24 de Septiembre de 2018

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Un atentado le quitó lo 'invisible'

El reportero Ricardo Calderón lamentó que el anonimato que vivió durante 19 años haya quedado atrás.

Ediciones de la revista Semana con primicias del periodista Ricardo Calderón. (Agencias)
Ediciones de la revista Semana con primicias del periodista Ricardo Calderón. (Agencias)
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Agencias
BOGOTA, Colombia.- Lo que más preocupa a Ricardo Calderón del atentado que sufrió es la atención que generó el episodio.

"Después de 19 años logrando ser invisible, todo se fue para la porra en 24 horas", se lamentó el reportero, quien salió ileso del episodio en el que desconocidos le dispararon a su vehículo el 1ro de mayo.

El anonimato es lo que le ha permitido a este periodista conseguir exclusivas de primera plana que han provocado algunos de los mayores escándalos del país en tiempos recientes, con las consecuentes capturas, juicios y destituciones de figuras prominentes, casi siempre funcionarios públicos. Su trabajo ha merecido numerosos premios nacionales e internacionales.

En esta era de redes sociales y promoción desenfrenada, Ricardo Calderón es un caso excepcional. Su trabajo ha tenido enorme repercusión, pero él ha logrado permanecer casi anónimo, al punto de que pocos, con excepción de algunos periodistas o sus fuentes, conocen su rostro.

Para Calderón, no ser conocido es vital en su trabajo.

"Es lo que permite, por ejemplo, que me pueda meter a una base militar", declaró el reportero de Semana, la revista más importante e influyente del país, quien recientemente publicó una serie de informes sobre las comodidades y alcahueterías en que vivían en una cárcel militar más de 300 uniformados condenados en su mayoría por delitos de lesa humanidad. "Si me conocen, no me puedo volver a meter ahí".

"Ser invisible es una ventaja inmensa" para un periodista, expresó Calderón, quien protege tanto su identidad que "incluso puedo estar en la mitad de una ronda de periodistas y muy poquitos saben quién soy", según dijo.

A pesar del revuelo que causó el atentado, su foto no ha circulado.

"Le tengo fobia a la fotos", aseguró Calderón, de 42 años, en entrevista telefónica con The Associated Press. "En eso he llegado a un extremo casi ridículo de que no haya ni una imagen mía en ningún lado, desde hace muchos años".

"Ser invisible es una ventaja inmensa" para un periodista, expresó Calderón

Calderón casi pierde la vida a principios de mayo cuando al menos dos hombres dispararon contra su vehículo en una carretera. Se salvó lanzándose a una zanja donde se detuvo a orinar, en el municipio de Girardot, a unos 85 kilómetros al suroeste de Bogotá.

Fue el primer atentado que sufrió Calderón, casado y sin hijos, aunque antes había recibido amenazas, y reflejó los grandes peligros para ejercer el periodismo en Colombia.

Según la no gubernamental colombiana Fundación para la Libertad de Prensa, en el país se han reportado 140 asesinatos de periodistas desde 1977. Sólo 17 de eso casos han terminado con sentencia condenatoria. En 2012 al menos un periodista fue asesinado en el país en razón de su oficio, de acuerdo con la Fundación.

Durante una investigación de tres años de acciones de espionaje de la policía secreta o el Departamento Administrativo de Seguridad, a Calderón le llegaron seis 'sufragios' o amenazas escritas, tres coronas fúnebres, desconocidos trataron de meterse dos veces en su casa "y perdí la cuenta de cuántas veces llamaron a echarme la madre y a amenazarme", de acuerdo con el reportero.

La publicidad del atentado es solo uno de los elementos que molestan a Calderón.

Tampoco está cómodo con los escoltas que está obligado a tener desde hace una semana. "Cuando pasa la cosa (el atentado), esa vaina arranca con dos carros y creo que eran como ocho muchachos (o escoltas). Ya hoy (martes) logré bajar la cosa a tres y con tendencia a la baja, espero. El objetivo es volver a andar solo, como antes". Calderón tampoco tiene cuentas en redes sociales como Twitter o Facebook, aunque maneja varios celulares.

"Ricardo es una persona que tiene una habilidad enorme de recibir información y cruzarla con otra información", destacó Daniel Coronell, director de noticias de Univisión y columnista de Semana. "Es un hombre. cuya timidez se vuelve una enorme virtud porque oye mucho y no habla tanto".

La gente, el público en general quizá, "no lo conoce; (es) una persona que casi no existe, pero los reporteros sabemos quién es Ricardo Calderón", añadió Coronell.

