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El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se hace un recuento de los logros y de los retos para que la condición de las mujeres mejore día a día.

Este año fue muy particular a juzgar por los movimientos que se generaron, desde las invitaciones a las marchas para protestar por la creciente violencia el domingo, así como la invitación al paro de mujeres del 9 de marzo y en contraste el tener #UnDiaPorTodas, movimiento que también ha ido creciendo.

Si analizamos los eventos que se suscitaron el 8 y 9, la sociedad está polarizada, pues algunas personas veían con buenos ojos las propuestas y otras no, el sitio de coincidencia es la petición legítima de fin a la violencia que nos une a toda la población, pero dicha propuesta ha tenido sus asegunes, y es aquí donde se muestran las grandes diferencias de quienes salieron a la calle.

Se manifestaron mujeres de diferentes corrientes, algunas salieron sin identificarse a sí mismas con las olas feministas que convocaron a la marcha, salieron porque quieren vivir tranquilas y transitar libres, sin acoso y sin ser víctimas de ningún tipo de violencia; otras que se identifican con el feminismo salieron por ser solidarias con otra mujeres que han sufrido violencia, y un grupo feminista más radical ha estado pidiendo con insistencia no solo que se acabe la violencia feminicida, sino también consideran que al no tener leyes que aprueben el aborto también se ejerce violencia contra la mujer.

¿Es lícito pedir el fin de la violencia ejerciendo violencia y comportándose del mismo modo que detestan? ¿Por qué se excluyó a los hombres que también se quisieron solidarizar? ¿Dónde quedó la mujer, feliz de ser mujer? ¿Por qué no se habla de los movimientos que exaltan la femineidad en todo lo que ello representa?

Los movimientos radicales no representan a la mayoría de mujeres que vivimos en México, somos muchas que día a día luchamos por nuestras familias, que buscamos que nuestros hijos tengan más confianza en el futuro, que con nuestro ejemplo de trabajo puedan ver que es posible salir adelante en medio de los numerosos conflictos que se nos presentan, pero que ante todo conseguir tener a la familia unida es el mayor de los desafíos que hoy tenemos en esta sociedad que está tan confundida.

Nuestra mayor esperanza son nuestros hijos, nuestros mejores aliados son los maridos, ya que sin ellos la tarea se torna más difícil, nuestros hijos necesitan tanto de su mamá como de su papá.

Ambos nos complementamos, la mujer tiene atributos que la hacen capaz de emprender hazañas insospechadas cuando de sacar adelante a sus hijos se trata, y esto nos lo han demostrado muchas mujeres solas que la han tenido más difícil sin un compañero que las apoye; ¿y qué decir de aquellas que tienen un hijo con alguna discapacidad?, son las promotoras más grandes para ayudar a otros, nuestros hijos son un poderoso motor que nos da la fuerza más potente pues se nutre del amor.

La mujer pone el toque de sensibilidad cuando más falta hace en donde quiera que esté, y es experta en ejecutar distintos roles, puede hacerse presente de uno y otro modo en la escuela, el trabajo, la casa, etc.

Una sociedad que nos divida a hombres y mujeres no conduce a la paz, es mejor tratar de identificar las áreas de oportunidad para la mejor convivencia. Para muchas mujeres la felicidad está en la plena armonía con el otro, en aquel que elegimos para compartir nuestra vida y formar una familia. El varón y la mujer debemos caminar juntos para construir la paz, y el gobierno respaldar a la familia, solo así cesará la violencia.