A borrar la historia

Los nombres de calles y avenidas ayudan a conocer la historia, como también efigies, monumentos, edificios y placas, que son documentos que recuerdan el devenir de un pueblo

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Con ocasión de los 50 años de la matanza de estudiantes en Tlatelolco, el gobierno de la Ciudad de México, como un “mensaje de paz”, mandó retirar de las estaciones del Metro y de la Sala de Armas de la Magdalena Mixhuca toda placa que se refiera al presidente que gobernaban hace 50 años.

Tengo para mí que los nombres de calles y avenidas ayudan a conocer la historia, como también efigies, monumentos, edificios y placas, que son documentos que recuerdan el devenir de un pueblo, por lo que pretender borrar de esa manera parte de la historia del país no abona en nada a evitar hechos deleznables como la represión y muerte de estudiantes en ese aciago octubre de 1968.

El retiro de esas placas (que quizás muchos ni siquiera se habían percatado de ellas y de su contenido) dividió opiniones, incluso entre la llamada izquierda. El académico de la UNAM Raúl Trejo Delarbre escribió en Twitter:

“El @GobCDMX manda retirar placas con el nombre de Gustavo Díaz Ordaz. Con el mismo espíritu (que) Stalin mandaba borrar los rostros de sus adversarios en cuadros y fotografías. La historia no se modifica por decreto, ni tachando sus testimonios. La historia se explica y discute”.

El periodista Pascal Beltrán del Río apuntó: “No por quitar las placas con el nombre de Gustavo Díaz Ordaz de las estaciones del Metro dejará de ser un hecho histórico que el STC fue construido en ese sexenio. La historia no es maniquea, de blancos y negros. Hay que respetarla. Los mexicanos tienen derecho a la memoria”.

Porque si de lo que se trata es de arrancar de la memoria histórica esa página del gobierno diazordacista, entonces habría que retirar las placas de la inauguración del Estadio Azteca, del Palacio de los Deportes, de la Villa Olímpica, de hospitales y otras tantas obras y edificios que se hicieron durante el gobierno del mandatario poblano entre los años 1964 y 1970. Sin olvidar que en su gestión se reformó la Ley Federal Electoral que redujo la edad, de 21 a 18 años, para obtener derechos políticos y ejercer el voto.

Sí, nunca más un hecho como el de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, el de los normalistas de Ayotzinapa, Palmarito, Tlatlaya, etc., pero “borrando” la historia no se logra que estos eventos se olviden (tampoco, por cierto, el vandalismo de la conmemoración), más bien deben recordarse como una forma de evitar su repetición. Nada peor que un pueblo sin memoria.

Anexo “1”

Estatuas y retratos

El retiro de placas del Metro tiene varios antecedentes. Cito dos que ya he comentado en otros acontecimientos: A principios de 2013, se retiró la estatua de Heydar Aliyev, quien lideró a Azerbaiyán, primero como jefe del Partido Comunista y luego como presidente desde 1993 hasta su muerte en 2003.

La escultura fue puesta en el Paseo de la Reforma y de inmediato provocó protestas, porque una placa describía a Aliyev como brillante ejemplo de devoción infinita a su patria y leal a los ideales universales de paz. Los inconformes dijeron que fue un general de la policía secreta rusa y gobernó Azerbaiyán con puño de hierro, y otro aspecto de su gobierno fue su extravagante culto a la personalidad.

Este asunto, digno de los jacobinos, trajo a mi memoria un acaecimiento ocurrido en la Marina: a finales de 1994, en su ocaso como secretario de Marina, el almirante Luis Carlos Ruano Angulo (+) decretó que se borrase el nombre del primer director de la Escuela Naval Militar, Manuel E. Izaguirre, por haber puesto en entredicho –en una reunión con miembros del Ejército– la defensa de la Escuela Naval, el 21 de abril de 1914, encabezada por el teniente José Azueta y el cadete Virgilio Uribe. La decisión se dio a conocer por la Orden del Día del Cuartel General de la Armada.

Supongo que ya regresó el retrato a la galería de directores de ese plantel. Por lo demás, insisto, no se puede borrar la historia tirando estatuas… y mucho menos de un plumazo.

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