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Esta semana entendí que lo peor de las redes sociales no son los mensajes que llevan y traen información falsa, sino los humanos que, sin el menor sentido común, la replicamos.

Las estadísticas indican que pareciera que como automovilistas sin responsabilidad causamos más temores que cualquier enfermedad. He visto en decenas de ocasiones un video de un doctor (así se asume) que habla de hospitales que sí practican la prueba del Covid-19 así como de lugares donde hay forma de estar seguros o descartar que se padece algún mal, otro audio que también viaja en el Whatsapp es de otro médico que manifiesta que nada pasa y, así, muchas historias.

La Organización Mundial de la Salud asegura que tomarse selfies, llamar y enviar mensajes por celular mientras se maneja aumenta cuatro veces la probabilidad de sufrir accidentes que cada año provocan la muerte a un millón 350 mil personas en el mundo. De este tamaño o quizá mayor es lo que imitamos todos los días sin miramiento alguno. Entonces, ¿cuál es la diferencia de lo que provoca una enfermedad?

Simplemente entendí que le tenemos miedo a las palabras. Desaparecido, ansiedad, apocalipsis, testamento, cáncer, China, Italia, ciudad, contacto, contagio, cuarentena, diagnóstico y muerte.

Digo que hay temor porque veo cómo llegan enfurecidos compradores a las tiendas para acumular papel de baño en sus carritos sin entender el sentido. Por lo menos eso me pasa a mí. Pensaría en comprar jabón en cualquiera de sus presentaciones, quizá gel para las manos, toallas húmedas, pero no la cantidad de papel sanitario de va y viene.

Así, volviendo a las palabras, coronavirus se mezcla con varios temas. El primero es creer que es un asunto de término de ciclo, otro de quienes sospechan que detrás de este panorama mundial hay una mente enfermiza tratando de provocar el pánico que olvide algún otro tema peor, alguno más que comenta que el virus fue inventado para acabar con la población que tiene una enfermedad crónica o ya pasó de los 60 años, así como otras decenas de versiones de una historia que tendría que tener menos explicaciones y más cuidados.

Otro asunto que tiene más vibra positiva es la otra realidad de quienes hacen bromas de muchas de las situaciones que vivimos como efecto de la pandemia, como con quién pasar la cuarentena, buscar amigas para beber o jóvenes bellos entretenidos, también los italianos que desde sus apartamentos comparten música en vivo, aplausos y más.

La palabra alarma, hablando de los miedos que provoca, es la que menos deberíamos utilizar. Yo prefiero: lavar, manos, cuidados, prudencia, familia, amigos, risa. Otra forma de mantenerte lejos cualquier enfermedad.

Yo hoy aprovecho que es lunes para buscar otros que como yo prefieren tomar precauciones para manejar su auto y su celular. ¡Qué sea feliz!