14 de Noviembre de 2019

Opinion

Impacto social y Tren Maya

El Poder de la pluma

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En agosto de 2018, un grupo de empresarios yucatecos le pidió al entonces presidente electo, López Obrador, que Yucatán fuera incluido en la ruta del Tren Maya, petición que fue acompañada por las autoridades salientes y entrantes del gobierno del Estado.

En abril de este año, el Fonatur y la UNAM firmaron convenio para que la Universidad genere indicadores económicos, antropológicos, sociales y los relacionados con los derechos de las comunidades; se tiene previsto que los estudios se realicen al inicio del proyecto, un año después y en otras fases.

En México, para proyectos de esta envergadura, no están considerados los estudios de impacto social, solamente son requeridos en los casos de energía -petróleo y electricidad-, y esto para cumplir requerimientos impuestos por la National Environmental Policy Act de 1969 en Estados Unidos, como complemento de los estudios de impacto ambiental en los años 70 del siglo XX.

Este tipo de estudios son la línea base para que la operación de los proyectos tenga la visión de sostenibilidad, y existen diversas lecturas en el énfasis de sus conclusiones, que dependen de los intereses de los grupos afectados o beneficiados.
Por inversión sostenible se entiende la capacidad de que continúe generando beneficios y que las siguientes generaciones también estén consideradas, de manera positiva, en el ciclo de vida del proyecto.

La sostenibilidad es una condición fundamental en el diseño y evaluación de proyectos, no obstante, también es el ídem que frecuentemente recibe menor atención, debido, en parte, a la complejidad de predecir el futuro y determinar si la inversión será sostenible a largo plazo, más aún, si es fondeada con recursos públicos, y está sujeta a subjetividad política.

Muchas veces se observan infraestructuras abandonadas, escuelas vacías y maquinarias olvidadas, incluso “ciudades fantasma”, que representan inversiones insostenibles. Sus dueños, beneficiarios y habitantes las abandonaron por alguna razón, muchas veces no financiera.

Una inversión rentable de turismo de naturaleza fracasará si se agotan los recursos naturales o daña el ecosistema; de manera similar, otra de etnoturismo, si se destruye el tejido social que patrocina y/o soporta su operación -a nadie le interesará visitar comunidades indígenas, si ya mutaron en ghettos transculturizados, producto de la agresión del capitalismo salvaje-.

Además, existen experiencias que dictan ciertos efectos negativos a considerar, tales como: incompatibilidad con otras actividades; inflación al inicio de actividades; estacionalidad laboral; dependencia hacia el sector; especulación; atracción a la zona de grupos delincuenciales por la demanda de drogas y prostitución ante el comportamiento hedonista propio de la actividad.

La rentabilidad no garantiza la sostenibilidad, un proyecto mal operado o no sostenible fracasará, no importará en lo absoluto la rentabilidad de la inversión.

¿Las autoridades locales dispondrán de estudios de impacto social para la generación de políticas públicas de mitigación? ¡Para defender a sus ciudadanos en las negociaciones!

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