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Conocí a Joan Andrews hace 20 años. Lo primero que llamo mi atención fue su energía y su alegría. La conocí en una competencia de equitación, deporte que practicaba mi hija y que ella ha apoyado y ayudó a traer a Yucatán en sus inicios.

Hoy, 20 años después, admiro más su energía y su alegría, porque después de verla en varios proyectos diferentes sé que vienen del amor.

El primero y más grande, su familia, pero esto no se limita a sus hijos y nietos, porque ella ha convertido en parte de su familia a las personas de su servicio, a sus trabajadores más cercanos.

Después, su amor por los animales y la naturaleza, pero un amor que no se quedo sólo en eso, ella apoyó y fue una de las fundadoras del Club Hípico Peninsular, logrando la donación de un terreno para la práctica de este deporte y, a través de los años, siendo el vínculo que logra que las diferentes personalidades que se dedican a este deporte sigan siendo una gran familia.

Su amor a la naturaleza y los animales también la llevó a fundar Pronatura Yucatán y ser su presidenta vitalicia. Con una visión muy diferente a sólo hacer acciones aisladas para ayudar a la naturaleza, Joan ha conseguido donativos para establecer diferentes reservas naturales que han ayudado a que no se extingan varias especies endémicas de Yucatán.

Logró además que estas reservas ecológicas comiencen a unirse a través de corredores naturales que les permiten a los animales transitar entre ellas y logrando muchos avances, sobre todo en la conservación del jaguar.

Todavía el día de hoy, a sus 92 años, ella realiza recorridos a pie por varias de estas reservas checando que las acciones necesarias se estén llevando a cabo.

Su amor a la música la ha llevado a apoyar a la Orquesta Sinfónica de Yucatán desde el inicio de su patronato y además impulsar individualmente a diferentes músicos para que logren su crecimiento.

Su amor a Yucatán la ha llevado a escribir libros sobre sus riquezas naturales, a luchar por conservarlas y a ser parte de proyectos como fue Wild 9, que trajo a nuestro Estado a personas tan importantes para la conservación como Jean Goodall, mensajera de la paz de la ONU y pionera en el estudio y conservación de chimpancés salvajes, y otras personalidades más del mundo de la conservación.

Y para terminar, su amor a la vida, que la lleva a estar siempre alegre, siempre ayudando a los demás y siempre gozando y gozando la vida.

Me siento muy agradecida de haberla conocido, porque su presencia en mi vida ha inspirado muchas de mis acciones, ella ha recibido varios premios, entre ellos a la actitud filantrópica por parte del Gobierno del Estado.

Es importante hablar de personas así, con pasión por la vida, con un gran corazón y con una energía contagiosa que inspira a todos los que la conocemos.

Hay muchos problemas y mucha violencia y dolor a nuestro alrededor hoy en día, pero también hay personas que con su ejemplo de vida nos enseñan el camino a seguir para lograr un mundo diferente, un mundo en el que la naturaleza y la compasión sean el eje principal, una vida que nos enseña que con las acciones diarias que una persona puede hacer se logran cambios impresionantes en nuestro entorno.

En estos días Joan cumplió 92 años, al verla premiando a los ganadores de la competencia de salto del fin de semana, pensé que ha sido un privilegio tenerla presente en mi vida y escribir un poco de lo que ha logrado, para compartir con quien lo lea un poco de la motivación que ella es.

Joan no nació en Yucatán, y sin embargo ha hecho más por nuestro Estado que mucha gente; hay yucatecos de nacimiento y hay yucatecos de corazón.

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