Calderón, el mayor de tres hijos, ingresó a Semana en 1994 en calidad de practicante luego de concluir sus estudios en la bogotana Universidad de La Sabana.

Primero lo hizo en la sección deportiva y un año después empezó a apoyar los temas de orden público en un país que, como Colombia, lleva más de 50 años enfrascado en un conflicto interno armado que ha cobrado miles de vidas.

Hacia 1996 les dijo adiós a los temas deportivos y se dedicó de lleno a las investigaciones y a los temas fuertes de la revista. El periodismo deportivo, confesó, no era lo suyo. Sabía algo de fórmula uno y nada de fútbol.

A finales de 1998 informó sobre las negociaciones de paz entre el gobierno del presidente Andrés Pastrana (1998-2002) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en San Vicente del Caguán, un municipio a unos 280 kilómetros al sur de la capital colombiana. Pero fue en los últimos 10 años que Calderón, un hombre que viste informal y que en su vida se ha puesto corbata dos veces, ganó prominencia en la revista por la cantidad de primicias que conseguía.

"Yo creo que puede ser individualmente el periodista que más ha producido portadas en Semana" en los últimos años, indicó telefónicamente Mauricio Sáenz, jefe de redacción del semanario.

"Pero más que el tema cuantitativo, yo haría énfasis en el tema cualitativo. Digamos que (sus investigaciones) han sido las que más resonancia y más efectos han tenido en muchos aspectos" en la opinión pública, agregó.

Fue Calderón, un fumador empedernido de al menos cajetilla y media de cigarrillos al día que bebe litros de café, quien empezó a dar puntadas de lo que años después se convertiría en la más importante investigación judicial de Colombia en los últimos 50 años: los nexos entre la clase política y las bandas paramilitares.

En junio de 2002 Calderón publicó una conversación telefónica que sostuvieron el entonces senador Alvaro García Romero y un hacendado. En ella queda claro que los dos tuvieron participación en una masacre de 15 campesinos, en octubre de 2000, en el corregimiento de Macayepo, a unos 585 kilómetros al noroeste de Bogotá.

En 2010 García fue condenado a 40 años de prisión como autor intelectual de esa masacre.

La investigación de García fue la primera de una vasta indagación de la Corte Suprema que, a la fecha, ha procesado y condenado a no menos de 70 legisladores y ex legisladores por sus lazos con los paramilitares, que en Colombia están acusados de miles de homicidios.

Calderón dice que no es el mejor escritor del mundo y que el secreto para conseguir ese tipo de primicias tiene una clave: las fuentes de información, y éstas, a su vez, dependen de otro componente, "el tiempo", porque muchos periodistas "van y hablan con la gente de afán, y yo lo que sí hago es botarle mucho tiempo a todo mundo. Eso lo agradece toda la gente: los buenos, los malos y los regulares".

En gran parte, las publicaciones de Calderón tienen tras las rejas a Jorge Noguera, director entre 2002 y 2005 del DAS. El reportero publicó en 2003 que el DAS de Noguera estaba al servicio de los paramilitares. El ex funcionario terminó condenado en 2011 a 25 años de cárcel por sus nexos con los paramilitares y por el homicidio del activista Alfredo Correa De Andréis.

Después vino la que para Calderón ha sido su mejor investigación: la del espionaje desde el DAS.

En febrero de 2009, el reportero denunció que la policía secreta les estaba interceptando los teléfonos y les hacía seguimientos ilegales a magistrados de la Corte Suprema, a periodistas, a activistas y a opositores del gobierno de Alvaro Uribe (2002-2010).

Calderón dice que esa fue su mejor investigación "porque fue muy larga, ya que tomó ocho años".

"La primera etapa, que es como la semilla, es la época de Noguera. La segunda empezó en 2009, fue armada pedacito por pedacito, fue muy compleja por el tema de fuentes; a una fuente le terminan tirando granadas a la casa y se salva de milagro y terminan dos fuentes muertas. Eso lo marca a uno", explicó.

Como consecuencia de las denuncias de Calderón sobre el espionaje, la Fiscalía inició una investigación que a la fecha tiene en la cárcel a más de 20 exdetectives.

Incluso por esas ilegales labores de espionaje cayó preso el que fuera secretario general de la presidencia durante el gobierno de Uribe, Bernardo Moreno, quien recientemente recuperó la libertad de manera provisional, aunque sigue siendo juzgado por la Corte Suprema. Una exdirectora del DAS, María del Pilar Hurtado, se encuentra asilada en Panamá desde fines de 2010 por los mismos hechos.

