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Según la tradición de los taínos, nativos que habitaron Cuba y las demás Antillas, en los tiempos primigenios del mundo, apareció el primer cemí llamado Yayael. Fue engendrado por el dios Yaya y la Madre Tierra.

Al crecer, se rebeló contra su padre, quien terminó matándolo y guardó su cadáver en una calabaza. Un día su madre quiso ver sus huesos y rompió la calabaza. Entonces salió abundante agua de ella y se crearon el mar, los peces y los cuatro gemelos cemíes. Con el paso del tiempo brotaron más cemíes y llegaron a ser los seres vivos más numerosos en el mundo. Así lo afirmó María García Esperón en su obra.

Los cemíes se reprodujeron así: cuando un hombre o mujer encontraba un árbol que se cimbraba desde la raíz sin que soplara el viento, sospechaba que se trataba de un cemí. Entonces la persona iba por un behique o médico hechicero.

Éste se comunicaba con el árbol a través de un ritual y le preguntaba qué deseaba que hiciera con él. Enterado de su deseo, el behique tallaba el árbol hasta dar forma a un nuevo cemí. Después se le construía una choza y la población le tributaba su reverencia. A cambio, el cemí daba a todos buenos consejos para vivir en armonía.

Cierto día los cuatro gemelos cemíes acordaron robar el fuego a Bayamanaco, quien era el primer behique y guardián de dicho elemento. Junto con el fuego atesoraba el secreto de la elaboración del cazabe o pan de yuca, alimento de vital importancia para los taínos. Bayamanaco poseía también el conocimiento oculto del rito de la cohoba. Este rito consistía en aspirar un polvo elaborado con la semilla de un árbol, que también era un cemí. La aspiración se realizaba a través de una pipa y Bayamanaco tenía visiones de la creación del mundo, de los misterios de la vida, de la muerte y el arte de curar todas las enfermedades.

Los hermanos cemíes encabezados por el que se llamaba Deminán Caracaracol, le robaron el fuego a Bayamanaco y éste, enfurecido, lanzó un enorme escupitajo que atinó en la espalda de Deminán.

Allí donde cayó la saliva de inmediato se le formó una joroba y no paraba de crecer. Cuando quisieron huir, Deminán no pudo, pues la joroba era pesada y a cada momento aumentaba su peso.

Los cuatro hermanos se retiraron a una cueva a discutir cómo ayudar a Caracaracol. Acordaron que lo mejor sería cortarle la joroba con un hacha. Así lo hicieron y grande fue su asombro cuando al desprender la joroba apareció una hermosa tortuga llamada Caguama. Los gemelos cuidaron de la tortuga, la alimentaron y le construyeron una morada. Tiempo después, la asombrosa tortuga Caguama fue la madre de todos los seres humanos que poblaron las islas del Caribe.