21 de Octubre de 2019

Opinion

Algunas de las películas “oscareables”

El Poder de la Pluma.

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Green Book: una amistad sin fronteras (Peter Farrely, 2018), con 5 nominaciones al Óscar, está basada en la historia real del pianista afroamericano Don Shirley (Mahershala Ali) y su chofer italoamericano Tony “Lip” Villalonga (Viggo Mortensen), quienes se embarcan en una gira por el sur de Estados Unidos siguiendo como guía el “Libro Verde para motoristas negros”, el cual señalaba los establecimientos y las rutas que se podían seguir en ciudades donde la segregación racial estaba en su apogeo en los años sesenta.

Lo anterior sirve como excusa para mostrar el recalcitrante racismo sureño, en contraste con el carácter refinado y educado de Shirley, un músico y compositor virtuoso formado en Europa y Rusia, quien en su propio país era todavía considerado un ciudadano de segunda. El filme muestra la relación laboral entre ellos, quienes al principio tienen algunas fricciones, pero que paulatinamente se hacen amigos.

La cinta, en clave cómica, se centra en las diferencias culturales entre sus mundos tan diversos, propiciando hilarantes diálogos no exentos de crítica social, aunque el aspecto de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos apenas y sea tocado superficialmente. Con todo y estos bemoles, la película se sostiene gracias al duelo actoral entre Ali y Mortensen, a pesar de que los giros dramáticos y el argumento sean un tanto predecibles. Eso sí, cuenta con una banda sonora muy disfrutable.

El vicepresidente (Adam McKay, 2018) narra el ascenso de Dick Cheney (Christian Bale) dentro de la esfera política norteamericana, pasando de un servil burócrata a vicepresidente. El filme presenta los entretelones de Washington y la Casa Blanca, en donde un hábil Cheney mueve los hilos para controlar desde las sombras al mediocre presidente George W. Bush (Sam Rockwell), con la ayuda de su sagaz esposa Lynne (Amy Adams) y del polémico secretario de Defensa, Donald Rumsfeld (Steve Carrell).

Si bien la película funciona muy bien gracias al ensamble actoral, maquillaje y caracterizaciones, apenas y alcanza para mantener el interés durante su excesivo metraje de más de dos horas, en parte porque tiene un montaje confuso, en donde los flashbacks y flashforwards dan cuenta de una elipsis descuidada a nivel de guión y continuidad, provocando que el suspenso, la crítica y la denuncia social de la corrupción política se vean diluidos ante la avalancha de datos presentados para ponernos en contexto del periodo comprendido entre 2001 y 2009.

Las actuaciones de Bale y Carrell son estupendas, dejando a Adams y Rockwell en un segundo plano, pero ni esto salva al filme de volverse un amasijo de situaciones meramente anecdóticas, a pesar de que presenta un arriesgado punto de vista donde la narración recae en el personaje omnisciente del donador del corazón que Cheney todavía porta en su pecho.

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