A raíz de las publicaciones de Calderón sobre la corrupción en la policía secreta, el presidente Juan Manuel Santos decidió en 2011 desmontar esa entidad, que dependía directamente de la Presidencia.

"Ricardo es sin duda uno de los periodistas más importantes de Semana. Las grandes primicias se le deben a él, pero especialmente aquellas que han revelado los profundos quiebres del gobierno pasado, como el espionaje a la Corte (Suprema)", dijo Marta Ruiz, asesora editorial de Semana y quien conoce a Calderón desde hace nueve años.

Esas primicias de las que habla Ruiz le han valido a Calderón 13 reconocimientos en Colombia y el exterior: Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación, en 2010, por el reportaje sobre el espionaje de la policía secreta; el de la Sociedad Interamericana de Prensa, en dos oportunidades, y el Rey de España, con el equipo de Semana, en 2008. Además recibió varias veces el premio del Círculo de Periodistas de Bogotá y el "Simón Bolívar".

Sólo ha ido a reclamar dos de los premios, según el propio periodista.

La última gran aventura periodística de Calderón se inició en 2011: Tolemaida.

Hace poco se internó de nuevo en el penal de esa base militar, a escasos 73 kilómetros de Bogotá, y descubrió que cantidad de militares condenados vivían a cuerpo de rey pese a estar sentenciados a grandes penas por crímenes de lesa humanidad.

"Militares condenados a más de 30 años andan de compras en Bogotá, salen de fiesta y siguen haciendo negocios", escribió Calderón en abril pasado. Según el comunicador, ingresó a Tolemaida con facilidad dos veces porque lo hizo el domingo, es decir, el día en que las familias visitan a los 22 mil uniformados acantonados en esa base militar, que además sirve de prisión.

Para el primer ingreso, precisó, tenía un contacto adentro del fuerte; para el segundo, no.

El reportero incluso tuvo el arrojo de filmar a un uniformado --sentenciado a 40 años de prisión por homicidio-- de compras en un almacén de Bogotá. Sin ser sorprendido, lo siguió por varios sitios de esta capital por espacio de unas cinco horas, según recuerda.

A raíz de las denuncias de Calderón sobre Tolemaida, el general Sergio Mantilla, comandante del Ejército, anunció el domingo en Semana el cierre definitivo de esa cárcel para militares.

El pasado 1 de mayo, día feriado en Colombia, Calderón regresó de nuevo por el sector de Tolemaida para continuar con sus indagaciones sobre otros presuntos actos de corrupción en el ejército.

De regreso a Bogotá, hacia las siete de la noche, en plena carretera, detuvo su carro un momento y dos sicarios le descerrajaron cinco tiros sin que ninguno lo alcanzara. Los disparos quedaron incrustados en el auto.

Ese día Calderón tenía dos citas. A una de ellas su fuente no pudo o no quiso asistir. El periodista no lo tiene claro, aunque cree su fuente estaba "quemada" o en evidencia ante militares corruptos. Por eso hoy no descarta que la cita por el sector de Tolemaida hubiera sido una trampa.

Desde el presidente Santos hasta la organización de derechos humanos Human Rights Watch, la Organización de Estados Americanos y la SIP condenaron la agresión a Calderón y exigieron una investigación.

"Yo creo que sin duda fue un atentado en razón de su oficio (porque) Ricardo es una persona que siempre ha estado metido a fondo en las grandes investigaciones de Semana", comentó Claudia García, directora de la Fundación Semana. "Siempre que le dicen: `mire no se meta allá o no haga esa reunión porque eso puede ser peligroso', para él (es) como si le dijeran `hágalo'".

En broma, García habló de los defectos de Calderón: "Todo lo que hace mal para la salud, a él le `priva'(o le gusta): no hace deporte, se toma todo el tinto (café) del mundo, come a deshoras... (Es) el antiguo...periodista de novela...y fuma mucho y me hace fumar a mí".

Adriana Hurtado, presidenta de la Federación Colombiana de Periodistas, calificó de "gravísimo" el atentado por "la relevancia de este periodista, por pertenecer a un medio nacional y por la calidad de su trabajo".

Hurtado pidió asimismo el esclarecimiento de ese y otros casos porque "hay muchos `Ricardos Calderón', quienes también hacen un ejercicio responsable y merecen que el gobierno les garantice su derecho a informar".

Cuando se le preguntó a Calderón si el atentado lo iba a amilanar, respondió tajantemente: "Al revés, lo único que hicieron fue 'oriar' más" o incentivarlo en su trabajo.

Ahora, dijo, "voy a investigar mi propio atentado".

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