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Ante tantos días en casa, la gente comienza o termina casi toda conversación diciendo “espero pronto volvamos a la normalidad”, bien dicen que la definición de locura es hacer siempre las mismas cosas esperando obtener resultados diferentes.

La vida que llevamos, las decisiones que hemos tomado nos han llevado a este momento de la historia en que una pandemia nos ha obligado mundialmente a aislarnos y encerrarnos en nuestras casas por más de dos meses. Y lo único que podemos pensar es que queremos que la vida vuelva a lo de antes.

Parece que no somos capaces de aprender nada, de reflexionar, de entender que sea lo que sea que estábamos haciendo no salió del todo bien y nos ha obligado a aislarnos,así que no podemos desear regresar a lo anterior, tenemos que vivir de una nueva manera. En primera por que regresar es imposible, el tiempo pasa, queramos o no ha habido un aprendizaje, ya tenemos una huella que esta experiencia nos ha dejado. No somos los mismos que éramos el 15 de marzo cuando decidimos aislarnos.

En segundo lugar, aunque fuera posible volver atrás y regresar a esa normalidad que vivíamos, esto no es deseable. Debemos aprovechar toda oportunidad de crecimiento, de introspección, de maduración. Hoy hemos perdido muchas cosas, entre ellas nuestra libertad de movimiento, nuestra libertad afectiva, nuestros abrazos en familia, muchas personas han perdido su trabajo, sus relaciones, y en el peor de los casos han perdido un ser querido o han perdido la vida o la salud. Las perdidas son enormes, pero si sabemos buscar, si sabemos sacar aprendizajes de las experiencias que vivimos, entonces podemos también ganar cosas al vivir momentos difíciles.

Podemos ganar tiempo para dedicarnos a lo que nunca habíamos podido, podemos ganar el conocernos a nosotros mismos y dedicarle más tiempo a la salud, a nuestro cuerpo, al conocimiento. Podemos ganar la absoluta felicidad que sentiremos cuando por fin podamos abrazarnos de nuevo, cuando volvamos a tener una reunión entre amigos, cuando familias enteras podamos reunirnos de nuevo, cuando apreciemos la felicidad de salir a la calle, del contacto humano, de aprender directo de un profesor, de la sonrisa de un mesero al atenderte.

Lo que si no podemos es tratar de borrar el tiempo que pasamos y regresar a lo que era nuestra vida hace unos meses. Eso si no podrá suceder. Así que mejor obtengamos el aprendizaje posible de esta experiencia, agudicemos nuestros sentidos y escuchemos a nuestra madre tierra que a gritos pide que la cuidemos, que dejemos nuestro loco consumo sin sentido que esta acabando con los recursos naturales. Observemos la felicidad de muchas especies que al ver al ser humano encerrado en sus casas han vuelto a recuperar espacios antes perdidos, aprendamos a escuchar la tierra que nos pide cuidados y sobre todo nos pide que no haya sobre explotación de recursos.

Escuchemos a nuestra comunidad que hoy más que nunca nos necesita. Vivimos y somos parte de un grupo, de una colonia, de una ciudad, de un estado. No estamos solos ni podremos salir victoriosos de esta experiencia si no pensamos en nuestro prójimo. En todas nuestras comunidades hay personas que han sido menos afortunadas que nosotros, debemos de pensar en ayudar a quienes se quedaron solos con un poco de compañía o conversación, ayudar con una despensa a quien perdió su trabajo y esta buscando nuevas oportunidades. Cuidados y medicinas a quienes perdieron la salud y tuvieron que enfrentar un sistema medico que de por si ya estaba colapsado y que ante esta pandemia a quedado completamente saturado y rebasado. Pero dejemos de desear regresar a la normalidad, regresemos a un mundo mejor, a una sociedad mas humana, a una nueva conciencia planetaria que nos permita vislumbrar un mejor futuro. Que cuando hablemos del 2020 sea como el año del cambio, el año en que todo comenzó a estar mejor y no como el año de la pandemia, o el año que perdimos. Logremos que este esfuerzo y esta experiencia cuenten y nos hagan mejores personas, mejor comunidad y poder vivir en un mejor planeta.