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Cuando se presentó en este espacio el mito de Basajaun, hombre salvaje del País Vasco, se dijo que este personaje sobrenatural es muy peludo, de talla enorme, que posee fuerza y agilidad prodigiosas y que habita en las cuevas de los parajes locales. Sin embargo, faltó comentar que, por lo general, tiene una compañera llamada Basa Andere, que es de su misma naturaleza.

Soledad Aguirre Gil afirma que esta entidad femenina tiene un pelaje más fino y que siempre trata de seducir a los hombres que encuentra en el bosque. Se dice que ella es experta en las artes amatorias y dado que su apariencia es sumamente erótica ningún hombre se puede resistir. Desgraciada o afortunadamente, el hombre muere en el momento del orgasmo, debido a la intensidad del éxtasis.

El investigador Roger Bartra dice que, en los primeros siglos de esta era, los hombres de Europa central temían a unas mujeres salvajes que vivían en los bosques de los Alpes tiroleses y bávaros, en Alemania. Nadie quería encontrarse con Fankke, ogresa velluda con unos senos tan grandes y largos que los podía llevar sobre sus hombros. Este ser tomaba la apariencia de una hermosa joven para atraer a sus víctimas, que, una vez atrapadas, descubrían que habían caído en los brazos de una hembra peluda dotada de una fuerza brutal.

Por su parte, el famoso mitólogo Joseph Campbell reportó que, entre los campesinos rusos, se sabe de unas mujeres salvajes, las cuales tienen su guarida en las cavernas de la montaña, amamantan a sus hijos y cuidan de sus hogares como los seres humanos. Se les ve como unas mujeres hermosas pero con cuerpos muy velludos. Sus pechos son muy grandes y por eso cuando corren se los echan sobre los hombros.

Ellas se desplazan en grupos pequeños, buscan raíces en el bosque para preparar ungüentos que, cuando se los aplican, se vuelven invisibles. Si encuentran algún hombre en el bosque lo incitan a bailar y luego le hacen cosquillas a tal grado que el individuo muere por la excitación.

Por otra parte, si la gente las alimenta, ellas recogen el grano, cuidan de los niños y arreglan la casa. Estas salvajes rusas gustan de los amantes humanos, frecuentemente se casan con jóvenes del campo y se dice que son excelentes esposas. Pero si el esposo la ofendiera, aunque sea en grado mínimo, ella se marcharía de inmediato.

El mito de las mujeres salvajes también está en Centroamérica, como lo señala Charles Wisdom al referirse a las sisimites de Guatemala, quienes raptan a los hombres cuando los encuentran en la selva para tener relaciones sexuales con ellos. En México también se han encontrado versiones de mujeres salvajes que llevan a los hombres a sus cuevas para hacer lo mismo que sus congéneres de Europa.