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En medio de tanta crisis, tantos problemas, tantas noticias falsas y alarmas en redes sociales y en el famoso “teléfono descompuesto”, existen historias de continuidad, de perseverancia, de trabajo en equipo, perdón y solidaridad; esas historias se escriben tal vez más cerca de lo que siquiera nos podemos percatar, pero ahí están, siendo un ejemplo de vida, siendo un referente en la familia, en la colonia o con los amigos. Por eso en estas líneas les quiero compartir una de esas exitosas vivencias de una pareja yucateca que ha pasado de todo para llegar a sus primeras seis décadas juntos. Tal vez se escriba fácil, suene sencillo pronunciar esa frase, pero realmente es una vida juntos; pocos lo han logrado y realmente, como lo veo, solo un pequeño puñado de las parejas actuales llegará a esos felices 60.

Me refiero a doña Geny y don Pepe, ellos son vecinos del centro de la ciudad y a quienes desde hace un tiempo tengo el gusto y honor de conocer; son personas alegres, amables y muy serviciales, actualmente ya no lucen los rostros juveniles que retrata aquella fotografía nupcial, su cabello ha cambiado el negro por el gris platinado de las canas, los sueños y anhelos del día que se conocieron hoy se han transformado en experiencias, recuerdos y mucho cariño. Elegí hablar de ellos porque no me deja de llamar la atención la forma de su pasado y su presente, su empuje para lograr lo que muy pocos, no solo por el tiempo, sino por la forma como viven en pareja, me refiero a que no se despegan el uno del otro, no se puede hablar de doña Geny sin don Pepe a un lado y no se puede hablar de don Pepe sin doña Geny al otro, están el uno junto al otro, cumpliendo la promesa de aquel día en que se juraron amor por siempre frente al altar y no quiero asegurar que ha sido todo “miel sobre hojuelas”, seguramente habrán vivido problemas, como en todas relaciones, pero siguen juntos a pesar de todo lo que existe a su alrededor.

Tal vez no se dicen todos los días lo que sienten el uno por el otro, tal vez no hay los encuentros que hagan ruborizar las mejillas con hermosas flores o cenas especiales, pero las acciones que diariamente hacen han dicho más que mil palabras, en la salud y en la enfermedad, en los buenos momentos y también en los malos, en las alegrías y en las crisis. Por eso y mucho más creo que esa es la verdadera esencia del amor eterno, ese que encontramos en las canciones y poemas románticos, aquellos que interpretan los trovadores yucatecos y que han conquistado al mundo; aquí, en esta historia, encuentro ese significado, ese romanticismo que solo se desprende en el aire del Mayab, aquí la vida permite eso, la oportunidad de amarse por siempre.