19 de Octubre de 2019

Opinion

Burócratas ricos y asalariados pobres

El Poder de la pluma

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En las últimas semanas el salario que ganan los burócratas, sobre todo los de alto nivel, ha sido tema central en medios de comunicación y conversaciones privadas.

La intención del presidente Andrés López de aplicar la Constitución en cuanto a que ningún “servidor público” debe ganar más que el jefe del Ejecutivo federal ha generado una polvareda, quejas, amenazas e incluso solicitudes de amparo legal.

Entre los primeros que se han declarado inconformes por la intención del tabasqueño están, como usted ya sabe, los magistrados de la Suprema Corte de Justicia.

El propósito de reducir los jugosos salarios y prebendas adicionales que disfrutan miles de burócratas es bien visto por el pueblo llano, que tiene que vivir en muchos casos con un salario de $800 semanales, mientras que un ministro de la SCJ se despacha con más de 200 mil pesos mensuales. Si parece justo reducir la brecha entre los que ganan menos y los que perciben más, ¿por qué hay tanta resistencia contra los ajustes que quiere López Obrador?

Desde siempre los cargos públicos han sido vistos en nuestro país como un botín, un anhelo, una recompensa para quien sin escrúpulo es capaz de apropiarse de cualquier manera del dinero que, como es de todos, por ende no es de nadie.

En la persecución de esos puestos bien pagados se recurre a toda clase de artimañas, ilegalidades e incluso asesinatos.

Muchos mexicanos tienen tan metido en el cerebro que el dinero del gobierno es un botín que solo espera que alguien con suficiente “inteligencia” y sin moral le meta mano, que les parece una barbaridad que alguien quiera cerrar la puerta al desvío de esos fondos.

Cuando Andrés López habla de reducir salarios y “lujos” en el gobierno federal, miles de burócratas ven esa intención como una afrenta. El robo del dinero público está tan arraigado en la cultura burocrática, que ir contra esa costumbre golpea a muchísima gente.

Los salarios de gobernantes ricos en medio de un pueblo pobre no son lo único que está mal en la estructura compleja de los tres niveles de gobierno. Hay tantas cosas tan mal estructuradas en el ejercicio del poder, que cualquier intento de reforma o de corrección agita las aguas de la burocracia y genera viva inconformidad.

Cada plan o programa que emprende el nuevo jefe del Ejecutivo en busca de corregir esas cosas que están mal genera resistencias que oscurecen la política nacional, y evidencia el grado en que la corrupción ha permeado en los tres niveles de gobierno y alcanzado de lleno a los ciudadanos.

En el proceso de renovación que acaba de vivir el Poder Judicial se vieron esfuerzos de los magistrados por allanarse a los planes de saneamiento burocrático que impulsa el presidente, pero falta mucho para lograr verdaderos avances.

Es imposible agotar este tema en tan poco espacio. Ya habrá oportunidad de tocarlo desde otros ángulos.

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