Alguien dispuesto a servir

Pasan los años y hasta se pierden partes de su significado original, se adquieren nuevas y distintas connotaciones pero la fiesta sigue existiendo y siendo universal.

Luis Correa Mena
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viernes, 28 dic. 2012 08:06 am
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Pocas festividades han sido celebradas en el mundo conocido –a través de la historia de la civilización– con tanta profusión y trascendencia como la navidad.

Pasan los años y hasta se pierden partes de su significado original, se adquieren nuevas y distintas connotaciones pero la fiesta sigue existiendo y siendo universal.

Todo, alrededor del nacimiento de un ser humano a quien muchos le reconocemos ser el hijo de Dios, mientras otros sostienen que es una celebración inventada para sustituir festividades paganas.

Lo cierto es que durante el mes de diciembre cambia el ambiente donde quiera que estemos, el ritmo se modifica, los preparativos se multiplican sean éstos para realizar actividades de índole religiosa, comercial, gastronómica o familiar.

En estos tiempos hacemos más planes y cosas que usualmente evitamos. Nos atrevemos a reflexionar acerca de nuestra circunstancia, de la relación con los otros, del propósito de nuestras vidas, revisamos comportamientos pasados y proyectamos un futuro mejorado.

Pensamos –algunos menos que otros– en lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida, tanto viviendo la nuestra como observando la de los demás. Es que la Navidad nos ha enseñado mucho y durante largo tiempo grandes y variadas cosas.

El nacimiento que tanto impactó al mundo nos dejó –entre otras lecciones en las que pudieran pensar quienes se dedican al ámbito de lo público– el mensaje claro de que las personas más importantes para la humanidad no son aquellas que vienen precedidas de muestras de fuerza o están acompañadas de legiones de gente dispuesta a cumplir sus caprichos o las que están cubiertas de riqueza, sino aquellas que con toda humildad están dispuestas a servir.

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