22 de Enero de 2019

Opinion

La mujer infiel y el Diablo (y 2)

El Poder de la pluma

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Una mujer le era infiel a su marido y se justificaba diciendo que lo hacía porque tenía que mantener a sus hijos. En cierta ocasión, ella, sin saberlo, tuvo como cliente al Diablo.

Éste le entregó muchas monedas que llenaron el baúl de la señora y de esta forma se vendió a Satanás. Posteriormente la llevó a un pueblo que estaba en el interior de una caverna cercana a la milpa del esposo.

Fabio Morábito publicó este relato del cual afirma que es maya y que lo obtuvo en Yucatán.

Una tarde y de manera incógnita, San Pedro se le presentó al marido. Le ofreció llevarlo a donde su esposa se hallaba; pero le advirtió que no le gustaría lo que iba a ver.

A las siete de la mañana del día siguiente ambos fueron directo a la caverna. Todavía estaba el sabucán de la señora en la entrada. Ellos penetraron por un camino pavimentado que los condujo al Pueblo del Diablo.

Al recorrer las calles pasaron por la casa de unos soldados, por el mercado y finalmente llegaron a un prostíbulo. Ahí estaba la esposa del milpero. Cuando ella vio al marido comenzó a reprocharle.

Le dijo que si la hubiese corregido a tiempo no estaría en ese lugar. Mientras hablaba trataba de abrazarlo.

San Pedro le dijo al milpero que no permitiese que ella lo abrazara porque si accediese, él también se quedaría allí. Para convencerlo, le mostró el cofre lleno de monedas que el Diablo le dio a la mujer.

Cada vez que su esposa se acercaba a Pies de Tierra Roja, San Pedro levantaba la mano derecha y una fuerza poderosa empujaba a la mujer, arrojándola lejos del milpero.

San Pedro sacó al campesino de allí para evitarle más sufrimiento. En el camino de regreso vieron una novillona amarrada a una ceiba, la iban a matar para hacer chocolomo.

Resulta que la vaquilla era la esposa del milpero. Aunque sabía que la iban a matar, su semblante era de absoluta felicidad.

El campesino comentó que estaba muy bonito aquel animal, sin saber que era su mujer. Los matarifes hicieron su trabajo y los que vendieron la carne dijeron que el dinero obtenido no alcanzaba para cubrir la deuda que tenía la mujer con el Diablo.

Expresaron que debían matarla una segunda vez para que Lucifer recuperara todo su dinero. Fabio Morábito no dice cómo la habrían de matar por segunda vez.

Cuando Pies de Tierra Roja y San Pedro volvieron al mundo contaron a los suegros todo lo sucedido. La señora no aguantó la tristeza y decepción, así que se ahorcó.

El autor termina su relato con una expresión que quizá provino de su informante: “Ayer pasé por casa del milpero y lo vi rezando a Dios para que perdonara a su esposa”.

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