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A partir del 1 de octubre veremos de forma generalizada un nuevo etiquetado frontal en todos los productos industrializados, esto es resultado de años de trabajo por parte de profesionales de la nutrición y la salud pública. Este etiquetado constará de cinco sellos de advertencia cuando un producto tenga exceso de calorías, grasas saturadas, grasas trans, sodio y/o azúcares, además contarán con leyendas precautorias en caso de que el producto tenga cafeína para evitar que niños y niñas lo consuman. En la tabla nutrimental se podrán verificar la cantidad de azúcares que no son propios del producto -azúcares añadidos-, esto permitirá comparar aquellos artículos en cuyo proceso de producción se les agregó más azúcar; ahora ya no habrá más diferenciación en las porciones de los alimentos entre productos y así se evitará que se tergiverse la etiqueta del alimento.

Por otro lado, se regula el uso de avales de asociaciones civiles, cuando los productos tengan al menos un sello, esto para no confundir sobre los beneficios de un alimento potencialmente no tan saludable; se eliminan los elementos persuasivos como personas famosas, dibujos animados u otros signos llamativos. Todos los productos deben acatar esta medida, sin importar el tamaño de su presentación.

Es importante saber que esta estrategia tiene un objetivo muy específico, y es la prevención de las enfermedades crónicas no transmisibles, como el exceso de peso, la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial y algunos tipos de cáncer, entre otros.

Esto es una obligación del Estado que había decidido omitir a lo largo de muchas décadas, pero que es una demanda por garantizar los derechos humanos, en específico el derecho a la alimentación, pues es un derecho inalienable poder identificar si un producto con un perfil nutricional es perjudicial o no a simple vista, sin tener que invertir demasiada cantidad de tiempo o esfuerzo cognitivo para decidir si comprar uno u otro.

Hay millones de mexicanos que ya están educados en temas de alimentación y nutrición, y a los cuales este sistema de etiquetado más claro les ayuda a facilitar la toma de decisiones informadas y proporciona un esquema de igualdad en el acceso a la información relevante para la salud, incluso para aquellos quienes no han recibido una información formal al respecto, buscando que se desaliente el consumo excesivo.

Por supuesto que es esperado que exista un grupo de consumidores y de empresas que sean reacias a seguir este nuevo etiquetado nutrimental; para los primeros es preciso recordar que la población adulta tiene derecho a decidir libremente lo que quiere o no quiere consumir, y que el Estado sólo le aporta las herramientas para tomar una mejor decisión, para los segundos la obligación ya está establecida y aunque llegue una lluvia de amparos es mejor invertir en mejorar sus productos antes que los bolsillos de sus abogados.