debida formación podrá desarrollar un trabajo más cualificado, mejor pagado por tanto, y menos mecánico y repetitivo.

El ingeniero electrónico, al menos a corto plazo, no vislumbra una automatización completa en la industria, más bien la colaboración entre los dos. Uno haciendo el trabajo pesado, redundante, y el otro el que requiere complejidad, precisión e imaginación. “Uno al lado del otro, sin vallas, sin barreras.

El robot es el asistente, que por ejemplo trae algo pesado y el humano solo tiene que ajustarlo, como una rueda. O que ayude a un enfermero a levantar a un paciente, o a un cirujano, que funcione como la extensión de su brazo. ¿Lo imagináis? Pues ya está ocurriendo aunque no a gran escala”, explica el profesor en su taller laboratorio.

¿Los robots ponen en peligro el empleo de los trabajadores menos cualificados? Munih no comparte la visión de la OCDE. A su modo de ver, el pasado demuestra que la tecnología solo trae nuevas oportunidades para los humanos. Que Europa no abrace con el debido entusiasmo esta revolución podría resultar fatal: “Hay que ser conscientes de que cada año China está instalando unos 70 mil robots, más que toda Europa junta. Significa que hay una gran competencia”.

Por eso se felicita por el desembarco de Yaskawa en Eslovenia, el país más robotizado en Europa del Este por su pujante industria de la automoción, colocado también en un puesto considerable (16º) en el índice mundial de robotización de la industria manufacturera pese a ser un país pequeño (poco más de dos millones de habitantes).

Manfred Stern, presidente de la compañía en Europa, explica por teléfono que el apoyo de las autoridades, su flexibilidad, el hecho de que tuvieran ya allí una fábrica de componentes y la buena calidad de los ingenieros eslovenos les hizo decantarse por el país alpino.

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