19 de Febrero de 2019

Opinion

Un compromiso “a la antigüita”

El Poder de la pluma

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Para aquellos que buscan el amor verdadero, la paciencia, la perseverancia y el diálogo son el principal ingrediente para encontrar a la persona indicada; eso me lo enseñó una pareja de la tercera edad que después de 50 años logró el sueño de cristalizar su amor con un “sí acepto”.

Quiero que esta anécdota tenga nombre y rostro, ellos son Noemí González y Carlos Vargas, ambos jóvenes de corazón, enamorados de la vida y por supuesto uno del otro.

En una ocasión me los encontré en el Registro Civil de la ciudad averiguando los requisitos para sellar su unión con el lazo del matrimonio, algo poco usual dentro de la jornada laboral para ser sinceros.

Al platicar con ellos pude conocer su historia… Se conocieron desde muy jóvenes, se enamoraron y prometieron amor eterno, ese que la juventud declara con ingenuidad, pero sincero como ninguno; desafortunadamente el destino no fue su aliado y sus caminos se dividieron por varias décadas hasta que, entrados en edad, el reencuentro se dio reavivando el fuego del sentimiento puro.

Créanme que escuchar estas palabras y la dulzura con que el maduro galán narraba la anécdota hizo que la piel se me enchinara, ya que es de las cosas que se mencionan en televisión como una fantasía.

Amores así los describen en los libros como una teoría y lo cantan en las canciones como un himno, pero nada tangible, nada que pudieras contemplar como real y ésta fue la primera vez que lo pude comprobar.

Ese sentimiento en una persona en la que la belleza hacía mucho que se había escondido detrás de varias arrugas, el lustre del cabello se había tornado en cano, pero el corazón seguía latiendo por su otra mitad, mostraba el verdadero significado del amor, que está más allá de lo físico, logrando un compromiso espiritual.

Tiempo después los visité en el hogar que habían formado, lleno de recuerdos y uno que otro modesto mueble; en pocas palabras, vivían “al día”, pero esto no era problema, ya que contaban el uno con el otro y lo material salía sobrando.

Sin duda la muestra de humildad de esta pareja puede dar una cátedra de romanticismo y trabajo en equipo para muchas de las parejas que hoy en día piensan que el matrimonio o la vida en común es un juego, que continúan con la individualidad y por lo consiguiente están destinados al fracaso.

Tiempo más tarde lograron la travesura de sus vidas y por supuesto estuve ahí para presenciarlo, no me podía perder este peculiar evento, sencillo pero emotivo, donde se prometieron jamás despegarse, ser pareja, aliados y equipo, algo que quienes piensen en la idea de casarse deben analizar a conciencia, pensar si están dispuestos a ser uno solo con su contraparte, estar en las buenas y las malas, apoyarse en todo momento.

Pongo esta narración de ejemplo para que analicemos todos, tomemos el ejemplo de Noemí y Carlos para querer como antes, a “la antigüita”, ya que es una fórmula comprobada para el éxito de los enamorados.

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