17 de Agosto de 2019

Opinion

Entre basura y cucarachas

El poder de la pluma

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Cinco cucarachas encontraron la muerte en mis manos. Me tocó sacar el agua del porche de la casa, y con ella la basura que la lluvia hizo flotar desde la calle y empujó al interior de mi hogar, en una invasión que incluyó esos desagradables insectos.

Ese efecto de reciente, fuerte lluvia me hizo pensar en lo que va a pasar con la nueva ley que impulsa el gobierno estatal para prohibir el uso inadecuado y tan común de bolsas de plástico, popotes y otros objetos que ensucian el ambiente. Parece positiva a primera vista, y hay que tomar en cuenta que a la hora de formular el texto para entregarlo al Congreso el jefe del Ejecutivo pidió cuidar, según declaró una de sus altas funcionarias, que no se generen situaciones que afecten el desarrollo comercial y empresarial en general de los yucatecos. A nosotros, sin embargo, nos hace mucho ruido el proyecto, sobre todo al verlo a la luz de anteriores iniciativas.

En ésta que es la casa de usted, mi diligente esposa todavía tiene la costumbre de comprar bolsas verdes y anaranjadas para separar la basura en orgánica e inorgánica, y la del baño la pone también en bolsa aparte. Eso es lo que nos pidieron a todos las autoridades municipales hace varios años, para que con esa separación cooperáramos a fin de mantener a Mérida lo más limpia posible, pero ¿cuántas personas calcula usted que se unieron al proyecto? Nosotros no lo sabemos, pero estamos casi seguros de que son muy pocas.

El meollo del asunto de la limpieza de la ciudad es la educación de sus propios habitantes; si ellos, si nosotros todos cooperáramos, Mérida no estaría como está ahora, con prácticamente todas sus calles llenas de desperdicios que a la hora de la lluvia van a parar a las alcantarillas y pozos recolectores de aguas pluviales, obstruyéndolos en muchos casos.

Perdone usted si le incomodo, pero creo que somos muchos los que pensamos que separar la basura y hacer correcto uso de las bolsas plásticas no es cuestión de leyes –aunque éstas deberían ayudar–, sino de educación, pero lamentablemente ¿cuántos padres y madres educan adecuadamente a sus hijos en este aspecto?

A la buena intención de la ley que se prepara tendría que sumarse la decisión de las autoridades de los tres niveles de asumir el costo político que tendría imponer costumbres o normas de saneamiento ambiental –y sanciones– a los malos ciudadanos que tiran basura en cualquier lugar. Pero si en vez de asumir esa posición se ponen condescendientes con tal de no perder votos, otra vez no pasará nada.

Y, por cierto, parece ocasión propicia para preguntar dónde quedó aquel proyecto estatal de hacer rellenos sanitarios correctamente construidos que sirvan para procesar los desperdicios de grupos de municipios. Hasta ahora la basura sigue infectando las calles y los costados de carreteras en todo el interior del estado. Nos atañe a todos, ¿verdad?

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