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El vehículo de pasajeros de cualquier tipo es la solución para los problemas de movilidad en las ciudades; con el uso generalizado de éstos, se han configurado sistemas de transporte particular y transporte público, éste últi­mo diversificado en transporte de taxis y transporte público masivo.

Esta situación ha ocasionado otro tipo de difi­cultades y conflictos en las sociedades: pérdida de divisas por importación de gasolinas y tecnología, ruido, contaminación, discriminación por estratifi­cación económica en algunas ciudades, etc.

Las políticas públicas aplicadas por los departa­mentos especializados de los países desarrollados en este ítem tienen por objetivo reducir el uso del transporte particular y promover el transporte pú­blico para largas distancias, y para las cortas, el uso de la bicicleta y la caminata.

Tal vez un vendedor de medicinas, un reportero, un ingeniero en obra, un repartidor de comida, un policía, etc. requieran automóvil para moverse, pero un estudiante, un médico, un contador, una maestra, un burócrata, un escritor de columnas, etc., quienes toda la jornada están en un mismo espacio, es muy probable que no lo necesiten y que el uso diario solamente provoque tráfico indeseado; lo que sí puedo decir es que para escribir una columna son suficientes una laptop y una cerveza, todo lo demás es lujo innecesario (en algunos casos, la laptop se cambia por una pluma, pero sustituir la cerveza…).

Por ahora, sería impensable pedirle a la clase media que abandone el uso del vehículo particular si no existe un servicio de transporte público de calidad.

Por otro lado, estudios realizados en algunas uni­versidades han sido retomados con seriedad y se ha operado desde hace algunas décadas el concepto de Transporte Publico Gratuito (TPG).

En este contexto, Kansas City es la última ciudad estadounidense que se agrega a la lista de urbes que ofrecen TPG a sus ciudadanos; en el mundo suman aproximadamente 150 ciudades que ofrecen el ser­vicio a diferentes niveles de gratuidad: 85 europeas, 15 brasileñas, algunas chinas y 40 estadounidenses.

Las ventajas que ofrece el TPG: 1) menor conta­minación en las ciudades; 2) menor ruido; 3) menor congestionamiento de tránsito; 4) extraordinarios ahorros a la economía nacional; 5) ahorro de tiempo; 6) redistribución del ingreso; 7) integración, rompi­miento de barreras y prácticas discriminatorias hacia diferentes sectores de la sociedad, simplemente por su aspecto y colonia donde viven (los fifis se volverán un poco populares, aprenderán a decir “hazte a un lado ija, voy a bajar” y los chairos dirán “ni pex bro, ya me dejó el bus”).

Reflexión:

Los ciudadanos “de a pie” y que solamente usan el transporte público subsidian a los propietarios de vehículos al pagar impuestos, que se destinan a la pavimentación de calles y alumbrado público; quienes lo disfrutan de manera gratuita son los propietarios de autos. Entonces, ¿por qué no los usuarios del transporte particular subsidian a los usuarios del transporte público a través de un modelo de servicio gratuito?