14 de Noviembre de 2018

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Jaboncitos Rosa Venus para Cordero

Me imagino a Mr. Bean Cordero, medroso y mustio, utilizando recursos del Senado para adquirir, puras ñoñerías de ñora clasemediera.

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En el CCH, con mi grupo de amigos, teníamos un rito satánico semanal: comer gorditas de chicharrón con queso y demás fritangas en el puesto de doña Pelos, lo que cada uno de nosotros financiaba por turnos. Así, dada la naturaleza salvaje de los comensales y el apetito histórico que nos caracterizaba, conforme iba pasando el tiempo el consumo era mayor. Y, pensándolo bien, más por un acto de maldad que de verdadera urgencia estomacal. 

Al camarada que le había tocado en último lugar le dio por comer apenas una quesadilla y no pedía refresco, esperando que en su turno de apoquinar los comensales no se mancharan con la cuenta. Así, por mustio, fue el que más tuvo que pagar en aquellas pseudorgías subordinadas a la vitamina “T” que, dadas las circunstancias, no tuvieron mucho futuro. 

Así me imagino a Mr. Bean Cordero, medroso y mustio, utilizando recursos del Senado para adquirir, como se ha visto, puras ñoñerías de ñora clasemediera que él mismo pudo haber comprado. Sobre todo cuando se sabe la clase de gastos sin auditoría que genera un senador en materia de livin la vida loca legislativa.

Es una vergüenza que en su calidad de líder de los panistas en el Senado a Mr. Bean Cordero le diera por gastar aquellos recursos en cosas que, sin duda, ponen en entredicho la bonita tradición impuesta por personajes adictos al ahorro y la humildad como la maestra Gordillo, el químico Granier y Robero Deschamps. 

Si bien no se trataba de comportarse como López Portillo, que se llevó hasta los sockets de Los Pinos, tampoco era para que gastara en champús para la calvicie, rones de dudosa categoría y un montón de nimiedades que lo describen y reafirman en toda su olímpica grisura. 

O sea, por lo menos hubiera llevado una serenata con mariachis a las compañeras de la fracción transitando por la carretera del amor del subjefe Diego, u organizado una fiesta al estilo Berlusconi acompañado de Catémoc Blanco, siquiera para quitarle la idea a la gente que la vida del hoy senador antimaderista es aburrida y sin gracia como lo hemos notado desde que llegó al gabinetillo de Jelipillo.  A ver si el Yo sí me llamo Granier, una vez que se reponga de su hipocondria, se lleva de shopping a don Ernesto. 

Bueno, a lo mejor lo que quería era demostrar, en una investigación seria y profesional como la del caso Heaven, que sí se puede vivir como pachá con 6 mil pesos...  

Muy bien, pero al menos se hubiera comprado unos jaboncitos Rosa Venus. 

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