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Hace exactamente un año, el 9 de septiembre de 2019, publiqué en las páginas de Novedades Yucatán una columna titulada “El hombre de la noche”, en ella narré la manera en que conocí a Porfirio Alejandro Muñoz Ledo y Lazo de la Vega, en un evento de la Facultad de Economía de la UNAM -mi alma mater-, su capacidad de retórica y su manejo de las situaciones difíciles; ahí mismo expresé cómo había despedazado el sexto informe de Miguel de la Madrid, en 1988; centré mi tema en su salida como presidente de la Cámara de Diputados, y tal vez, el sinsabor que le quedó por la probable traición que sufrió y la indigna exposición a la que fue sujeto, cuando, al parecer, fue abanicado para reelegirse como presidente de la misma y luego “invitado” a bajarse.

Todos recordamos esos aplausos con que fue despedido por sus correligionarios y adversarios, incluso cuando René Juárez Cisneros, coordinador de la bancada del PRI, expresó: “A nombre de mi grupo, nunca ha estado en duda su respetabilidad; ésta no fue una discusión de nombre ni de hombre, quiero reiterar nuestro respeto por tu congruencia y amor por México”; también destacó la despedida del líder panista Juan Carlos Romero Hicks cuando dijo: “Don Porfirio, para una razón de Estado, un hombre de Estado; quiero subrayar mi admiración, mi afecto y mi gratitud a la persona de Porfirio Muñoz Ledo. Desde hace muchos años hemos compartido causas”. Así fue el ambiente final de aquel episodio que concentró la atención de la clase política en ese no tan lejano agosto de 2019.

Un año después, Muñoz Ledo, al que considero un monstruo de la política, está de regreso; ahora nos sorprende con su anuncio de contender por la presidencia nacional de Morena, que de lograrlo haría historia, sería el primer mexicano en presidir tres partidos políticos -de los de verdad, no de esos partiditos solubles en agua- y en dos de ellos durante el ejercicio del Poder Ejecutivo federal. De todos los contendientes para ese cargo, ninguno presenta las credenciales, ni el prestigio político que ofrece Porfirio Muñoz Ledo; en una encuesta abierta a la ciudadanía en general será muy difícil no considerar un triunfo contundente de este Leviatán del imaginario.

Muy lejos están los días del año 1999, cuando en el interior del PRD, a Muñoz Ledo le era ofrecida la candidatura a la jefatura de gobierno del Distrito Federal como premio de consolación, por su enojo ante lo que consideraba un agandalle del líder moral de aquel entonces -Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano- de tener siempre al partido a su disposición para su postulación a la Presidencia de la república, misma a la que también aspiraba el monstruo; su negativa y su disgusto ante esa propuesta abrieron las puertas para que surgiera un nuevo candidato para ese cargo y ganara la elección quien después se convertiría en el ícono de las izquierdas y hoy es presidente la república.