22 de Septiembre de 2018

Mundo

 / Egipto

'¡El padre dice que es su hijo, la madre no!'

En el depósito de Zeinhom miles viven la angustia de reconocer a sus familiares asesinados por soldados o policías.

Más de 900 personas han muerto en Egipto, en su mayoría civiles simpatizantes de Mursi. (Agencias)
Más de 900 personas han muerto en Egipto, en su mayoría civiles simpatizantes de Mursi. (Agencias)
Compartir en Facebook '¡El padre dice que es su hijo, la madre no!'Compartir en Twiiter '¡El padre dice que es su hijo, la madre no!'

Agencias
EL CAIRO, Egipto.- En el patio de la morgue Zeinhom en El Cairo, una mujer intenta mediar entre sus padres. Su madre, entre lágrimas, no quiere creer que el cuerpo en estado de descomposición que se encuentra frente a ellos es su hijo. Su padre afirma que lo es.

La mayoría de cadáveres vienen de Rabaa al Adawiya, una de las dos plazas de la capital egipcia donde el miércoles 14 de agosto tropas del ejército y la policía desalojaron violentamente a manifestantes partidarios del derrocado presidente constitucional, el islamista Mohamed Mursi.

Desde entonces más de 900 personas han muerto en Egipto, en su mayoría civiles simpatizantes de Mursi, el primer mandatario elegido democráticamente en este país norafricano. Más de 200 personas, según las autoridades, perdieron la vida en la plaza Rabaa el miércoles, la mayoría a balazos. Más de dos mil 200 según los partidarios de Mursi.

“¿Qué pasa? ¿Por qué nadie recupera este cuerpo?”, vocifera un hombre quitándose su mascarilla.

“¡La familia no logra determinar si es él!”, le responde otro hombre, antes de añadir: “¡El padre dice que es su hijo, la madre no!”

Este lunes, cinco días después de los enfrentamientos en la plaza Rabaa, los restos de decenas de personas seguían amontonados en la morgue

La hija, vestida de negro y con el cabello cubierto con un velo, con la foto de un joven en la mano, acepta finalmente identificar el cuerpo, envuelto en un sudario blanco y recubierto de pequeños pedazos de hielo para intentar retrasar el proceso de descomposición. Una nube de moscas vuela alrededor del improvisado ataúd de madera donde yace el cadáver.

“¿Tiene una marca cerca del ojo?”, pregunta la mujer a los hombres que llevan el ataúd, como para no tener que verificarlo ella misma. Algunos dicen que sí, otros que no, antes de retirar completamente el sudario y dejar entrever el rostro ennegrecido pero reconocible del joven de la fotografía.

La mujer se aleja entonces con tristeza, perdiéndose entre la muchedumbre que acude al patio de la morgue para tratar de identificar a un ser querido. La basura se mezcla con el lodo en este lugar en donde se respira el olor pestilente de la muerte.

Todavía este lunes, cinco días después de los enfrentamientos en la plaza Rabaa, los restos de decenas de personas seguían amontonados en la morgue de Zeinhom. Tantos cadáveres que se les puede ver desde el patio apenas abren una puerta de metal marrón, enviando a la multitud un soplo de aire cargado con el olor de cuerpos en estado de descomposición.

Lo que es peor, por falta de espacio, dos camiones refrigerados fueron requisados y los cadáveres se amontonan dentro de ellos, a la espera de que miembros de sus familias vengan a reconocerlos y reclamarlos. A veces de una provincia alejada de la capital.

Hay quienes todavía esperan, sumergidos en la angustia. Y están aquellos que ya reconocieron los restos de un ser querido y esperan que los hombres de la morgue les entreguen el cuerpo. Y mientras tanto, siguen llegando más cadáveres, nadie sabe exactamente de qué parte de la ciudad.

Un anciano llora. El hijo de 15 años de su amigo Reda yace dentro de la morgue. “Su padre está paralizado, su madre estaba en Rabaa, él fue a buscarla el miércoles y fue asesinado a balazos”, se lamenta el anciano.

El lunes 37 cadáveres llegaron a la morgue de Zeinhom. Se trata de los restos de los Hermanos Musulmanes detenidos y que murieron el domingo por la noche asfixiados por gases lacrimógenos lanzados por la policía dentro del furgón que los trasladaba a una cárcel en las afueras de El Cairo. Intentaron escapar, justificó el Ministerio del Interior para matarlos.

Un padre espera reconocer los restos de su hijo, Abdul Aziz Abdel Rahim, de 38 años. “Algunos dicen que murieron asfixiados, pero otros dicen que solo Dios sabe lo que pasó...” expresa fríamente.

(con información de Milenio y AFP)

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios